lunes, 22 de agosto de 2016

La traición del neofeminismo




1953. Marilyn Monroe en portada del PlayBoy



Hubo un tiempo en que en Occidente se consideraba pernicioso la exposición de la piel femenina a los ojos de los hombres. Toda mujer que se preciara de ser decente y honrada debía tener bien oculta sus formas y proporciones. En Estados Unidos, cuna del puritanismo –y también del feminismo de la mal llamada Primera Ola- había señores que recorrían las playas con una cinta métrica para medir el traje de baño de las mujeres para comprobar que se ajustaba a la legalidad. 






De repente, la diseñadora Mary Quant transgrede todas las normas al inventar una prenda revolucionaria; la minifalda. Sus primeras usuarias tuvieron que soportar que se las juzgara con implacabilidad por aquella transgresión de las normal morales que coartaban su libertad. Una mujer que enseñaba su cuerpo era una casquivana, indecente, provocadora, que en muchos casos solía acabar encontrando un final trágico en una cuneta porque, sin duda, se lo había buscado. 






Entonces, Bridget Bardot deslumbró en 1953 las playas de Cannes con un diminuto bikini –para la época- y Rita Hayworth y Ava Gardner la imitaron. La revista Playboy –censurada por el feminismo actual por pertenecer a esa malvada industria que cosifica y sexualiza a la mujer- también contribuyó decisivamente en la normalización de este traje de baño, que ahora usa la amplia mayoría de las mujeres occidentales. 






Oriente Medio también tuvo su cruzada contra las restricciones de vestimenta, aunque la mentalidad fundamentalista de sus pobladores llevó al fanático sector de la moral a ganar aquella “guerra del puritanismo”. Las mujeres iraníes y afganas de los sesenta lucían las mismas minifaldas que las sofisticadas chicas francesas. Luego llegaron los Jomeini, los talibanes, los rígidos observadores de la fe para cubrir con sus hiyab, niqab, chador y burkas a las mujeres. 






¿Y cuál es la reacción del feminismo y la progresía? Defender a ultranza el uso del velo como símbolo de libertad de la mujer para “elegir”, animando incluso a las mujeres occidentales –como hizo ElDiario.es- a bañarse en “burkini” para luchar contra las “reacciones islamófobas” del etnocentrismo europeo. Mujeres españolas conversas, como Laure Quiroga o Amanda Figueras, se ponen el velo y proclaman un “feminismo islamista” o “femislamismo”. Y ese mismo feminismo que asegura que el uso del velo es por completo voluntario dice que el uso de tacones y minifaldas son imposiciones de esa terrible cultura europea. 

Una de las reacciones del neofeminismo imperante ante la cuestión de la prohibición del velo es que obligar a la mujer a mostrar su cuerpo es tan malo y liberticida como obligar a ocultarlo. Una falacia del hombre de paja de manual, pues prohibir el velo no tiene nada que ver con obligar a una mujer a llevar faldas cortas, escotes o vestidos ceñidos. En Occidente, la moda es amplia y toda mujer tiene a su disposición un amplio abanico de posibilidades. Hay mujeres que tapan su cuerpo con camisas de mangas largas de corte masculino que esconden sus formas, o pantalones de tejidos vaporosos que no se ciñen a sus caderas, y nadie cree que sean prendas “opresoras”. La cuestión no es que una mujer decida tapar su cuerpo, sino la razón por la que lo hace. 







¿Cuál es el significado del hiyab? Según la Wikipedia; 

El hiyab (pronunciado usualmente “jiyab”, en árabe: حجاب) es un velo que cubre la cabeza y el pecho, que suelen usarlo las mujeres musulmanas desde la edad de la pubertad, en presencia de varones adultos que no sean de su familia inmediata, como forma de atuendo modesto. […] El Corán advierte a las mujeres musulmanas a vestir modestamente y cubrir sus pechos y genitales. La mayoría de los sistemas jurídicos islámicos definen este tipo de vestimenta modesta como que cubra todo, excepto la cara y las manos en público. […]




El hiyab es visto por ciertos sectores feministas y progres como una prenda escogida voluntariamente por quienes la llevan, sin ningún tipo de presión social de sus respectivas comunidades, sin significación religiosa o ideológica alguna. Algo así como una simple moda o complemento. Ignoran (o quieren ignorar) el significado profundo (y misógino) de esta prenda, que sirve como prueba de modestia y decencia. Es decir, para las comunidades que la usan, el valor de una mujer depende de un trapo de lino o seda. 

Cuando la izquierda y la progresía defienden el uso del velo –o la cuestionable libertad de elección de quienes lo usan- el neofeminismo, en lugar de alienarse con la mujer, se volvió a aliar con los otros. No es la primera traición del neofeminismo hacia la mujer. Tampoco será la última. Hoy, el neofeminismo es Bruto empuñando la daga, Europa es el teatro de Pompeyo, y la mujer vuelve a encarnar el papel de un Julio César apuñalado por la espalda que se gira y dice, con voz quebrada; ¿tú también, hija mía?






1 comentario:

  1. Si bien entiendo lo que quieres decir, a la mayoría de las personas se la suda el "significado" de una prenda, al igual que de cualquier otra cosa (como el arte), y es simplemente una llamada a la censura.
    Hoy en día, la falda corta también es un símbolo de "misoginia" puesto que muestra las piernas y al Homis Machirulis Opresoris eso le pone. El bikini también podría ser un símbolo de "misoginia", etc. etc. etc.
    Detesto el islam, detesto cómo tratan a las mujeres esos monstruos degenerados, pero al igual que tu dices que la moda en el occidente es amplia y las mujeres pueden decidir si llevar una falda corta o un traje, el burqa, el hijab, o lo que coño sea el mes que viene debería de estar permitido, si tan solo por el hecho de algo que se llama libertad de expresión (aunque eso en Europa no se defiende en lo más mínimo) y libertad de culto (siendo esto que mientras tu idea de ser musulmán no tenga que ver con violar, tratar a la mujer como si no fuese nada o suicidarse explotando al grito de "ALAHU ACKBAR", puedes ser todo lo musulmán que quieras y seguir las costumbres siempre y cuando no las fuerces en los demás).
    El hecho de que no podamos criticar al Islam porque el feminismo a día de hoy está lleno de gilipollas con miedo a criticar lo obviamente retrógrado de una religión no implica que para apagar a estos gilipollas tengamos que atentar contra la libertad de las personas.

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