lunes, 30 de mayo de 2016

El regreso de la superheroína subvencionada





Debido al gran éxito de las primeras aventuras de Purple Witch en la pasada Comic-Con de San Diego, donde un fan triunfó entre los asistentes con un cosplay espectacular de la popular superheroína, la autora, Donatella Jiménez, ha anunciado una nueva aventura. En la misma Comic-Con, se anunció también que habrá un superhéroe desde el punto de vista marxista de la lucha de clases.



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viernes, 27 de mayo de 2016

El Mansplaining





El célebre psicoanalista Sigmund Freud dijo una vez “la humanidad ha progresado mucho; han quemado mis libros, pero en la Edad Media me habrían quemado a mí”. Sin embargo, cuando una bala rompía el cráneo y atravesaba la masa encefálica de Adolf Hitler, y las banderas soviéticas ondeaban sobre la Cancillería alemana, se iban destapando los horrores de los campos de la muerte, y los hornos de Auschwitz demostraban que Freud se había equivocado por completo. Auschwitz, y los gulags de Siberia, y la Birmania de los Jemeres Rojos, y la Ruanda de las milicias Interahamwe demostraron que la humanidad ha progresado muy poco desde la Edad Media. El mal, la intolerancia, y el fanatismo no desaparecen nunca del todo, sino que, cual Principio de la Ley de Conservación de la Energía, se transforma, adquieren otras apariencias y otros nombres, otros discursos y otros blancos en el que cebarse. 

Pero en el fondo es el mismo odio primigenio, que se pierde en la noche de los primeros tiempos, cuando un despreciable homo sapiens lanzó una piedra contra el prójimo, en el remoto valle del Kibish. Y aún resuenan los ecos de esa vieja piedra de mil nombres; esclavitud, machismo, Cruzadas, yihad, Santa Inquisición, nazismo, comunismo, y ahora, neofeminismo. 

Todos comienzan igual. Primero, la sensación –a veces real, otras fingidas- de que están siendo continuamente agredidos. Así, el inquisidor temía que la herejía pervirtiera y corrompiera el corazón de los hombres, y los nazis temían que los judíos malograran la raza aria y hundieran la nación alemana, y los comunistas temían la dictadura del capital… Después, al sentirse amenazados se veían legitimados a destruir aquello que le infundía miedo. A partir de ahí, poco a poco van escalando en odio, y la empatía hacia el grupo odiado se va rápidamente desvaneciéndose. Se les despoja de humanidad, de tal forma que no son vistos como seres pensantes y sintientes, sino como algo a extirpar. 

El feminismo actual, o neofeminismo, está en las puertas de la segunda fase. Ya se han convencido de que son víctimas de una superestructura social que denominan Patriarcado, y que está matando, violando, sometiendo, esclavizando y silenciando a la mujer. No importa que el feminismo jamás haya estado más subvencionado, y la violencia hacia la mujer más estudiada y visibilizada que nunca antes, y las leyes hayan inclinado su discriminación a favor de la mujer por vez primera en la Historia. No importa, porque una de las características que mejor definen al grupo “odiador” es la ausencia total de la menor reflexión intelectual y lógica. Así que superada la primera fase nos estamos viendo precipitados a la segunda; la deshumanización del grupo odiado. 

El primer paso de esta segunda fase es la de eliminar toda posibilidad de defensa. Como no pueden impedir que nos expresemos libremente –al menos, de momento- intentan reprimir nuestro derecho a defendernos mediante la dictadura del adjetivo. Mientras las neofeministas y sus asociaciones subvencionadas se permiten llamar al hombre “colectivo opresor” y lanzan afirmaciones tales como que somos maltratadores y violadores potenciales, el mero hecho de que nosotros reaccionemos a esta devastadora campaña de deshumanización nos convierte ya en machistas. Se dicen unos a otros burlonamente notallmen (no todos los hombres) y nos tildan de ser unos déspotas crueles que nos aferramos a nuestros privilegios. Es decir, nos atacan por no querer aceptar que nos llamen maltratadores y violadores. 

Por supuesto, inventan toda serie de adjetivos, títulos y expresiones para censurarnos continuamente. En primer lugar, un hombre no puede opinar sobre feminismo. Cabría preguntarse por qué. ¿Acaso un hombre no está al mismo nivel intelectual que una mujer? ¿No puede leer, informarse, tener un juicio racional y crítico sobre el feminismo? Decir que un hombre no puede “dar lecciones” de feminismo a una mujer resulta tan sexista como afirmar que una mujer no puede dar lecciones a un hombre sobre motores de coches. 

La última expresión en extenderse entre estos grupúsculos de odio es un préstamo anglófono; el mansplaining. Oficialmente describe cuando un hombre explica en tono condescendiente algo a una mujer, dando por hecho que por su condición femenina no sabe del tema del que discuten, pero extraoficialmente no es otra cosa que el intento de censurar que un hombre opine y debata con total libertad sobre alguna cuestión, generalmente referente al feminismo. Mi recomendación personal; no se callen jamás, por más que os acusen de mansplaining, u os llamen machistas, llorones o notallmen. Es un llamamiento a la desobediencia civil ante la dictadura del adjetivo.





lunes, 23 de mayo de 2016

Las cinco peores cuentas de Twitter






A continuación, os dejo una breve guía, un callejero para moverse por el enmarañado mundo de Twitter. De la misma manera que Teseo se previno de entrar en el laberinto de Creta con su ovillo de hilo para no perderse por sus infinitas galerías, también vosotros necesitaréis esta brújula para saber cuáles son las mejores/peores cuentas de esta red social. 



Izquierda Unida



Lo mejor de esta cuenta es que no es un fake (es decir, un perfil de Twitter que parodia a otra persona o institución) sino que es la cuenta real de la organización política Izquierda Unida. Sí, hay un partido político que se llama Izquierda Unida, aunque haya recibido menos votos que Barei en Eurovisión. De entrada podríamos cuestionar el mismo nombre de la formación (Izquierda Unida) como si los socialistas hubieran estado alguna vez unidos; vete de cañas con tres comunistas, y antes de pagar la cuenta están divididos en tres facciones diferentes de comunistas y se están dando hostias. 

Pero no hablaremos del partido en sí en este artículo, si no de su nefasto community manager (persona encargada de sus perfiles en redes) y desde aquí debemos agradecerles el esfuerzo por encontrar a la persona más intelectualmente asintomática de este país -que ya es pródiga en este tipo de sujetos-. Los esfuerzos por parecer gracioso son tiernamente patéticos, despertando nuestra empatía –concretamente nuestra vergüenza ajena-. No debemos ser, no obstante, injustos, porque el community manager de Izquierda Unida ha conseguido algo meritorio; tener más followers y retuitéos que votantes tiene el partido. 




Gerardo Tecé 



Uno de los pesos pesados de Twitter. Más de 40 K de tweets con chistes sobre la corrupción del PP, la corrupción del PP y, aparte de todo eso, la corrupción del PP. Usando la fina ironía de Callou, y con una amplísima variedad de siete chistes que va reciclando en un continium temporal perpetuo, Gerardo Tecé empieza a ser predecible. De hecho, leyendo sus últimos veinte tweets es como si lo siguieras desde 2009. 






Subversivos 



Comunista de Twitter, se define como rojo, feminista y atea. Y no, no es una errata. En su bio (información sobre el perfil) se describe con adjetivos en masculino y femenino indistintamente, por lo que no podemos descartar que sea un “gender fluid”. Lo que sí podemos descartar es que sea inteligente. Si la ironía de Gerardo Tecé era de un nivel intelectual cercano a Callou, el de Subversivos alcanza el nivel de las anémonas de mar, en una involución intelectiva inédita en las teorías evolutivas de Darwin. Siendo comunista hemos de reconocerle su mérito; no, no ha conseguido agitar las masas en una revolución proletaria, pero sí ha conseguido la distribución igualitaria de la vergüenza ajena entre toda la comunidad twittera. 




Barbijaputa 



Qué podemos decir de Barbijaputa que no hayamos dicho ya. Perfil llevado por la becaria de Nacho Escolar, director del panfleto propagandístico ElDiario.es. Máxima exponente del femimarxismo twittero, carente de la intelectualidad que tuvo el movimiento otrora, y repleta de dogmas, consignas desprovistas de la más mínima reflexión intelectual o filosófica y axiomas absurdos. 




El Profe Rojo (Je Suis Yemen) 



Personajillo siniestro con redondas gafas trostkistas. Profesor de la enseñanza secundaria obligatoria, le hemos visto en vídeos agitando con pasión masas de chavales que se descojonan literalmente de él. Aunque hable de matar y quemar a policías, NO es una cuenta fake. Tampoco creo que haya que tomarse muy a pecho sus tweets, teniendo en cuenta que, muy probablemente, sea legalmente inimputable…






viernes, 20 de mayo de 2016

Cuando la eugenesia ataca a la paternidad


Anna Gabriel, diputada del parlamento de Cataluña


La paternidad se ha convertido en el objeto de una batería de ataques irracionales por parte de algunas formaciones políticas. No es un fenómeno reciente, desde luego, pero la última agresión ha venido por parte de una diputada de la CUP, y defendida entre otros por Arnaldo Otegi. Anna Gabriel –que además es educadora social- afirma que la institución familiar es obsoleta y pobre, y que lo más enriquecedor es la paternidad colectiva. La obsesión por abolir la propiedad privada de estos nostálgicos del totalitarismo comunista les lleva a estatalizar incluso a los hijos, oye. “Los hijos deberían ser educados en comunidad, por todos" asegura Gabriel, y pone como ejemplos diversas tribus indígenas, cuyo nivel de desarrollo cultural y social está, por cierto, muy lejos de las sociedades nórdicas a donde deberíamos mirar. Un ejemplo más de las nefastas referencias de los representantes de este espectro ideológico. ¿Por qué íbamos a copiar medidas económicas de Finlandia si podemos importar el populismo bolivariano? En lugar de seguir el Norte lo hemos perdido por completo. Ahora, ¿por qué no copiar modelos de crianza de tribus de cazadores recolectores? 

Sin embargo, la concepción de la crianza colectiva que propone Anna Gabriel no es original, y tenemos que remontarnos a una sociedad no demasiado idílica para encontrar otro gobierno que propuso este modelo de crianza colectiva. Hablo del programa Lebensborn puesto en marcha por uno de los personajes más siniestros del siglo XX –centuria prolífica en personajes siniestros- Heinrich Himmler, Reichsführer de la SS. Niños estatalizados con la enfermiza idea de concebir una sociedad moldeada desde el principio por los nazis. Por suerte, el régimen de Adolf Hitler no duró lo suficiente para ver a esa generación de niños convertidos en adultos alienados y manipulados. 

La “experta” en “paternidades alternativas” Rosa Frasquet salió en defensa de Anna Gabriel, aduciendo que “esta idea se basa en la metáfora romántica de una tribu ideal, una sociedad primitiva pre-capitalista en la que todo se comparte y en la que es posible tejer unas redes de apoyo y cuidado. Porque para la crianza se necesitan manos dispuestas para educar y personas corresponsables, mientras que en nuestra sociedad individualista creemos que los hijos son sólo de los padres”. Viendo su declaración, podemos examinar las ideas subyacentes de tan “polémica” visión educativa. La sociedad capitalista como el enemigo a batir, mostrando la sociedad pre-capitalista como una utopía realizable, aunque para ello se haga necesario dinamitar la sociedad actual. Un ataque directo no sólo a la familia, sino a los derechos individuales, que tilda de egoísmo sobre la natural generosidad de las sociedades colectivizadas. 

Es decir, por un lado es un ataque frontal a la familia, el más poderoso e influyente grupo de pertenencia del individuo y, con toda seguridad, el más importante como vehículo transmisor de valores, con el claro objetivo de conseguir el “hombre en blanco”, moldeable, sueño irrealizado de todo autoritarismo. Por otro lado, anteponer las presuntas virtudes de lo colectivo ante el supuesto egoísmo de los derechos y libertades individuales. ¿Por qué esto último? Porque con el pretexto del bien común –que no es otra cosa que los intereses concretos de los gobernantes- pueden limitar, y aun vulnerar, si se precisa, los derechos individuales, anular al ser humano, ovejizarlo. 

He de precisar que este artículo no es una defensa hacia un modelo concreto de familia –es decir, hombre y mujer-, pues he manifestado en muchas ocasiones que apoyo el derecho de adopción para parejas del mismo sexo, y prácticas como la maternidad subrogada o la inseminación in vitro. Es un artículo en defensa de la familia, conste de un padre, una madre, uno de cada o dos de ambos. El Estado ya nos ha quitado parte de nuestros derechos como padres y/o madres con tempranísima escolarización, jornadas laborales que convierten la conciliación familiar en una odisea y artificiales conflictos entre hombres y mujeres, no nos resignemos a que nos quiten lo más preciado.






lunes, 16 de mayo de 2016

El feminista Otegi







Arnaldo Otegi (me ahorro las preceptivas fórmulas de cortesía tales como estimado o admirado, acostumbradas en los textos epistolares, como una declaración de sinceridad por mi parte desde el principio), me parece estupendo que muestres tu solidaridad “anti-machista” ante ciertos comentarios recibidos por Anna Gabriel, diputada de la CUP, ante una idea indecente –dicho sea de paso-, como es la estatización de los menores, al más puro estilo nacionalsocialista –si es que luego se enfadan cuando se les compara-. Pero hay otras violencias que nunca has condenado, y de algunas has sido directamente responsable, lo que hace que cuestione tu legitimidad moral para condenar públicamente según qué tipo de ataques. Condenas que sólo haces, por cierto, cuando quien sufre una determinada ofensa es un camarada de doctrina.

Ninguna de la ochocientas veintinueve personas que recibieron la “justicia proletaria” de ETA son camaradas, claro. Eran el enemigo de acuerdo a vuestra mentalidad totalitarista y liberticida. Decías con la boca pequeña y un afectado tono dulzón, en una reciente entrevista que más parecía un blanqueo de terrorista, que lamentabas mucho el dolor derramado durante décadas, pero no te creí. Y no fue porque seas Arnaldo Otegi, dos veces condenado por pertenencia a organización terrorista, porque sí creí ver arrepentimiento en Iñaki Rekarte o Yoyes, la etarra que terminó siendo una más de esas ochocientas veintinueve víctimas de ETA. No te creí porque no asumiste tu responsabilidad; no participé en el secuestro de Luis Abaitua ni en ningún otro acto terrorista, nunca milité en ETA durante la democracia (cuando te condenaron por hechos acontecidos en 1979), nunca fui un terrorista. No creo que lamentes de veras el dolor causado por ETA porque nunca lo has condenado públicamente. Y ni siquiera digo que tengas que hacerlo en el momento y en los términos en los que tus rivales políticos lo exijan, pero ya el hecho de anteponer la estrategia política por encima de la condena de cinco décadas de locura no te sitúa en una buena posición. No te creí cuando lamentabas el dolor causado porque lo justificabas continuamente, ¿acaso la izquierda no contempla la vía revolucionaria para conseguir sus propósitos? Otegi, ¿por qué queréis decir revolución cuando en realidad es imponer unas ideas con balas en lugar de razones, metralla en vez de convicciones, amenazas en vez de argumentos? 

Viendo que el dolor humano no parece obrar reacción genuina en ti, ¿qué tal si analizamos el fenómeno ETA desde un punto de vista puramente táctico, obviando las lágrimas y la impotencia, la pérdida, los crespones negros y los más de trescientos crímenes que, aún hoy, no han tenido justicia? Desde un punto de vista táctico ETA ha sido un enorme fracaso. La realidad objetiva es que cincuenta años y más de ochocientos muertos después el País Vasco no está más cerca de su independencia que aquel año de 1959 en el que un grupo de estudiantes engendró esta bestia. La realidad objetiva es que ETA es considerada una organización criminal no sólo por el Estado español, sino por Naciones Unidas, la Unión Europea, Estados Unidos, Amnistía Internacional y prácticamente todos los países y organizaciones políticas o de derechos humanos del planeta. La historia de ETA, además de ser la de un horror sin nombre, es la de un fracaso vergonzante. Sí, es cierto que algunos militantes o ex-militantes ocupan cargos públicos en Euskadi, pero dudo muchísimo que tú, o cualquiera de los que hayan integrado en algún momento ETA, o que haya sentido filia por ella, puede sentir que haya ganado algo, salvo el mezquino triunfo de haber causado dolor a sus odiados “enemigos”. 

Eres un fracasado, que representa una ideología fracasada. Unas ideas que sólo han causado muerte y miseria en todos los países que han tenido el infortunio de sufrirlas. Una ideología nostálgica del absolutismo, la prédica de la intolerancia de las ideas, el pensamiento único, la muerte de la creatividad y la diversidad, la miseria moral y la envidia. Y aun así estáis auto-investidos de una moral superior que os permite ver la paja ajena en lugar de la sangrienta viga que tenéis en el vuestro. 

En la actualidad, estamos asistiendo in situ a un proceso de blanqueo terrorista desde la izquierda, maniobra clásica para quienes tenemos memoria histórica –lo mismo hicieron con Lenin o el Che Guevara, por mencionar algunos nombres-. Porque la izquierda es experta, al más puro estilo del Ministerio de la Verdad orwelliano, en revisar tendenciosamente los hechos y personajes históricos –he de reconocer- con bastante eficacia. Así, he llegado a ver gays enaltecer a un notorio homófobo como el Che, o demócratas conceder a un genocida como Stalin la categoría de estadista legítimo. Quién sabe si, dentro de cien años, Otegi no sea un Mandela español –en un país en el que Barbijaputa es un referente para el feminismo yo me puedo creer cualquier cosa- pero de ti y de mí no quedará más que el polvo de nuestros huesos para entonces. Lo que importa es que, más allá de grupúsculos siniestros y fanáticos, en nuestro tiempo, tú eres lo que eres, y no es algo agradable.






jueves, 12 de mayo de 2016

El feminismo: el nuevo patriarcado



Cristina Pedroche con Frank Blanco en las campanadas de La Sexta


En las campanadas de 2014, la presentadora Cristina Pedroche lució un vestido de transparencias que hizo saltar las alarmas del neofeminismo, que, cuál policía de la moral saudita, censuró inmediatamente. Afirmaban que era una vergüenza que su compañero de pantalla vistiera un atuendo que cubría todo su cuerpo mientras Pedroche se “exhibía” presuntamente –aunque las encolerizadas feministas nunca emplearon la palabra presuntamente- por imposición de los jefes de turno de la cadena. A ninguna de ellas se les pasó, ni por un instante, que quizás era la propia Pedroche quien quería vestir ese sugerente traje. ¿Cómo iba a querer esa chica, joven y atractiva, presumir de beldad? Es imposible que haya sido una decisión suya –clásica infantilización de la mujer-. Seguro que sus machistas caciques la han forzado a enseñar “cacho” para atraer a la audiencia y ella ha tenido que plegarse ante sus demandas –clásica victimización de la mujer-. Cualquier cosa excepto sopesar la posibilidad de que, en realidad, Pedroche estaba encantada con su vestido. 

Prueba de ello es que algunas colegas de profesión la apoyaron ataviándose con el mismo dichoso vestido semitransparente en una velada protesta ante el régimen neofeminista, y la propia Cristina Pedroche, un año más tarde, volvería a cubrir muy parcialmente su piel con otro vestido aún más atrevido que aquel otro. Esta vez, las airadas feministas ya no infantilizaron ni victimizaron a su díscola mujer, como hicieran el año anterior, sino que la atacaron acusándola de insolidaridad con el “colectivo”. ¡Pedroche, estás contribuyendo a la cosificación de la mujer y a su mera utilización como elemento decorativo o sexual! 

Más recientemente, la incómoda –para el neofeminismo- presentadora de televisión volvió a ser objeto de la censura de sus “compañeras”, esta vez, por hacer continuas manifestaciones de amor desmedido a su pareja actual, el conocido chef David Muñoz. La denunciante es otra presentadora –en horas bajas-, Nuria Roca, que cree que dichas declaraciones efusivas de amor “hacen flaco favor a las mujeres”

Suponiendo que así sea, y que, efectivamente, su reincidente exhibición de piel en sucesivas campanadas tuviera un impacto real en la cosificación de la mujer en la sociedad, y que sus continuas manifestaciones de ese denostado amor romántico tuvieran un impacto real en la toxicidad de las relaciones de pareja, se nos plantea un dilema evidente; ¿tiene Cristina Pedroche derecho a vestir las telas que le den la gana, independientemente del grado de translucidez de las mismas, y a manifestar su amor por su pareja con las palabras que ella considere que mejor lo expresan? ¿Debe, en cambio, vestir con el nivel de decoro que le exijan otras y contener o limitar sus expresiones de amor romántico, pensando en el “bien común” de las mujeres, de quien no se ha erigido representante en ningún momento? 

Es un debate antiguo y complejo –no el del vestido de Pedroche, sino el de la libertad individual sobre la “libertad colectiva”-, pero lo cierto es que la verdadera libertad ha de ser siempre individual. La libertad ha sido siempre el mayor anhelo del ser humano. Un concepto abstracto que no pesa ni tiene color pero que ha motivado profusos derramamientos de sangre a los largo de la historia. Sin embargo, era una ilusión. Por ejemplo, el día 2 de mayo de 1808, un levantamiento espontáneo y popular desencadenó una larga guerra entre las fuerzas de ocupación francesas y el pueblo que éstas ocupaban, el nuestro. Se podría decir que luchábamos por la libertad de España y la expulsión de aquella nación extranjera de nuestras instituciones, pero eso sólo es una verdad a medias. No luchábamos por una verdadera libertad, porque al mismo tiempo que tratábamos de expulsar a los invasores gabachos convocábamos el nombre del rey absolutista Fernando VII. 



Los fusilamientos del 3 de Mayo. Goya



Mucho se ha hablado sobre la libertad, desde Diógenes hasta Rousseau, pero justo cuando las ideas liberales proclamaron la libertad del hombre –no la libertad de una nación, sino la de cada individuo- y por primera vez en nuestra larga y azarosa historia estábamos cerca de ser libres, o lo más próximo a ello, nació en muchos un miedo que nunca habíamos tenido la oportunidad de experimentar; el miedo a lo que vendría después de ser libres. Lo que Erich Fromm llamó el miedo a la libertad. De ese miedo –o, tal vez, nutrido de él- surgieron los dos grandes totalitarismos del siglo XX; el socialismo y el fascismo. Se puede decir, por tanto, que ninguno de los dos fueron movimientos verdaderamente revolucionarios –ni siquiera el socialismo, aunque se haya auto-nominado así muchas veces-, sino todo lo contrario. Los que los apoyan son reaccionarios del absolutismo porque les aterra la libertad. Es decir, cuando empezaban a ser libres, muchos escogieron de nuevo vivir en el absolutismo en las formas del socialismo o el fascismo. 

Con la mujer sucede exactamente lo mismo. Hace algún tiempo que son libres. Gracias al feminismo pueden votar y educarse, o tener independencia económica, pero muchas han experimentado ese miedo natural a lo desconocido, en la forma de una libertad recién conquistada. Y de la misma manera que aquellos que, siendo libres, eligieron apoyar movimientos totalitarios –muchos aún lo siguen haciendo- aquellas mujeres optaron por seguir siendo dominadas por un feminismo que ya no era libertador sino absolutista. 

Porque el neofeminismo busca que la mujer piense primero en el “colectivo” de mujeres de la sociedad antes que en ella misma a la hora de tomar una decisión, lo cual choca frontalmente con la libertad de la propia mujer, que debería ser aquella que le permita vestir como le dé la gana y expresar su amor por su pareja en los términos que desee. Así, ninguna mujer será jamás libre sino vence el miedo a la libertad, y dice adiós al feminismo para siempre.





lunes, 9 de mayo de 2016

Sobre liberalismo y Shulamith Firestone; la mujer que mató el feminismo




Retrato de la feminista radical Shulamith Firestone



En la actualidad, las principales corrientes feministas –y, sobretodo, las más importantes y que marcan la ortodoxia a seguir por la colectivizada masa de mujeres que se declaran feministas- son inseparables del socialismo. Sería más apropiado decir que el socialismo ha fagocitado el feminismo y lo mantiene secuestrado junto a otros movimientos, como el LGTB –hasta el punto de que una mujer de derechas o un homosexual del mismo espectro ideológico son vistos como machistas y homófobos esquiroles-. Pero, ¿siempre ha sido así? Hoy cuesta pensar en un feminismo alejado de la tiranía de la izquierda, del férreo sometimiento y la implacable censura del socialismo, pero lo cierto es que el feminismo original nació en los círculos liberales y es hijo de las ideas ilustradas de los siglos XVII, y no del marxismo. 

Es, precisamente, cuando surgen las ideas liberales que cuestionaban los absolutismos y proclamaban la libertad del individuo cuando se discute sobre la libertad y los derechos de la mujer, surgiendo las primeras críticas racionalistas de las estructuras sociales imperantes en la época; esto es, el feminismo tal y como lo conocemos. Antes del surgimiento del liberalismo, los defensores de la mujer se habían limitado a enumerar los agravios que se cometían contra éstas, pero son los liberales los que elevan definitivamente el activismo feminista. Notorios liberales como Nicolás de Condorcet o John Stuart Mill moldean ese incipiente movimiento que traería la igualdad entre sexos. Éste último escribió, en 1869, el ensayo El sometimiento de las mujeres, donde defendía que la mujer debía ser educada en iguales condiciones para evitar la alienación que conducía a su discriminación. Una mujer de los círculos intelectuales del liberalismo inglés, Mary Wollstonecraft –madre de la escritora Mary Shelley-, escribe Vindicaciones de los derechos de la mujer. Otra liberal, Olympe de Gouges, concebía una obra clave para el futuro pensamiento feminista; Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.  

El sufragismo nace y se nutre en los círculos liberales. Conocidas sufragistas como Emma Goldman –una de las más notorias del movimiento- eran reconocidas liberales o libertarias, así como Clara Campoamor, ganadora del derecho a voto para la mujer en España, que reconocía ser liberal y estar tan alejada del fascismo como del socialismo. Campoamor sufrió la abierta oposición del socialismo en la figura de ilustres representantes del movimiento como Hilario Ayuso, Roberto Novoa, Margarita Nelken o Indalecio Prieto, así como “feministas socialistas” como Victoria Kent –que, paradójicamente, da nombre a varias asociaciones feministas actuales-. 

Es la feminista radical canadiense Shulamith Firestone quien, en la década de los 70, impulsa el “femimarxismo”, haciendo un descarado sincretismo del feminismo con las ideas marxistas de la lucha de clases. Su retórica era calcada de la de Marx, sustituyendo las palabras “burgueses” por “hombres” y “proletarios” por “mujeres”. Ninguna de las feministas liberales de la mal llamada Primera Ola había concebido al hombre como una “clase opresora”. Ni Campoamor, ni Goldman, ni ninguna otra había pronunciado jamás la palabra “patriarcado” ni creían en una “sociedad de clases” basada en el sexo. Eso se lo debemos a Shulamith Firestone, la mujer que mató el feminismo.







lunes, 2 de mayo de 2016

El regreso de Purple Witch



Portada del comic Purple Witch



La primera aventura de Purple Witch, la superheroína subvencionada, ha arrasado en USA, y un selecto grupo de críticos de la Cómic-Con de Albacete ya ha podido disfrutarla. En esta primera aventura, la superheroína de la igualdad se enfrenta a dos de sus principales villanos –el terrible Manspreading y Patrick-. Su creadora, Donatella Jiménez, nos cuenta que en el futuro conoceremos a otro gran enemigo; el Alzacuellos, un villano de la Conferencia Episcopal.

La entrevista a la autora AQUÍ