jueves, 28 de abril de 2016

Las mujeres y la violencia II


Pauline Nyiramasuhuko, líder de los milicianos hiterahamwe


Continuación del artículo Las mujeres y la violencia, donde debemos evaluar el papel de la mujer en la violencia en cualquiera de sus formas –delincuencia, violencia doméstica o guerra- y refutar el falso y tendencioso mito de que la violencia es feudo exclusivo o casi exclusivo de los hombres, encubriendo el indudable papel de la mujer. Ya expuse en el mencionado artículo razones poderosas que explican que la diferencia entre las poblaciones carcelarias masculina y femenina no refleja la realidad entre la práctica de la violencia por parte del hombre y la mujer. 

A continuación veremos el papel de la mujer como instigadora de la violencia, eludiendo perpetrarla ella misma. Vuelvo a expresar –como ya hice en el anterior artículo- que esta serie de entradas no tienen el objeto de trasladar la responsabilidad de toda la violencia a la mujer, ni mucho menos eludir la responsabilidad del hombre en las acciones violentas que llevan a cabo, sino desmentir la maliciosa y discriminatoria creencia de que la mujer es siempre un sujeto pasivo y receptor de la violencia. 

Lo cierto es que la mujer, históricamente, ha participado activamente en todos los conflictos humanos, sea cual sea el escenario del mismo. Quizás su participación no ha sido tan notoria como la del hombre, que era el que tomaba parte en los combates, pero la razón de ello es la misma que explica por qué la mayoría de personajes históricos han sido varones; la mujer ha permanecido en la esfera privada y los hombres en la esfera pública. Por ello, la mayoría de líderes políticos y religiosos, inventores o exploradores han sido hombres, pero también tiranos, genocidas y criminales de guerra. En el marco de la violencia y la guerra, la invisibilización femenina –a diferencia de en otros marcos- les ha resultado beneficiosa, puesto que les ha ayudado a dirimir su más que obvia responsabilidad. 

En el libro War and gender del profesor Goldstein, nos encontramos con los siguientes casos; durante el golpe militar de Chile en 1973, las mujeres lanzaban maíz a los soldados que no “cumplían” con su deber para llamarlos gallinas. En la tribu amerindia apache, las mujeres recibían a los guerreros triunfantes con canciones y agasajos pero, cuando los aguerridos apaches venían con la cabeza gacha tras una derrota, sufrían los insultos y mofas de sus mujeres, que se alejaban de ellos con fingida indiferencia. Al otro lado del océano, las bravas mujeres zulúes, se desnudaban en público para humillar a sus maridos, cuando estos eran derrotados o rehusaban entrar en guerra. Goldstein explica que, durante la Rebelión Mau Mau –en Kenya- las mujeres de aquellos que se negaban a entrar en el conflicto mostraban sus genitales en público, lo que supone un grave insulto en la cultura Kikuyu, diciéndoles “tomen mi vestido y denme sus pantalones”.

Por supuesto, la cultura occidental en general y España en particular, tampoco se libra de estos históricos chantajes. En la siguiente imagen vemos una marcha en la que algunas mujeres portan un amplio cartel que reza “preferimos ser viudas de héroes que esposas de cobardes”, exactamente como hacen las mujeres apaches, o las kikuyu. 






Sin embargo, el papel de incitadora llega mucho más allá en algunas guerras. Durante el brutal conflicto ruandés, los milicianos hutus hiterahamwe, recibieron la orden de violar de forma masiva a cuantas mujeres tutsi cayeran en sus manos. Dicha orden atroz vino de una líder llamada Pauline Nyiramasuhuko, que llegó a proporcionar gasolina a una de estas milicias para que quemaran vivas a un grupo de prisioneras a las que, por supuesto, había ordenado previamente violar. 

El papel de instigadora no se queda en el marco de los conflictos armados. Famoso es el caso de la Matanza de Puerto Hurraco, donde dos hermanos –Emilio y Antonio Izquierdo- mataron a nueve personas e hirieron a otras doce. Otras dos hermanas, Luciana y Ángela Izquierdo, que no participaron de manera directa, fueron condenadas como inductoras de la matanza, aunque dos años después serían exoneradas por enfermad mental. Sobre el papel de la mujer en la delincuencia común y la violencia doméstica quedará para otra ocasión.





lunes, 25 de abril de 2016

Sobre sectarios, doctrinarios y totalitaristas



Tuit del colaborador de televisión Dani Mateo



Cuando acontece un atentado yihadista en Europa –por desgracia, no andamos escasos de ejemplos en los últimos años- vemos dos tipos de reacciones claramente diferenciadas a través de la redes sociales –como la del pajarito azul-. Por una parte están aquellos que expresan el horror por los muertos que aún se recogen de entre los cascotes, o los que envían mensajes de condolencia a quienes han perdido a sus seres queridos, o los que, arrebatados por una humana indignación, lanzan mensajes de rechazo a los desalmados y fanáticos que causaron tal o cuál atentado. No se puede saber qué ideología siguen los autores de estos mensajes porque pueden ser muy variadas; liberales, libertarios, socialdemócratas, conservadores… O, simplemente, tener una ideología que no se enmarque necesariamente en una corriente concreta. Son humanos empáticos que han visto, horrorizados, cómo el fanatismo muestra su cara más oscura e implacable. 

Pero, por otra parte, al indeseado evento no tardan en asistir unos invitados tóxicos y tan fanáticos como los del kalashnikov y los cinturones de explosivos que causaron la masacre. Éstos se saltan los lamentos por los muertos, los mensajes de apoyo y solidaridad o, siquiera, el rechazo a las bestias que cometieron tal atrocidad, y pasan a culpabilizar a las propias víctimas del terror. Los ataques terroristas contra civiles europeos se debe al –según arguyen éstos- etnocentrismo europeo, al capitalismo o a las políticas exteriores de algunas naciones occidentales. 

En un ejercicio de acrobacias intelectuales, muy común en esta gente, intentan dar la vuelta y convertir a la víctima en verdugo. La responsabilidad de los brutales asesinos pasa a un segundo plano, o desaparece por completo, y se convierten en víctimas del racismo europeo, que no les permitió la integración, los aisló en la periferia de las ciudades y –pobrecitos- los empujó a la radicalización. Y los líderes fanáticos de Siria e Irak son monstruos creados por el capitalismo occidental, que les venden armas y los adiestran, y luego se vuelven contra sus oscuros creadores. No importa que las armas que más empleen sean kalashnikov que acabaron en el mercado negro luego de la caída del bloque soviético y, por supuesto, no hay factores culturales o religiosos detrás de las motivaciones terroristas. La culpa siempre es de Europa y del capitalismo. 

Éstos siniestros personajillos cibernautas, a diferencia de los primeros, si tienen una ideología concreta; son socialistas. Doctrinarios, sectarios, reaccionarios, totalitaristas. Odian todo lo que huela o sepa a su propia cultura, la europea. Algunos concretan más el objeto de su inquina y se centran en su país –España en el caso que nos ocupa- hasta el punto de que me he tropezado con individuos de esta calaña ideológica que, el día que se conmemora la muerte de Cervantes y Shakespeare, sólo han recordado a Shakespeare porque rendir tributo a un español que no sea Largo Caballero, Santiago Carrillo o Dolores Ibárruri lo convertirían en uno de sus odiados fachas. Hasta ese nivel de fanatismo llegan, lo que no extraña, visto desde esta perspectiva, su aproximación empática hacia los fundamentalistas en lugar de las víctimas. 

No son, en realidad, un fenómeno reciente. Estas personas han existido en todas las épocas de nuestra convulsa y curiosísima historia. Ellos fueron, por ejemplo, los bizantinos que en 1453 discutían fervorosamente sobre el sexo de los ángeles mientras los turcos otomanos trepaban las murallas con el alfanje entre los dientes. Han existido siempre, sólo que en el presente han sido fagocitados por el socialismo –qué casualidad que todo lo malo termina, de una manera u otra, asociándose a él-. 

Los mismos que se autoculpan de los atentados yihadistas son, por supuesto, los mismos que llaman violencia machista a cualquier actor de violencia donde el victimario sea varón y la víctima mujer, desechando siquiera estudiar las causas concretas del mismo, permitiendo con su sectarismo que los problemas reales no sean detectados y corregidos. La ideología por encima de la vida y la muerte, por supuesto, como un buen fanático.







jueves, 21 de abril de 2016

¿Es el cine machista?


Hace poco abordaba la supuesta asimetría sexual en la ficción cinematográfica. El neofeminismo denuncia que los personajes femeninos carecen de la relevancia, profundidad, complejidad y diversidad que tienen los masculinos. El machismo –arguyen- reducen a los personajes femeninos a mera comparsa de los personajes masculinos, que los estereotipa, los convierten en meros elementos decorativos para lucimiento de los protagonistas varones. Mi pregunta, llegado a este punto, es, ¿creen realmente en lo que dicen? Y de ser así, ¿saben, mínimamente, de cine? 

Mi anterior top de personajes femeninos quería demostrar que existen heroínas de acción totalmente fabulosas –recordaréis a la Teniente Ripley, Sarah Connor o la agente Starling- y, en esta ocasión, presentaré a las mejores –a mi juicio- villanas del cine.

(AVISO DE SPOÍLER, EL NÚMERO 6 CONTIENE SPOÍLER) 





7. Sylvia Ganush 

Villana de Arrástrame al infierno, filme del rey del cine de terror de serie B y películas de culto Sam Raimi –autor de la genial trilogía de terror, fantasía y humor negro Evil Dead-. Interpretada por la actriz Lorna Raver, la señora Ganush es una anciana gitana venida de algún país de Europa del este que se halla en una desesperada situación económica. Cuando acude al banco solicitando un aplazamiento del pago de la hipoteca, Christine Brown –la protagonista de la cinta- se la deniega, provocando que veamos la cara oculta de la malvada bruja. La escena de la pelea entre Christine Brown y la encolerizada anciana en el aparcamiento está, sin duda, entre mis favoritas –sino la que más- de toda la filmografía de Raimi. Aunque tiene poca presencia en el filme, sin duda lo mejor de éste irregular trabajo de Sam es la primera mitad del mismo, coincidiendo con la presencia de la gitana, decreciendo rápidamente el interés de la película en cuanto Ganush deja de aparecer. Una villana original y espeluznante. 





6. Amy Dunne

Interpretada por Rosamund Pike, Amy Dunne es la desequilibrada y retorcida esposa de Nick Dunne (Ben Affleck) en el filme Perdida. Amy planifica meticulosamente un plan para incriminar a su marido en su propio asesinato y desaparición, marchándose en secreto con una expareja. Sin embargo, el verdadero propósito de la maquiavélica Amy es reavivar la llama de su moribunda relación con Nick, para lo que no tiene reparos en asesinar brutalmente a su ex y reaparecer asegurando que había sido secuestrada por él. Una asesina fría y calculadora, digna discípula de Maquiavelo y su máxima; el fin justifica los medios. 





5. Alex Forrest 

La pesadilla de todo hombre casado que decide tener una aventura extramarital tiene nombre y apellido; Alex Forrest. Eso es lo que le sucede a Dan Gallagher (Michael Douglas) en la famosa cinta Atracción fatal. Glenn Close encarna a la desquiciada y obsesiva amante de Dan, dispuesta a todo para destruir la familia de su desventurado amante, sea de manera figurada o literal. Un personaje icónico cuando hablamos de acosadores perturbados. 





4. Peyton Flanders 

Si la anterior representa el miedo del esposo infiel, Peyton Flanders personifica el terror de los padres que contratan a una niñera para el cuidado de sus hijos. Papel icónico que terminaría por encasillar a Rebecca de Mornay –que a raíz de la película sería para siempre esa rubia cándida que escondía un lado perverso- pero que interpreta con eficacia. La mano que mece la cuna es el Rolls Royce de los telefilmes de sobremesa, y Peyton se ha convertido en la malvada usurpadora de nidos ajenos más famosa del celuloide. 





3. Regan MacNeil 

Una inocente niña se convierte en una malhablada y ulcerosa gamberra en la mítica cinta de terror El exorcista, cuando es poseída por el mismísimo Satanás. Linda Blair encarna a una villana que ha aterrado a varias generaciones con sus contorsiones imposibles, sus efluvios orales de fluidos verdes y su amplísimo repertorio de blasfemias. Su atormentada madre y los padres Karras y Merrin plantan cara al Pazuzu que se ha alojado, cual votante de Colau, en casa ajena. Sin duda, uno de los mejores filmes de terror jamás rodados y uno de los villanos más carismático y horrible del séptimo arte. 







2. Señorita Ratched 

Cuando el díscolo y rebelde McMurphy (Jack Nicholson) es trasladado a una institución mental, tiene que verse las caras con uno de los villanos más inquietantes e imponentes de la historia del cine; la señorita Ratched. Sin duda, una de las razones por las que amamos Alguien voló sobre el nido del cuco es por el soberbio personaje de la enfermera jefe del centro psiquiátrico donde tiene lugar las aventuras y desventuras de McMurphy, el gigantón indio y el resto de sufridos personajes. Quien recibió los merecidos elogios por dar vida a la señorita Ratched fue Louise Fletcher –que se llevó a su casa el Oscar por ese trabajo-. Su actuación contenida, hierática, sus asépticas maneras y, sobretodo, su total falta de compasión, la catapultan al Olimpo de los mejores villanos. 






1. Anne Wilkes 

En el puesto de oro de nuestro top tenemos a otra enfermera –ésta en concreto de las llamadas ángeles de la muerte en terminología psico-criminal-. Kathy Bates da vida a la rotunda provinciana Anne Wilkes, fanática de las novelas que nominan la película, Misery. Por eso, cuando el escritor de dichas novelas, Paul Sheldon (James Caan), cae en sus manos, pondrá su terrible voluntad en retenerlo. Un inteligente duelo de mentes, cada una brillante a su manera, entre el atormentado protagonista y la sensacional villana que, al igual que la anterior, también se llevó la dorada estatuilla.






lunes, 18 de abril de 2016

Lidia Infante; Locas del Coño



Imagen del artículo de Lidia Infante



Locas del Coño es un blog de colaboraciones de cinco o seis mujeres entre las que está mi buena amiga –bueno, conocida- Jessica Fillol, feminista y cristiana devota –debo juzgar, por haber cumplido todos los sacramentos que se esperan de un buen cordero de Elohim-, y que habla de feminismo. El blog en sí me recuerda a esos grupos poperos de feria ambulante que recogen a los triunfitos que no triunfaron –tipo Fórmula Abierta-, y los une para formar una banda que después tampoco triunfan, pero que por lo menos comparten el fracaso entre varios, que siempre se sobrelleva mejor.

Elijo un artículo cualquiera –el último escrito en el momento en que inspecciono el blog-, y está rubricado por Lidia Infante, que dice ser psicóloga. Lo primero que me llama la atención es la imagen que la susodicha ha escogido para ilustrar su artículo –que consiste en una serie de pasos para pedir perdón cuando decimos un comentario machista-. Vemos a una chica portando un rifle. Le doy vueltas –tampoco demasiadas, debo admitir- para intentar dilucidar qué relación guarda la imagen con el texto. Imagino que alguna intención consciente –perdonen la redundancia- debe tener la autora, ya que se define como experta en marketing y publicidad. La chica de la foto, por cierto, viste de rosa -su rifle también tiene detalles de ese color- lo que no sé si ayuda a la idea de deconstruir lo asignado por el “patriarcado”. 

En cualquier caso, el título del artículo ya me hace esbozar una leve sonrisa; Guía feminista para disculparse por una machirulada. En principio, desconfío de lo que su autora entiende por machirulada, y leyendo el ejemplo que pone de ello –un artículo de Francisco Dancausa donde critica el feminismo radical-, descubro, con poca sorpresa, que tenía razón. Para Lidia Infante, cualquier crítica al feminismo hecha desde afuera, es una agresión machista. Pero supongamos que es un comentario machista de verdad, y por el que debemos, obviamente, pedir perdón a las agraviadas, ¿guía feminista? Prefiero el perdón habitual, sincero y contrito, que ha funcionado por los siglos de los siglos. Porque no voy a pedir perdón al feminismo –o siguiendo el “método feminista” de la susodicha- cuando el feminismo actual agrede continuamente defendiendo leyes sexistas, discriminaciones varias, y hace alarde de una retórica que sitúa al hombre como un cacique abusador. Contemplaré hacerlo cuando el feminismo actual pida perdón por defender leyes abyectas como la LIVG, capaz de arrebatarle quince o veinte años de libertad a un hombre con el mero testimonio de la acusadora como única prueba de cargo, o cuando rechacen las teorías femi-marxistas de que el hombre es un burgués explotador. Sólo entonces, amigas de Locas del Coño, me plantearé pediros perdón por una machirulada. De momento, de hacerla, pediré perdón a la agraviada en concreto y punto, así que coge tu guía feminista para pedir perdón y córtala en trocitos pequeños para que puedas digerirlo mejor, y de paso compra Almax por si sufres ardores a medianoche. 

Pero ya que estamos enfangados, veamos en qué consiste esa guía. El primer punto ya es de traca. Si te señalan un supuesto machismo, debes aceptar sin cuestionar que lo es, porque –atención, amigos- un hombre no puede determinar qué es machista –extraído textualmente del artículo-. ¿Cómo que un hombre no puede establecer qué actitud es o no machista? ¿Cómo que un hombre no puede opinar de feminismo? ¿Qué clase de demencia es esa, señora psicóloga? Te hablaré de un concepto, Lidia Infante, que no entiende de sexo; se llama criterio. El diccionario lo define como “opinión, juicio o decisión que la persona adopta sobre una cosa”. Hay hombres con criterio y sin él, y mujeres que lo tienen y otras que carecen de él por completo –en tu blog ya hay unas cuantas-. Los hombres tenemos el mismo derecho a opinar sobre si una actitud, comportamiento o comentario puede ser considerado o no como machista tanto como vosotras. Y sí, también tenemos pleno derecho a opinar sobre feminismo –de hecho, tengo un blog en el que suelo hacerlo desde hace más de un año-, y a criticarlo –faltaría más- cuando consideramos que es injusto o radical. 

Si tanto te molestan las críticas o el pensamiento diferente, debes saber que me ampara la Constitución, mi libertad –esa que parece fastidiarte tanto- y el sentido común, para opinar sobre el feminismo –aunque no sea mujer-, sobre el conflicto palestino –aunque no sea palestino o israelí- o sobre ETA –aunque no sea una víctima de sus fechorías-. Amiga psicóloga, para opinar sobre algo no necesitas “ser”, basta con informarte sobre ello y no decir sandeces –de las que, por cierto, encuentro a granel en tu blog-. 

La misma Lidia Infante critica, en otro de sus sesudos artículos, el “notallmen”. Precisamente aquellas que luego se apresuran a defender con denuedo el “notallmuslim” cuando acontece un ataque terrorista. Lo siento Fillol, Lidia Infante se ha convertido en mi feminista radical favorita.






jueves, 14 de abril de 2016

Las mujeres y la violencia





Es necesario aclarar, debido a la especial sensibilidad que la violencia hacia la mujer provoca en nosotros, que este artículo no ha sido escrito con el objetivo de señalar a la mujer como responsable de la violencia, acusarlas como perpetradoras o instigadoras de los males que aquejan a la sociedad y, mucho menos, atenuar la más que obvia responsabilidad masculina en los crímenes que tienen por victimario al hombre. Sin embargo, frente a la implacable batería de acusaciones y criminalización del varón por parte del neofeminismo, se hace necesario estudiar el papel que, también indudablemente, tiene la mujer –ya sea como usuaria o como beneficiaria- de la violencia. De acuerdo al infame neofeminismo la violencia es feudo de los hombres. De hecho, incluso cuando es ejercida por una mujer, la influencia machista o patriarcal flota sobre la victimaria, como una mano invisible que le hace apretar el gatillo. Pero, ¿es cierto que la mujer es ajena a la violencia y que, cuando la practica, se trata de un hecho aislado? ¿Es cierto que el hombre posee el monopolio de la violencia, o la ejecuta en una desproporción desorbitante? A continuación contra-argumentaremos las principales explicaciones que el neofeminismo ofrece para demostrar sus teorías discriminatorias. 



1)Sólo hay que ver las poblaciones carcelarias de cualquier país. 

Sí, la población penitenciaria es mayoritariamente masculina. En España había (según datos del INE) 60.040 reclusos varones en 2014 frente a 4.977 féminas. Es decir, alrededor del 92% de la población reclusa española es masculina, frente al 8% femenino. Con este dato podemos pensar, definitivamente, que la violencia está casi monopolizada por el hombre. Sin embargo, existe un trato diferenciado bochornoso e intolerable en el sistema penal de la mayoría de los países occidentales. 

En Estados Unidos, país donde este fenómeno ha sido más ampliamente estudiado, Sonja Starr –profesora de derecho de la Universidad de Michigan- elaboró un estudio en el que demostraba que un hombre tenía dos veces más probabilidades de acabar en la cárcel que una mujer, habiendo cometido el mismo delito. La profesora Starr concluyó en el estudio que, por el mismo delito, las condenas a varones son un 63% más largas. Pese a que son minoría en la población reclusa, el 30% de los indultos concedidos por el presidente Obama tuvieron como destinatario una mujer. Incluso en sentencias de muerte apreciamos ese trato diferenciador. Aunque las mujeres cometen el 10% de los asesinatos –según Andrea Shapiro- sólo representan el 0,5% de los condenados a muerte. 

De hecho, en el OLB (Boletín Legal de Ohio) de 1912, se comenzó a incluir mujeres en los jurados porque un jurado constituido únicamente por hombres prácticamente nunca condenaba a las acusadas. Lo mismo sucedía en Chicago, donde el Fiscal del Estado Wayman llegó a decir que con el sistema de jurado masculino existente en la época nunca se condenaba a una mujer por homicidio. 

La discriminación en el sistema penal es un fenómeno global, no exclusivamente estadounidense. En 2011, Naciones Unidas presentaba la Resolución 65/229 que lleva un título muy elocuente: Reglas de las Naciones Unidas para el tratamiento de las reclusas y medidas no privativas de la libertad para las mujeres delincuentes, más conocida como Las Reglas de Bangkok. Básicamente, en los puntos 5, 6, 10, 57, 58 y 70 de dicha resolución, se alienta a los estados miembros de las Naciones Unidas a sustituir las penas privativas de libertad por medidas alternativas, sin especificar ni justificar bien por qué razón. 

Y todo esto sin contar los delitos en el ámbito doméstico, que ha dado luz a una ley que bien podría estar a la altura del Apartheid sudafricano, la LIVG. Más del 7% de los reclusos de este país están en las cárceles en virtud de la LIVG, cumpliendo condenas por delitos que serían considerados faltas –y, por tanto, no conllevarían penas de privación de la libertad- de haber sido cometidos por mujeres. 

Por supuesto, todos estos datos no justifican la enorme diferencia de sexos en la población carcelaria, pero sí revela que la deferencia real en los índices de violencia es significativamente menor a la que vemos en la diferencia de número de reclusos y reclusas. 

En el próximo artículo, seguiré refutando otros argumentos esgrimidos por el neofeminismo.





lunes, 11 de abril de 2016

Denuncias falsas







[Extracto de un ensayo que estoy haciendo sobre feminismo, ideología de género, políticas sociales y de igualdad. Capítulo dedicado a las denuncias falsas de violencia de género.] 


Capítulo segundo 
Las denuncias falsas 


“Las denuncias falsas son un coste asumible.” 

 “La denuncia por malos tratos contra mí es falsa […] tiene que ver con un divorcio que yo quería ver de un modo pacífico.” 
Juan López Aguilar 



El diputado por UPyD Toni Cantó aseguró en una serie de polémicos tweets –en la famosa red social Twitter- que la mayoría de denuncias por violencia de género que se interponían eran falsas. Aquellas declaraciones causaron un tsunami de críticas, reproches, presiones para que se retractara, demagógicas acusaciones de falta de empatía hacia las víctimas de violencia de género… Poco después, el diputado se desdecía y pedía perdón públicamente por no haber contrastado los datos que le habían aportado. Ciertamente, fue desacertado decir que la mayoría de las denuncias que se interponen por violencia de género son falsas pero, aquellos tweets pusieron sobre el tapete una incómoda realidad soterrada por los medios de comunicación, pero que hacían arquear la ceja a miles de personas en sus realidades cotidianas; la existencia de estafadoras –e, incluso, instituciones- que se estaban aprovechando de una ley mal redactada y peor aplicada. ¿Qué porción de verdad había en lo que Toni Cantó había dicho, y por lo que fue fuertemente censurado? 

Las cifras que ofrecen las instituciones pro-LIVG oscilan sobre el 0,01%, resultado de comparar las condenas por denuncias de violencia de género falsas con el total de denuncias interpuestas. Con estos datos, podríamos decir que las denuncias falsas por violencia de género son prácticamente inexistentes. Sin embargo, desde que se aprobó la LIVG se cuestionó la capacidad de dicha ley para detectar y discriminar las denuncias falsas de las legítimas, habida cuenta de que se invertía la carga de la prueba y desaparecía la presunción de inocencia de los acusados por violencia de género. Su propio hacedor, Juan López Aguilar, concluía el asunto con unas desvergonzadas declaraciones en 2006; “las denuncias falsas son un coste asumible”. 

En primer lugar, hay que destacar que esa exigua cifra que oscila alrededor del 0,01% no es una cifra oficial, pese a que algunas personas e instituciones la adjetiven así. En un artículo publicado por La Razón en 2010, y que llevaba por título España en el punto de mira de Europa por las falsas denuncias de malos tratos, el Ministerio de Igualdad –al que el diario se dirigió con motivo de la redacción del mencionado artículo- no quiso hacer declaraciones al respecto y se limitó, en su habitual proceder, a remitirse a los datos del CGPJ (Consejo General del Poder Judicial). El artículo continúa relatando los contactos entre el periódico y el citado órgano de gobierno, que admitía que esta estadística “no estaba tipificada”. A renglón siguiente expresaba, “existen datos de las denuncias realizadas, de las que han sido condenatorias y de las que han sido absolutorias, pero no hay una cifra concreta sobre denuncias falsas”

Ya que no hay estadísticas oficiales al respecto, ¿qué hay de las denuncias falsas por otros delitos? Cuando hablamos de simulación de delitos en otros ámbitos, nos encontramos con datos que nos hacen cuestionar los porcentajes tan nimios e inverosímiles que nos ofrecen los defensores de la LIVG. Por ejemplo, los datos de las aseguradoras mencionan que hasta un 30% de las denuncias por robo en viviendas son falsas. Por otra parte, un artículo de ABC nos decía que 3.081 personas fueron detenidas por denunciar hechos inexistentes o alterados para estafar a la compañía de seguros de su teléfono móvil en 2012. Sólo durante el primer trimestre del año 2013, la Policía Nacional detuvo o imputó a 869 personas por el mismo delito. En todo el 2014, la FGE (Fiscalía General del Estado) tenía 38 casos abiertos por denuncias falsas de violencia de género. Es decir, nos encontramos con un 30% de denuncias falsas por robo de viviendas frente a un insignificante 0,01% de denuncias falsas por violencia de género, y más de tres mil estafadores de compañías de telefonía móvil frente a treinta y ocho presuntas estafadoras de la LIVG en el mismo espacio de tiempo. La enormísima y absurda diferencia entre las simulaciones en el resto de delitos y la falsa denuncia por violencia de género ya es suficiente para que salte la alarma del más elemental sentido común. ¿Acaso quieren hacernos creer que la violencia de género es el único delito de todo el Código Penal que se libra de la lacra de las denuncias falsas? 

Algunos podrían argumentar que, la más que significativa diferencia entre el número de falsas denuncias por violencia de género y en el resto de delitos, se debe a que, en el caso de los que simulan un robo de móvil o en su vivienda, buscan obtener un beneficio concreto; estafar a las aseguradoras. La siguiente pregunta lógica sería; ¿existen beneficios que puedan tentar a las estafadoras de la LIVG para interponer denuncias falsas contra sus parejas o exparejas? En principio podríamos señalar la más obvia de todas, la posibilidad de que algunas mujeres abyectas –que las hay, y de las que hablaremos en profundidad en el capítulo sobre violencia femenina- decidan usar la LIVG para causar algún perjuicio a su pareja o expareja. Pero las ventajas derivadas de interponer una denuncia falsa son más pragmáticas, aunque varían según la Comunidad Autónoma. En primer lugar, la denuncia por violencia de género casi asegura la custodia de los menores en disputa, con todo lo que ello conlleva. La legislación actual establece que la custodia compartida no pueda ser concedida al existir un proceso penal en curso, durante el cual, la madre obtiene la custodia monoparental de los hijos de manera provisional. Aunque la sentencia sea absolutoria, la madre ya casi ha conseguido su propósito de asegurarse la custodia de los menores, teniendo en cuenta que, según datos de CGPJ, hasta el 87% de las sentencias referentes a la custodia de los mismos coinciden con las medidas provisionales, para “no desestabilizar al menor”. A su vez, la mera denuncia conduce a la salida del varón del domicilio conyugal así como la incomunicación inmediata con la denunciante, que suele favorecer la decisión del juez para no modificar el régimen de visitas establecido para el proceso judicial.

Además, el uso de la vivienda se asigna al custodio del menor, lo que, objetivamente, constituye una razón poderosa para que algunas mujeres puedan sentirse tentadas de usar la LIVG. Los diferentes gobiernos autonómicos también ofrecen alicientes individuales que pueden ser tentaciones para el fraude. Así pues, la Junta de Andalucía concede matrículas universitarias gratis para mujeres maltratadas. Por no mencionar que la sensación de impunidad, al saberse que sólo muy pocos casos son perseguidos y castigados, puede dotar a la defraudadora del valor necesario para interponer una denuncia falsa. 

A nivel asociativo también existen poderosas razones económicas que deben influir necesariamente en el fraude de la LIVG. En una intervención televisiva, el abogado y analista Javier Nart acusaba a los lobbys de convertirse en una perversión de lo que significa la sensibilidad social, y añadía, “tuve, hace años, la defensa de una persona que era culpable, y hubo cuatro acusaciones; dos absolutamente legítimas, la del Fiscal y la de la familia, y dos instituciones de defensa de la mujer. El esperpento era descomunal. Al final, lo que nosotros nos preguntamos es, ¿qué sentido tiene que, habiendo defensa suficiente para defender los derechos de la víctima, tengamos la presencia institucional de asociaciones subvencionadas que se justifican a sí mismas a través de la presencia en procedimientos?”. 

La razón por la que asociaciones subvencionadas presentan su acusación, pese a que es jurídicamente innecesario, puede tener mucho que ver con la resolución 15,043 del Ministerio de Trabajo del 8, de agosto de 2005, publicada en el BOE (Boletín Oficial del Estado) del 8 de septiembre. Concretamente, en la página 30.543, leemos que el número de subvenciones se conceden en función del número de mujeres que se declaran maltratadas y del número de denuncias que se presentan. Es decir, no es necesario que acaben en condenas. Sólo importa el número de denuncias presentadas y, a más denuncias, mayor subvención. 

No es extraño, por tanto, que el Juzgado de Instrucción número 13 imputara a María Luisa A. B., médico de familia de Madrid, las abogadas del despacho Exaequo María Cruz Sánchez y Yolanda Corchado, vinculadas a la Federación de Mujeres Progresistas –una de las asociaciones feministas que reciben mayores subvenciones del Instituto de la Mujer-, la psicóloga Beatriz M. G., del programa de Atención Integral a Víctimas de Violencia de Género de la FMP, así como la directora de esa área en el momento de la peritación, Covadonga Naredo, al existir un presunto “uso espurio de los procedimientos penales, así como dolo y mala fe”. Toda una presunta trama perfectamente organizada y dedicada a las denuncias falsas. 

Son muchas las mujeres que han reconocido haber sido aconsejadas por sus abogados, o por diferentes asociaciones, para interponer una denuncia por violencia de género y aprovecharse de sus beneficios. De hecho, en un programa de TVE Canarias, una mujer en riesgo de exclusión social afirmó que Asuntos Sociales le había instado a que denunciara a su pareja por violencia de género y obtener el PCI (Prestación Canaria de Inserción). 

Existiendo razones tan poderosas para el fraude, ¿cómo es posible que la simulación sea prácticamente inexistente en violencia de género y ronde el 30% en otros ámbitos? De nuevo, los defensores de la ley podrían argumentar que la simulación de malos tratos supone un delito más grave que fingir cualquier otro hecho delictivo, y la perspectiva de una condena severa puede disuadir a la potencial defraudadora. Pero como hemos visto antes, las sentencias condenatorias por denuncia falsa de violencia de género son prácticamente inexistentes, por lo que no hay verdadera sensación de riesgo. 

Una falsa denunciante tiene mucho que ganar, y muy poco que perder. Cómo consiguen mantener anestesiada la sociedad y por qué lo hacen –es decir, por qué ocultan o escamotean la realidad de las denuncias falsas- sería la siguiente secuencia lógica de preguntas. Ciertamente, no han logrado convencer a los ciudadanos de la inexistencia de denuncias falsas, aunque sí han conseguido censurar todo debate al respecto en los grandes medios de comunicación. 

De acuerdo a un estudio del Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco –que lleva por nombre “Violencia contra las mujeres en Euskadi: percepción y opiniones de la población”- basado en entrevistas a dos mil personas, el 40% de la población son conscientes de que existen “muchas” denuncias falsas por violencia de género aunque, obviamente, no puedan precisar cuántas. Porcentaje que se ha visto incrementado en un 15% con respecto a 2012. Cuatro de cada diez considera que es un problema real, y no casos altamente improbables como insisten en hacernos creer los defensores de la LIVG. 

Es decir, por mucho que sigan el principio de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda nazi, de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, y utilicen todo el aparato mediático para convencernos de la infrecuencia de la existencia de denuncias falsas, un porcentaje amplísimo de la población –y cada vez más numeroso- siguen creyendo que la actual situación ofrece cobertura a este tipo de fraude, y que no es un hecho infrecuente. Porque ante las cifras que se nos ofrecen desde las instituciones está la obviedad del ciudadano que conoce algún caso –o más de uno- que pone de manifiesto que es un problema real. Este intento de anular nuestro sentido común y convencernos contra lo obvio nos recuerda al momento en la novela 1984, de Orwell, en el que un miembro del Partido trata de convencer al protagonista de que dos y dos pueden ser cinco, si el Partido así lo decía. 



Bibliografía 


 Capítulo II 

-Artículo de ABC del 26, de febrero de 2014. 
-Artículo de La Razón del 31, de agosto de 2010. 
-Artículo de El País del 31, de diciembre de 2009. 
-Artículo José Luis Sariego en Lexfamily, del 17, de marzo de 2016. 
-Artículo de Editorial Jurídica Sepin del 20, de julio de 2015.  
-Programa Cerca de ti, de TVE Canarias, del 23, de marzo de 2016.  
-Estudio “Violencia contra las mujeres en Euskadi: percepción y opiniones de la población”, Gobierno Vasco, 2015.  
-BOE 215, 8 de septiembre, 2005. Página 30.543.






jueves, 7 de abril de 2016

Mis siete heroínas de acción favoritas



Milla Jovovich en la película El Quinto Elemento


Las quejas por una supuesta no inclusión en determinados géneros cinematográficos ha llegado al neofeminismo. Existe –aseguran- un vacío femenino en el cine de acción o ciencia-ficción, pero decir tamaña estupidez no hace sino poner de manifiesto su ignorancia –al menos, en el terreno de la acción y ciencia-ficción-, lo cual no habla muy bien de quienes lo afirman. Que haya menos heroínas de acción que héroes no implica machismo –llevar las dichosas cuotas también al terreno de la ficción cinematográfica me parece la sublimación de la estupidez más recalcitrante- pues podemos encontrarnos con un buen surtido de heroínas que pueden disfrutar los amantes del cine en general y quienes somos aficionados al cine de acción y ciencia-ficción en particular. 

A continuación expongo mi ranking de personajes femeninos de acción y ciencia-ficción favoritos. No encontraréis en la lista míticos personajes femeninos como Nina Sayers (Cisne negro), Escarlata O´hara (Lo que el viento se llevó) o Louise (Thelma y Louise), sino auténticas heroínas del cine de mamporros, persecuciones de coches o amenazas del espacio exterior. 



7. Trinity 



Su presencia en mi lista de heroínas favoritas no sólo se debe a lo extraordinariamente bien que le queda el cuero, sino por ser uno de los personajes principales en la famosa saga de acción Matrix. Interpretada por Carrie-Anne Moss, cuando los filmes de los hermanos Wachowski se ponían pesados con tantos ciber-dilemas morales, Trinity hacía acto de presencia repartiendo mamporros, con su característica patada de la grulla. Un personaje poderoso y carismático, ya mítico en el cine de acción y ciencia-ficción. 



6. Mamba Negra/La novia 



La novia vengativa cuyo tenaz propósito es matar a Bill en el sangriento –qué sorpresa- filme de Tarantino Kill Bill, merece estar en la lista. Todos recordamos el famoso silbido, el mono amarillo y la katana con la que se zampa interminables hordas de ninjas. Uma Thurman interpreta a esta peculiar heroína que, al son de Ennio Morricone, ponía su talento en las artes marciales al servicio de la redistribución de justicia. 



5. Princesa Leia



Es, posiblemente, la mujer que más corazones frikis ha robado en la historia del cine. Pero no te dejes engañar por su título de princesa; Leia Organa es una de los generales del ejército rebelde más capaz –aprovecho para recordar que la Alianza Rebelde estaba liderada por una mujer, Mon Mothma, interpretada por la actriz Caroline Blakiston en el Retorno del jedi- y no tenía reparos en empuñar una pistola láser y partirse la cara con desatinados soldados imperiales, extravagantes cazadores de recompensas o con el mismísimo Jabba el Hutt, si se terciaba. La actriz Carrie Fisher interpreta a esta mítica heroína galáctica, que ha quedado para siempre en la imaginería colectiva. La reina del universo friki merecía un puesto en mi lista. 



4. Imperator Furiosa 



Poderoso personaje de acción de –no se sabe muy bien si reboot o cuarta entrega- la popular saga Mad Max- interpretado por la fantástica Charlize Theron. Personaje carismático que ensombrece a su compañero masculino Max –supuesto protagonista del filme- destacando entre el humo de las demenciales persecuciones en el desierto. Por la fuerza que expide en cada toma en la que aparece, Imperator Furiosa se cuela en el puesto cuatro de mis personajes de acción femeninos. 



3. Agente Starling 



Mujer provinciana convertida en agente del FBI, especializada en la caza de asesinos en serie, y que nadie ha visto sonreír en ninguna de las dos cintas. Fue interpretada por dos pesos pesados –Jodie Foster y Julianne Moore- en dos espeluznantes thriller. Todos recordamos su compleja y extraña vinculación con el mítico antropófago Hannibal Lecter, en lo que podríamos considerar una de las relaciones protagonista-antagonista más interesantes del celuloide. Su perspicacia, sencillez y naturalidad, ingenio y determinación la encumbran en la posición de bronce. 



 2. Sarah Connor 



Si en la primera cinta de Terminator vemos a una timorata adolescente que es continuamente rescatada por el héroe de acción, en la famosa secuela de 1992, asistimos a una asombrosa y agradecida metamorfosis. Personaje interpretado por Linda Hamilton y Emilia Clarke en la pantalla grande, y por Lena Heady en la poco exitosa serie de televisión. Es en Terminator 2 donde podemos ver a la decidida, cuasi fanática, guerrera en todo su esplendor. Una heroína infatigable, un tanto paranoica y muy carismática. Es por ello que merece estar en el puesto 2. 



1. Teniente Ripley 



Mi heroína favorita desde mi más tierna infancia. Ellen Ripley fue la única superviviente de la ya mítica Alien, el octavo pasajero y, desde ese momento, su destino quedaba ligado a una eterna lucha contra el xenomorfo en tres cintas más. Saga con altibajos pero con una heroína sin tachas, carismática, tenaz y valiente. Sin duda, que esté interpretada por Sigourney Weaver, una de las actrices más talentosas del cine, la ayuda a encumbrar mi particular lista. Su eterna lucha contra el alien le hizo pronunciar –en el tercer filme- una de las mejores frases -¿románticas?- del cine; “llevas tanto tiempo en mi vida que ya no recuerdo nada más”.





lunes, 4 de abril de 2016

Verdades incómodas



Titular del periódico La Vanguardia


Un tweet mío donde exponía un estudio psiquiátrico realizado en el sistema penitenciario y que revelaba que el 42% de los maltratadores tenían antecedentes psiquiátricos generó cierta controversia –básicamente sufrí la airada “contra-argumentación” de unas furibundas neofeministas-. Me acusaban de excusar los asesinatos y agresiones a mujeres. De nada sirvió que yo les explicara, con la infinita paciencia con la que he sido bendecido, que no buscaba excusas sino causas –creo que el matiz es importante-. De hecho, en ningún momento menciono que sean inimputables, irresponsables de sus actos ni que merezcan atenuantes. Simplemente cuestiono que la razón por la que el hombre mata a su mujer sea siempre ese machismo atávico, esa conciencia de género que lleva a convertir al agresor en un soldado de la causa machista internacional. 




Alguna de las "críticas" recibidas



Recurro para ello a un estudio psiquiátrico. Como dije en otras ocasiones, la corrección política se ha ganado la consideración de dictadura cuando una verdad demostrada y contrastable se intenta silenciar porque es políticamente incorrecto. Pero que una verdad sea incómoda, cause turbación o haga replantearnos lo que dábamos por sentado no deja de ser verdad. Quiéranlo o no, el 42% de los agresores tienen antecedentes psiquiátricos que pudieron influir de manera decisiva en sus conductas. Los mismos que me lanzan acusaciones furibundas por dar difusión a este estudio psiquiátrico son los que esperan que aceptemos la idea indemostrada de que todos los agresores de mujeres son movidos por una educación y valores sociales machistas. Máxime cuando la mitad de los asesinos domésticos de este país son extranjeros, aun cuando suponen apenas el 10% de la población del mismo, y no se han educado en ellos. 

De ese 42% señalado, el 67,5% padecen conductas adictivas –está demostrado que el consumo de sustancias psicoactivas puede llevar a alguien a matar a otro alguien-, el 22,8% sufrían ansiedad y depresión y el 9,5% trastornos de personalidad. Mis detractores señalaban que estos trastornos mentales no pueden influir en que se agreda o asesine. Seguramente los mismos que defienden la depresión posparto como causa de los quince a veinticinco parricidios cometidos por madres cada año. Es decir, sólo los trastornos mentales que convienen a mi ideología son los que conducen a crímenes. 

Siempre que un hombre mate a su pareja ha de ser por violencia machista. No cabe otra posibilidad. De hecho, el Instituto de la Mujer en Baleares se reunió con medios de comunicación para presentar un decálogo sobre cómo debe tratarse en los medios informativos los casos de asesinatos en el ámbito doméstico. Así mismo, la Fundación Gadesco elaboró un minucioso informe donde desglosaba 600 noticias sobre violencia hacia la mujer, para asegurarse que cumplían el decálogo. Circunstancias como el consumo de drogas, trastornos psiquiátricos o cualquier cosa que pueda desplazar la motivación machista en la causa del homicidio es directamente censurado en muchos medios. 

Es buen momento para recordar el caso de Javier Fernández, músico de la banda Los Piratas, abatido por la policía después de que su esposa hubiese alertado de su comportamiento agresivo. Fue anunciado en los medios como otro caso de violencia de género, y así habría pasado si la propia mujer del fallecido no hubiese enviado a dichos medios una misiva en la que aseguraba que no era un hombre machista o violento, sino una persona afectada de trastorno bipolar y que se hallaba bajo medicación. De hecho, pocos días antes del desgraciado incidente, el psiquiatra que le trataba suspendió su medicación creyendo –a todas luces equivocado- que no la necesitaba. Lo que parece un claro caso de presunta mala praxis por parte del experto que le atendía, se intentó pasar por un caso de violencia machista. La pregunta que nos hacemos es obvia, ¿cuántos casos similares habrán pasado por violencia machista y, a diferencia de el del músico, no se desveló la verdad?