sábado, 28 de noviembre de 2015

El mito de la brecha salarial




Mineros del carbón en Chile




Según datos de Eurostat, en Europa existe una brecha salarial media de alrededor de 17,5% entre trabajadores y trabajadoras. Este dato es frecuentemente esgrimido por el feminismo para denunciar una supuesta discriminación laboral que sufre la mujer por cuestión de sexo. La famosa “brecha salarial” está sustentada por un dato sesgado, del que han obtenido una conclusión falsa e interesada. 

Si un estudio revelara que los inmigrantes subsaharianos cobran un 37% menos, ¿pensaríamos que se trata indefectiblemente de racismo? ¿No barajaríamos otras posibilidades como situación irregular, víctimas potenciales de explotación laboral o menor formación profesional? ¿Por qué, entonces, cuando el feminismo dice que la mujer cobra, de media, un 17,5% menos, inmediatamente asumimos qué es por razón de sexo? Es una irresponsabilidad aceptar una conclusión tan drástica sin siquiera tener en cuenta otras opciones, otros datos en la ecuación. 

Si asumimos, por otra parte, que la razón de sexo no explica la brecha salarial, ¿qué razones pueden llevar a que el promedio de ingresos anuales sea significativamente menor en mujeres que en hombres? Veamos. 

Según el informe “employer blanding”, elaborado mediante entrevistas a 7.516 personas, reveló que hombres y mujeres siguen criterios muy diferentes a la hora de buscar empleo. Mientras que las mujeres encuestadas priorizaron la flexibilización de horarios, la conciliación de la vida laboral y social, buen ambiente y que la empresa estuviera ubicada cerca de su residencia, los hombres entrevistados eran más simples; salario y proyección. ¿Es descabellado pensar que esta diferencia de criterios a la hora de elegir trabajo tenga mucha mayor importancia en la brecha salarial que el “género”? 

Las cuatro carreras profesionales con más salida laboral y mejores salarios son las relacionadas a las áreas de informática, matemáticas y estadísticas, salud e ingeniería, mientras las que se encuentran al otro lado del espectro son artes, derecho, humanidades y arquitectura. Pues bien, tanto informática, matemáticas y estadísticas como en ingeniería, los hombres son superiores en número (sólo en el área de la salud se licencian más féminas que varones). O sea, tres de cuatro de las elecciones con mayor salida laboral y sueldos más elevados son realizadas mayoritariamente por hombres. Por su parte, de las carreras situadas al otro extremo, artes, derecho y humanidades son elecciones mayoritariamente femeninas. 

En 2010, hasta el 64% de los licenciados de Humanidades y Artes eran mujeres, así como el 74% de los docentes (área que ha sufrido numerosos recortes en los últimos años), mientras que sólo el 21% de las mujeres eligieron computación, y ocupan apenas el 32% de las licenciaturas de ingeniería y construcción. 

En España, las muertes en accidentes laborales siguen siendo una cuestión de género, habida cuenta de que el 95% tienen como víctima a varones. Asumir que un porcentaje tan elevado se debe a la simple casualidad es algo que ni el propio Lorente sería capaz de admitir (espero), por lo que podemos deducir que la mayor parte de los trabajos que más accidentes acumulan son elegidos por hombres. No es casualidad que trabajos como la minería, la construcción, el transporte o la pesca de alta mar están ocupadas principalmente por varones. Dichas profesiones, a diferencia de otras como la docencia, tienen pluses de nocturnidad y peligrosidad, además de larguísimas jornadas laborales y en días festivos, que deberían ser tenidas en cuenta a la hora de sacar conclusiones sobre la “brecha salarial”. Ninguna asociación feminista exige cuotas en esas duras y peligrosas profesiones. 

No digo que no existan hechos aislados de discriminación laboral por razón de sexo, pero vivimos tiempos en los que una mujer puede elegir libremente a qué dedicarse, y no necesita de este neofeminismo victimista para empoderarse. Un feminismo machista que no cree que una mujer pueda competir con un hombre sin bonos, cuotas y discriminación positiva.







miércoles, 25 de noviembre de 2015

10 Razones por las que digo NO al día contra la violencia de género




1. Porque sostiene la falsa idea de que la violencia doméstica es una cuestión de género. ¡El 17% de las lesbianas ha sufrido violencia por parte de su pareja! (datos de la British Crime Survey en un informe anual en el que se afirmaba que el 6% de las mujeres heterosexuales habían sufrido abuso doméstico en el mismo espacio de tiempo). Por su parte, el 47% de los gays de San Francisco afirmaban haber sufrido violencia por parte de su pareja (Universidad de San Francisco; Merrill y Wolve). ¿También estos agresores maltratan a su pareja por una cuestión de género? 



 2. Porque invisibiliza a más de dos tercios de la víctimas de violencia en el ámbito doméstico (los ya mencionados gays y lesbianas, así como los menores, ancianos y dependientes). 



 3. Porque los recursos destinados a combatir la violencia doméstica sólo se invierten en atender a un tipo específico de víctimas (mujeres heterosexuales) ignorando a más de dos tercios de los afectados (mujeres lesbianas, hombres heterosexuales y homosexuales, menores, padres, abuelos y dependientes). 



 4. Porque ayuda a perpetuar el problema, en lugar de ofrecer soluciones verdaderamente eficaces (a las estadísticas de los últimos diez años me remito) emitiendo un diagnóstico deliberadamente falso. Culpar al “patriarcado” de la violencia no explica la violencia doméstica en parejas del mismo sexo, ni la violencia a menores, etc. 



5. Porque alimenta una industria que se ha mostrado ineficaz en la lucha contra la violencia (vuelvo a remitirme a las estadísticas de los últimos diez años) destinándose millones de euros en subvenciones públicas cuyo paradero es confuso. 




6. Porque el concepto “violencia de género” además de demostrarse impreciso es responsable de la aprobación de leyes como la LIVG, que no sólo NO ha hecho descender el número de víctimas sino que ha aumentado el número de injusticias atentando a derechos básicos como el derecho a la presunción de inocencia (recogido en el artículo 11 de la Declaración Universal de Derechos Humanos) y condena a diferentes penas de cárcel a personas de distinto sexo por el mismo delito. 




7. Porque es utilizado como herramienta política para obtener rédito económico o electoralista. 




 8. Porque se ayuda a crear la imagen de que la mujer es el único (o, al menos, el principal) blanco de la violencia, cuando más del 80% de la víctimas de agresiones físicas y/o sexuales y homicidios son varones (en Estados Unidos se reportan más casos de violaciones en centros penitenciarios que violaciones a mujeres en las calles). 




9. Porque las víctimas de maltrato son usadas sin pudor. 




10. Porque es una “propuesta” vacua que no aporta soluciones, pero es un arma política para que algunos partidos obtengan votos y subvenciones que han demostrado ser inútiles. Las soluciones verdaderas empiezan por hacer un análisis profundo de las causas de la violencia doméstica (cosa que no interesa a los “expertos” de género). Por estas razones digo No al día contra la violencia de género.







martes, 24 de noviembre de 2015

Carmena Genisys







Carmena Genisys Año 1993. La jueza Carmena, un terminator decrépito al servicio de la filial de Skynet en España; el BBVA, accede al decanato de Madrid y duplica el número de desahucios. Entre Abril y Mayo de 1994, el departamento de notificaciones y embargos de los juzgados de la plaza de Castilla notificó la ejecución de 36 desahucios diarios (el doble de antes de la llegada de Carmena). Pero en 2008, en una España post-apocalíptica, un grupo de revolucionarios con cierta animadversión a la Troika y a la higiene personal acamparon en la Puerta del Sol. Aquel aquelarre de discursos del comunismo más rancio y reaccionario y el más casposo mesianismo bolivariano era tan carca que provocó una distorsión en el campo espacio-tiempo que trajo al elegido desde 1917; su nombre era Pablo Iglesias. 

Armado con una camisa cutre de Alcampo y caspa en la coleta para derribar un Airbus, Pablo Iglesias decidió acabar con el terrible libre mercado para imponer una bonita sociedad comunista, como la de Camboya. Su primer objetivo, atrapar a la jueza Carmena y resetear su CPU para unirla a la causa. Gracias a la ingente introducción de datos populistas, Carmena pasó de implacable desahuciadora a defensora de la justicia social por un precio no módico. Había comenzado la leyenda de Carmena. 

Carmena se rodeó de cómicos como Zapata o Alba López Mendiola, que entró en el consistorio con un collar en forma de pene por si a alguien le quedaba alguna duda de que era imbécil.








Con este equipo de élite, el ayuntamiento de Madrid se llenó de burgueses vistiendo como una parodia de proletarios, decididos a acabar con la corrupción moral capitalista e implantar la tolerancia de los gulags y los medios de comunicación estatales. Cuando un atentado yihadista golpeó París, Carmena decidió hacer frente a la amenaza integrista combatiéndola implacablemente con la palabra y la razón. El azote del fundamentalismo fue enviado a Siria para poner contra las cuerdas al ISIS con su diálogo y darles jaque mate con la comprensión y la multiculturalidad. A pesar de que nadie apostó por la estrategia podemita, Carmena consiguió lo impensable, que los terroristas sólo torturaran y asesinaran en Siria.  

Después de este flagrante éxito, el amado líder Pablo Iglesias, encargó al científico Pablo Echenique, licenciado en ciencias por la universidad de Quimicefa, la construcción de una máquina del tiempo. El objetivo; enviar a Carmena al pasado para dialogar con los nazis y evitar la II Guerra Mundial. Nadie sabe qué sucedió en el pasado, pero el presente cambió por completo. 









Hitler se convirtió en un afable turista sexual de Cuba. Conoció a Doña Luisa y tuvo a tres mulatos.








sábado, 21 de noviembre de 2015

¿Violencia estructural?





Cuando el presidente extremeño Antonio Monago decidió equiparar la violencia doméstica en el ámbito de las parejas homosexuales con la mal llamada violencia de género, el Ministerio de Sanidad e Igualdad –administrado por sus compañeros de partido- pusieron el grito en el cielo. “No pueden equipararse ambas violencias porque tienen orígenes distintos”. Es decir, si un gay agrede a su pareja lo hace por celos, sentido de posesión, dominación o, simplemente, porque es violento, pero cuando es un hombre heterosexual, dicha agresión responde a una defensa de privilegios de género, para perpetuar un machismo ancestral, atávico y organizado, perfectamente meditado para que todo un género –que generoso es el agresor, pensando en sus “congéneres”- siga conservando su hegemonía sobre el género femenino.

En otras palabras, es una guerra –o, mejor dicho, un exterminio- de dos bandos históricamente antagónicos –hombres y mujeres- y cada agresor doméstico es un militante en defensa de los privilegios masculinos –que alguien me especifique cuales-. Cuando un hombre mata a su mujer, lo hace en respuesta a un aumento de los derechos de estas, o al recorte de privilegios masculinos. No lo hace por celos, sentido de posesión, dominación en el ámbito doméstico o, simplemente, porque es violento. Las causas ya están claras; defensa de privilegios masculinos y contra la emancipación y empoderamiento del sexo femenino. Lo peor es que tamaña imbecilidad se ha convertido en un axioma, en una verdad manifiesta, y cualquier sedición de esta corriente de pensamiento debe ser duramente reprimida al grito de ¡machista! ¡si no lo veis así, sois parte del problema!

Deberíamos empezar a protestar de manera seria contra este fraudulento e interesado diagnóstico, por parte de un gobierno que ve como un triunfo el que se incremente el número de denuncias por violencia de género, cuando el número de muertes sigue siendo constante. Deberíamos empezar cuestionar si los que de verdad son parte del problema no son aquellos que, presuntamente, intentan combatirlo. Si la mala praxis de este neofeminismo –cuya inutilidad ha quedado suficientemente demostrada en las estadísticas- no es el verdadero escollo para solucionarlo. Pero no, es una verdad manifiesta –un dogma, si lo prefieres- que la violencia de género es la defensa de privilegios de una clase dominante sobre otra dominada. Y punto.







Pero lo que más llama la atención es que entre los numerosos colectivos que atacaron la propuesta de Monago se hallaban muchos LGTB –incluyendo el presidido por Boti García-. Es decir, decenas de colectivos homosexuales consideraron inapropiado equiparar la violencia doméstica en parejas homosexuales con la que tiene lugar en parejas heterosexuales. ¿Qué razón puede esconderse detrás de esta actitud de rechazo ante una medida que les beneficia? ¿Es porque contradice la teoría defendida por las principales corrientes feminista de que la violencia es estructural y siempre ejercida por el “género privilegiado” hacia el “género oprimido”? ¿Es porque no quieren reconocer que no es un problema de machismo, sino de actitudes tóxicas y dominantes y que, por tanto, puede tener lugar en cualquier tipo de pareja? ¿Es porque quieren proteger la industria? ¿O todas las respuestas de las cuestiones planteadas son afirmativas? Lo dejaré a vuestro criterio.


En cualquier caso, la violencia doméstica en el ámbito de parejas homosexuales es muy real, aunque no sea reconocida por los propios colectivos que dicen representar y proteger los intereses de los gays y lesbianas. Un estudio de la Universidad de San Francisco –que cuenta con la más importante comunidad LGTB del mundo- a cargo de Gregory S. Merrill y Valerie A. Wolfe denunció que ¡el 47% de la población gay estudiada! había sufrido alguna agresión de su pareja. De ellos, el 13% manifestó que habían intentado ser agredidos sexualmente con el ánimo de quedar infectados de VIH. Pero la violencia doméstica en el ámbito homosexual es un problema diferente porque no es estructural y bla, bla, bla.

La existencia de violencia en el ámbito de las relaciones homosexuales es un tabú para el neofeminismo porque es la prueba palpable de que las relaciones abusivas de poder no tienen que ver con el sexo de la víctima y del victimario. El neofeminismo silencia de manera descarada la violencia en las relaciones gays porque es la demostración de que “la defensa de privilegios” es una teoría sin la más mínima lógica. Homosexuales de todo el mundo, vosotros también sois víctimas del neofeminismo. También os mienten, silencian la violencia doméstica que padecéis, la sitúan a diez escalones por debajo de la única que parece importar en este mundo; la violencia del hombre hacia la mujer. La verdad está ahí, a golpe de Google. Sólo requiere la valentía suficiente de querer buscarla.












miércoles, 18 de noviembre de 2015

El impago de pensión; una nueva forma de violencia de género.




El govern de las Islas Baleares, a cuyo frente encontramos a la socialista Francina Armengol, ha decidido incluir una polémica medida en la burlonamente llamada Ley de Igualdad que tendrá vigor el próximo año; el impago de la pensión de alimentos será considerado violencia de género.

Es necesario aceptar que, en caso de divorcio, el sostenimiento económico del menor debe ser considerado prioritario –incluso anteponiendo, si es preciso, a los derechos y prioridades de los progenitores-, y que, hasta la implantación de la custodia compartida en todas las regiones de nuestro país, el pago de la pensión alimenticia es de obligado cumplimiento.

En dicha medida se asegura que, sólo será aplicable en los casos en los que el exmarido se encuentre en disposición de pagar la pensión alimenticia y se niegue a ello. Sin embargo, no recoge qué cantidad concreta de ingresos es suficiente para que ese exmarido se considere en disposición de pagarla. Así pues, siendo el salario medio bruto en las Islas Baleares –dónde el gobierno socialista aprobará dicha medida- de 1.509 euros, despojarle de 500 euros –un tercio de su sueldo- o 640 –en el caso de que tenga dos hijos-, ¿no es despojar a una persona de su dignidad? ¿Cómo actuarán en los casos en los que un hombre gane 1.000 euros y esté en disposición matemática de satisfacer el pago, pero se enfrente a la terrible perspectiva de llevar una vida precaria, subsistiendo con apenas cuatrocientos o quinientos euros? Ya que la medida no responde a esas preguntas, ¿significa que se dejará a criterio de un juez de violencia de género si el padre es considerado incapaz de responder al pago de la pensión o es un “escaqueado”? La sola arbitrariedad de esta medida ya es suficiente para cuestionarla.

La izquierda española ha criticado enérgicamente que el actual salario mínimo -648 euros- es insuficiente para garantizar la dignidad del trabajador –y, mucho menos, alentar al consumo y combatir la crisis- pero mientras que, con la mano diestra alza el puño en defensa del trabajador y contra la precariedad laboral, con la mano siniestra condenará a miles de hombres a dicha precariedad. Doble moral, sin embargo, muy común en la izquierda, pues la paladín de los desahuciados Ada Colau, mira a otro lado ante un tipo concreto de desahucios; el de los miles de hombres que se ven obligados a abandonar sus casas y, a menudo, deben volver a vivir con sus padres –quien tiene la suerte de poseer tan inefable ayuda-.

La medida tiene un claro objetivo; alentar a las denuncias por violencia de género. La propia administración comprobará, en caso de producirse la separación formal, si el exmarido está dado de alta en la Seguridad Social, e instará a la mujer a que interponga una denuncia. El socialismo al servicio de la Industria de Género, y viceversa.

El concepto “violencia de género” se ha convertido en la legitimación por parte del neofeminismo para lucrarse a costa del recorte de derechos del hombre, y sacar beneficio de la brecha y conflicto entre hombres y mujeres. Lejos de aportar soluciones para promover la igualdad, y construir un modelo donde hombres y mujeres no estén enfrentados en una guerra que, de manera natural, no se da entre ambos sexos, se dedican a alejarnos aún más.

La sensación generalizada en España es que ser padre es una “profesión” de alto riesgo. La tasa de natalidad en nuestro país –una de las más bajas del mundo- no se explica sólo por la incorporación de la mujer al trabajo o la crisis. El miedo de muchos hombres a ser “puteados” en los procesos de divorcio sea normalizado en nuestra sociedad con un coste terrible.

Pero no caigamos en su juego. El conflicto entre hombres y mujeres es artificial, y sirve a intereses partidistas y neofeministas. Es la hora de demostrarles que hombres y mujeres nos necesitamos unos a otro y la igualdad –la verdadera, la “buena”- sólo puede construirse juntos, o no se hará.







domingo, 15 de noviembre de 2015

El terrorismo yihadista; una cuestión de género








La noche del viernes, más de ciento veinte personas morían a manos de terroristas islamistas radicales. Una nueva demostración de fracaso de la Alianza de Civilizaciones, la infecunda iniciativa de un presidente mediocre –Rodríguez Zapatero- ávido de reconocimiento internacional. Además de ser un evidente plagio de otra propuesta anterior, el “Diálogo” de Jatami de 1998, la Alianza de Civilizaciones incurría en un error de base; no existe (ni debe existir) diálogo con países que violan los Derechos Humanos.

Si se entienden que dichos derechos son inalienables de la condición humana (esto es, que nacen con el ser humano por el hecho de serlo) y no de la cultura en la que alguien nace, ¿cómo establecer siquiera la posibilidad de conversar con países donde no existe libertad sexual, religiosa o igualdad de derechos?

Tan sólo pocos meses antes de la propuesta, unas bombas con metralla habían segado la vida de casi doscientas personas en la estación madrileña de Atocha. Poco después morirían más de cincuenta en los atentados de Londres, y el fundamentalismo se ha cebado ahora con el pueblo francés, desde el ataque al seminario Charlie Hebdó hasta los ocurridos la noche del 13N.

Cuando Francia aún llora la muerte de tantos, y sigue identificando cadáveres, y los médicos se afanan para que la cifra se quede en “sólo” ciento veintinueve asesinados, y sobrepasando el límite democrático de la idiotez, Laura Freixas puso a prueba nuestra capacidad para la estupefacción con el siguiente tweet.








Por su parte, Barbijaputa nos aportaba también su sabiduría.







Ya que a Barbijaputa le encantan las metáforas infantiles (su analogía sobre agresiones sexuales y camareros que reparten copas envenenadas en una fiesta aún me arrancan una sonrisa tierna), le explicaré lo desacertado de su tweet con otra comparación infantil pero muy ilustrativa.

Imagina que tres negros entran en un centro comercial armados con kalashnikov y masacran a todo aquel con el que se tropiezan. Supongamos que la investigación determina que no hay ideología política ni racial, ni de ninguna otra índole. Es decir, se trata de matar por matar. ¿Tendría sentido mencionar que son negros? ¿Es una información imprescindible para comprender lo sucedido? Si todos los titulares de prensa hicieran especial hincapié en que son negros, ¿sería una manera ética de informar sobre la matanza? Obviamente no, porque la raza no ha tenido relevancia en ese ataque.

Sin embargo, para Barbijaputa, el sexo de los atacantes tiene tanta importancia como los motivos religiosos que impulsó a los fanáticos a inmolarse luego de perpetrar la peor masacre en Europa desde el 11M. O quizás más importante aún.

Este es otro ejemplo del incomprensible e hipócrita concepto de multiculturalidad de los rojillos de consigna y panfleto, dónde mencionar la religión de un terrorista religioso es islamofobia, al tiempo que atacan con inusitada virulencia al catolicismo. Como Sánchez o Iglesias cuando dice que se deben retirar los crucifijos de las aulas –cosa que me parece bien- pero defienden, al mismo tiempo, que en los comedores escolares se sirva carne de animales sacrificados al rito Halal para niños musulmanes –frivolidad que paga el contribuyente, por cierto-.

Socialismo revanchista cuya prioridad no es construir una sociedad mejor basada en sus principios, sino vengarse de una guerra que perdieron ochenta años atrás. Sin hacer alardes de amor patrio –he dicho en incontables ocasiones que ser español no me produce, precisamente, una especial satisfacción- no pude evitar sentir envidia al ver a los parisinos, cuando más arreciaba las bombas y los disparos, entonar al unísono la Marsellesa. El socialismo español, con Sánchez e Iglesias a la cabeza, seguido de la turba acomplejada que les idolatran en las redes sociales, no habrían desaprovechado la ocasión para tildar el momento de rancio, casposo y –la palabra mágica- fascista.

Pero al margen de ese nuevo e inmoral intento de “masculinizar” la violencia -que redunda en tantos beneficios para estas neofeministas- se les ha olvidado mencionar que había una mujer en el ataque perpetrado el 13N, como hubo otra mujer –Hayat Boumeddiene- en el atentado contra el seminario francés, como tantas otras detenidas en Gran Canarias, Ceuta, Melilla y otras parte de la geografía española en labores de captación de niñas y jóvenes para ser convertidas en esclavas sexuales.


Pero sí, el terrorismo yihadista también es una cuestión de género…   






La verdadera historia de la Ley de Violencia de Género que no te han contado. En sólo dos minutos; AQUÍ



jueves, 12 de noviembre de 2015

La historia de Francys y Sergei Arsentiev



El matrimonio de escaladores Francys y Sergei 

Este artículo va dirigido a esa ala del feminismo lésbico que considera el amor heterosexual poco menos que una abominación contra natura e impuesta. La historia que aquí relato es real. Una historia que hace añicos cualquier vano e impotente intento de denostar el infamado “amor romántico” por parte de ese feminismo integrista y destructivo.

Tiene lugar en la llamada Zona de la Muerte. Un infierno blanco y gélido por encima de los ocho mil metros de altura, en el Everest. Una yerma extensión de menos de un quilómetro de longitud a unos treinta grados bajo cero –en un buen día-, y con una cantidad de oxígeno respirable que no llega a un tercio de lo que se considera adecuado para vivir. Lo macabro de ese infierno en las alturas es que si un montañero sufre el temido “mal de altura” –hipoxia cerebral por la escasez de oxígeno respirable-, caídas severas, roturas o cualquier otra complicación importante, nadie puede ayudarle a bajar. Teniendo en cuenta que un montañero experimentado necesita hasta tres respiraciones por cada paso, intentar llevar a cuestas –o, acaso, arrastrar- a otra persona es una quimera. Los helicópteros, por supuesto, no pueden operar allí arriba.

Si tratar de ayudar a un herido a descender es virtualmente imposible, bajar un cadáver es inasumible. Por tanto, en la Zona de la Muerte del Everest se hallan más de cuarenta cuerpos que están justo en el lugar donde cayeron, y que, a menudo, es utilizado por los expedicionarios como puntos de referencia.


Cadáver en el Eeverest 


El 22 de mayo de 1998, el matrimonio de aventureros formado por Francys y Sergei Arsentiev se propuso una de las cosas más difíciles y desaconsejables que pueden hacerse en este planeta; coronar la cumbre del Everest sin oxígeno extra. Y, tras lograr hacer cima en el pico más elevado de la Tierra, debieron sentirse tan henchidos como el enloquecido capitán Ahab cuando arponeó el lomo de su odiado leviatán. Sin embargo, de la misma manera que el arpón que mató al monstruoso cachalote arrastró con él al aciago y enardecido capitán, el vengativo Everest pareció enfurecerse con aquella intrépida pareja que lo había conquistado, y quiso hacer lo propio.

El clima comenzó a endurecerse, y el descenso fue más complicado de lo que los felices Arsentiev habían supuesto. Se demoraron demasiado, y lo peor que podía sucederles se hizo terriblemente real; la noche los atrapó en la Zona de la Muerte. Francys y Sergei se separaron. En la negritud de la noche, con el viento chillando en la cumbre y sin fuerza en los pulmones para gritar, encontrarse era prácticamente imposible. Sergei tomó la decisión más razonable; volver al campamento base. Su mujer haría lo mismo y, probablemente, se reencontrarían allí, añadiendo aquella anécdota a la sorprendente aventura que habían experimentado.

Es impensable imaginar la desoladora sensación que debió de embargar al expedicionario, cuando el resto del equipo instalado en el campamento base le dijo que Francys no había descendido de la cumbre. Sergei resolvió ascender de nuevo pertrechándose, esta vez, con varias botellas de oxígeno. Ahora no se trataba de una aventura que contar a los amigos, sino de volver a vencer a la montaña y recuperar lo que le había arrebatado.

De nada sirvió los sabios consejos de los expedicionarios, y sus terribles advertencias; ascender a la Zona de la Muerte en plena noche era un suicidio. Para Sergei, la loca esperanza de encontrar con vida a Francys y descender con ella no le daba otra opción. Sabía que las posibilidades de hallarla viva eran escasas, y aún más que los dos regresaran sanos y salvos, pero las matemáticas era lo que menos le preocupaba en ese momento. Su mujer estaba en algún lugar, desorientada, azotada por lacerantes ventisca, preguntándose, quizás, dónde estaba Sergei. Los expedicionarios vieron al desesperado hombre desaparecer en la maliciosa oscuridad del Everest. Ellos esperarían a la mañana para atacar la cumbre y, con suerte, ayudarles a descender.

La mañana del 23, otra expedición se tropezó con Sergei, que había pasado toda la noche ascendiendo palmo a palmo, infatigable. Fue la última vez que fue visto con vida. La expedición de los Arsentiev, por su parte, inició la operación de rescate y encontró a Francys el día 24, acurrucada en una grieta, buscando el abrigo de la montaña. Había sobrevivido dos noches sola, en la oscuridad, a una temperatura próxima a los sesenta grados bajo cero y sin oxígeno extra. El equipo constató que sufría extrema congelación, y empezaba a tener sueño –lo que representaba una nefasta señal-. La expedicionaria no podía moverse por sí misma y eso, en la Zona de la Muerte, significaba que ahora pertenecía a la montaña.

Durante una hora, los expedicionarios asistieron a la extenuada Francys, pero debían tomar una difícil decisión; cada minuto que pasaban allí ponía en peligro la vida de los expedicionarios. No podían hacer nada por ella. El Everest se había cobrado su pago.

Años después, una de las expedicionarias, Cathy O´Dowd, recordaba en unas terribles declaraciones que Francys no paraba de suplicar, entre sollozos, y con una voz apenas audible, que no la abandonaran, mientras el equipo se alejaba de la cruel y triunfante montaña. Ocho años después, el mismo equipo que se vio obligado a abandonarla regresó al Everest y tributó a Francys con una bandera de su país.

El cuerpo de Sergei, por su parte, fue encontrado un año después de los terribles sucesos. Se había despeñado por una ladera en mitad de la noche, a no mucha distancia de donde se hallaba su mujer. Sergei podría haber sobrevivido si no hubiese desoído los consejos de su equipo la noche que consiguió descender de la montaña, pero para él no cabía otra opción. Cogió unas botellas de oxígeno y volvió a la montaña, donde Francys le esperaba.



Francys y Sergey




El cuerpo de Francys   






lunes, 9 de noviembre de 2015

La violencia de los no-violentos



Cartel promocional de la manifestación


La industria de género hizo el siete de noviembre una declaración de fuerza. La expresión de la influencia que ejerce un movimiento al que ninguno de nosotros ha votado y que, sin embargo, legisla leyes discriminatorias, se cuela en nuestra educación, tratando de moldear la sociedad usando una ingeniería social de ética cuestionable -que recuerda estremecedoramente a la eugenesia nazi-, por no mencionar que recibió este año 1.200.000 euros de subvenciones públicas, sin contar el dinero procedente de marcar la casilla de fines sociales en la declaración de la renta. Todo, repito, sin que nadie haya podido decidir, democráticamente, si lo cree necesario o conveniente.

Y no lo haríamos, teniendo en cuenta –en palabras de Prado Esteban- que sólo el 1,7% de la sociedad española se declara feminista. He aquí la primera paradoja. ¿Cómo puede un movimiento con tan escaso apoyo popular como el feminismo tener esa capacidad para legislar, adoctrinar y beneficiarse de tanto dinero público? Ese sería un tema de discusión interesante que abordaremos en otro momento. En cualquier caso, que un movimiento que controla los medios de comunicación y que ha parasitado la mayoría de los partidos políticos –con mayor o menor presencia- sólo genere simpatías en el 1,7% de los españoles ya es un dato bastante significativo. Es por eso que Prado Esteban vuelve a acertar, indudablemente, cuando dice que el feminismo no sobreviviría si no fuera subvencionado por el estado y estuviera fuertemente protegido por las instituciones. Pero, como dije antes, esa es otra historia.

El caso es que, el pasado 7N, un puñado de gente salieron a defender –sin saberlo- una industria que se alimenta del dolor y la muerte. Resultaba revelador el hecho de que las más ruidosas y agresivas eran, precisamente, muchachas jóvenes que nunca han sufrido en sus carnes el yugo de ese críptido patriarcado. Y recurriendo a esas afrentas que no han sufrido, justificaban el enarbolar pancartas con consignas tales como ante la duda, tú la viuda.

Otro puñado de gente se manifestó en contra de la violencia doméstica, que no excluye, por supuesto, la violencia hombre-mujer, sino que acoge otras formas de violencia que se ejerce en el ámbito doméstico como la violencia hacia el hombre, hacia los niños –mayor blanco de la violencia que la mujer, sin duda-, y el maltrato hacia los progenitores –la violencia de hijos a padres también ha crecido en los últimos años-. Pero lo que parece un mensaje simple, obvio, lógico, es objeto de una enorme hostilidad por parte de este neofeminismo, empeñado en colocarnos anteojeras para que sólo podamos mirar un único tipo de violencia. Para que sólo se hable de un único tipo de violencia. Aquella que le dan dinero o rédito político.

Y aquella gente que portaban aquellos mensajes tan simples y lógicos (asociación GenMad y gentes afines) fue increpada, amenazada y agredida por aquellos que se estaban manifestando contra la violencia. Algunos llegaron a desear que las mujeres que defendían acabar con la violencia doméstica pasasen a engrosar las listas de mujeres asesinadas por sus maridos. Es como manifestarse para acabar con el ISIS, y al tiempo desear que el ISIS masacre a quienes discrepen de nosotros.

En tiempos pretéritos ser feminista era impopular, y no un postureo social, era perjudicial para tu estatus económico, y no una oportunidad de lucro, era perseguido por el gobierno que los oprimía, y no subvencionado y protegido por quienes –aseguran- son sus enemigos. En esos tiempos ser feministas era lo razonable.


En tiempos actuales ser igualitarista es sufrir el continuo descrédito de ideologías imperantes –como el feminismo-, es una lucha que no llena tus bolsillos nada más que de realización personal, y nos enfrentan a quienes ostentan el poder. En estos tiempos ser igualitarista es lo razonable.   






viernes, 6 de noviembre de 2015

La súper-heroína Purple Witch



Portada del primer capítulo de Purple Witch.


Estalla la bomba en la última edición del Comic-Con de San Diego. El productor Kevin Feige, encargado del universo cinematográfico de Marvel, ha presentado el cómic de la nueva súper-heroína feminista Purple Witch. Hablamos con su autora, Donatella Jiménez, autora de cómics y activista feminista.



Entrevistador.- Hola, Donatella. ¿Puedo tutearte?

Donatella Jiménez.- No.


E.- Primero felicitarle por el enorme éxito de su obra, Purple Witch, que ha llevado a la prestigiosa editorial Marvel a…

D. J.- Bueno, ha sido un éxito moderado.


E.- ¿Éxito moderado?

D. J.- En la lista de ventas, concretamente por detrás de la novela de Olvido Hormigos, pero como la editorial inició una política de cuotas para incluir súper-heroínas, contactó conmigo. Yo había perdido la esperanza de que alguien leyera eso y ya había comenzado un curso de CCC de guitarra flamenca.


E.- ¿Por qué Marvel inició esa política de cuotas? ¿Los lectores demandaban eso?

D. J.- En realidad no, y las feministas ni siquiera hemos leído un cómic en nuestra vida, pero el mundo del cómic era del último que nos quedaba por quejarnos, y decidimos sentirnos ofendidas por nuestra exclusión. Entonces hicimos lo que solemos hacer para conseguir nuestros propósitos, usar métodos pacíficos de presión, chantaje, victimización y coacción para imponer nuestra visión. Y por fin tenemos el primer cómic de súper-héroes según la perspectiva feminista.


E.- ¿“Decidimos sentirnos ofendidas”? ¿He oído bien?

D. J.- Sí, desde el feminismo tenemos la necesidad de sentirnos ofendidas por algún colectivo al menos dos veces al mes. Hoy me ha dado por sentirme ofendida por el mundo del cómic e igual mañana me da por, no sé, ¿el budismo?


E.- ¿Qué puede contarnos de Purple Witch?

D. J.- Que es un auténtico coñazo.


E.- ¿Cómo?

D. J.- Sí, el cómic es un auténtico coñazo. Desde la asociación feminista MAMA, y para luchar contra el lenguaje sexista, la expresión “coñazo” significará “divertido” a partir de ahora.


E.- Sí, he visto que los bocadillos de las viñetas utilizan expresiones neutras para combatir el lenguaje sexista.

D. J.- Así es, queríamos adaptar el lenguaje para no ofender a ningún colectivo LGTB y, como resultado, comprender lo que pone en los bocadillos es más difícil que hacer un sudoku.


E.- Cuéntanos quién es Purple Witch.

D. J.- La historia cuenta las aventuras de Valeria Solano, una mujer adoctrinada por el patriarcado para ser heterosexual que se casa con un hombre normal; un padre irresponsable que se pasa el día viendo fútbol y bebiendo cerveza. Tampoco hemos querido abusar de clichés.


E.- ¿Cómo se convierte en súper-heroína?

D. J.- Valeria Solano decide divorciarse de Patrick, su marido, y éste la maltrata pidiéndole la custodia compartida del pequeño, un niño de diez años transexual. En una manifestación feminista conoce a Belén Gustafsson, de la que se enamora, liberándose de las cadenas opresoras del amor heterosexual de esta sociedad heterocentrista. Eso produce una catarsis que le lleva a liberar todo su potencial cerebral. He querido hacer una historia de súper-héroes realista, como el Batman de Cristopher Nolan.


E.- Háblenos un poco de usted, ¿qué le llevo al feminismo?

D. J.- Soy atea.


E.- No entiendo lo que ha querido decir…

D. J.- Es posible que sea porque mi respuesta no está en absoluto relacionada con la pregunta que me has formulado, pero tenía la necesidad imperiosa de decir que soy atea. De hecho, suelo decirlo cada diez minutos. Así, sin más.


E.- Vale, ¿cuándo comenzó su activismo?

D. J.- Soy feminista desde hace aproximadamente dos semanas. Justo cuando me di cuenta de que esta sociedad patriarcal me oprimía. No me dejaba salirme con la mía en el divorcio.


E.- Entiendo. Bueno, ha sido un placer, ¿quiere dirigirse al público?

D. J.- No.


E.- Buenas tardes, Donatella.

D. J.- Soy atea.


E.- Ya.



Estas son algunas de las reacciones de los lectores de Purple Witch.



Era necesario un cómics de una súper-heroína feminista. La sociedad lo pedía a gritos, según nuestras encuestas feministas.” Gertrudis Sttutmeyer, presidenta de la asociación MAMA.



Una mujer que descubre que la sociedad la ha empujado a la heterosexualidad pero termina descubriendo el liberador amor lésbico. Tiene mucho sentido.” Beatriz Gimeno, profesora de… asesora de… no se sabe muy bien su oficio.









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lunes, 2 de noviembre de 2015

Feministas contra el feminismo




En esta ocasión me he limitado a recopilar algunas reflexiones hechas por mujeres que militan o han militado alguna vez en el feminismo. Es el primer artículo que no he escrito personalmente, sino que ha sido “obra” de mujeres como Prado Esteban o Doris Lessing. Revolucionarias que abandonaron el dogma imperante, secesionistas del canon feminista que, en algunos casos, fueron duramente represaliadas por la heterodoxia del movimiento. Éstas son algunas de ellas:



Elisabeth Badinter (escritora francesa, historiadora y profesora de filosofía)


Desde finales de los ochenta, el feminismo va a la deriva […] está resucitando los viejos estereotipos prefeministas más trasnochados. […] la imagen que tienen de la mujer oscila entre la de un niño impotente y la reina-madre. […] una mujer-niña irresponsable, una mujer que no sabe decir que no y que necesita protección.”

Hay engaño intelectual, el discurso feminista se apoya sobre cifras infladas artificialmente y en argumentos, a menudo, tergiversados.”



Camille Paglia (escritora y profesora estadounidense)


Los hombres se han sacrificado y lisiado a sí mismos física y emocionalmente para alimentar, alojar y proteger a las mujeres y niños. Ninguno de sus sufrimientos y logros es registrado por la retórica feminista, que retrata a los hombres como explotadores opresivos e insensibles.”




Doris Lessing (escritora, premio nobel)


El desprecio automático en la confrontación con los hombres ya se convirtió en parte de nuestra cultura.”

Hay mujeres mediocres que pueden insultar a hombres más inteligentes y amables que ellas sin que se eleve la más mínima protesta.”




Prado Esteban (activista política y social, anarquista)



Estoy en contra de la tutela institucional de las mujeres […] en contra del complejo de inferioridad femenino, en contra del victimismo y el resentimiento de grupo o de clan. Estoy en contra de leyes para “proteger” y “privilegiar” a las mujeres a cambio de obediencia. […] el feminismo sobrevive sólo porque es subvencionado y protegido por las instituciones […] es una parte más de los órganos de gobierno de la sociedad.”





Amparo Medina Guerrero (pedagoga social y extrabajadora en la ONU)


El feminismo ha sido comprado por organizaciones como la ONU, que les entrega mucho dinero. Es un feminismo vendido a instituciones internacionales […]”






Sin duda, reflexiones que te hacen mantener la fe en la humanidad.





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