lunes, 28 de septiembre de 2015

Flora y fauna del feminismo: Jessica Fillol




Jessica Fillol sonriente en la foto


Entre la ecléctica flora y fauna del feminismo español encontramos a una ciberactivista de cuestionable proceder; Jessica Fillol. Es una feminista promedio, esto es, tergiversadora, amante de las falacias del hombre de paja, y sofista (en el mal sentido de la palabra), pero tiene sus contradicciones propias de una persona que posee una ideología que se coge por los pelos, y un intelecto discreto, sin alarde de excesos. 


Pero, ¿quién es Jessica Fillol? Poca gente la conoce fuera de su Prat de Llobregat natal, salvo un reducido círculo de feministas ciclotímicas de internet. De hecho, ese modesto éxito ha sido todo lo que ha podido conseguir en seis años de ciberactivismo político como miembra del PSC. No fue una experiencia grata para ella, que terminó despotricando sobre sus antiguos compañeros. 


En aquellos años, llegó a publicar un libro en la dudosa (y creo que desaparecida) editorial Styria titulado El catecismo de Jiménez Losantos, que no tuvo ni muchas ni muy buenas críticas. Uno de los pocos que tuvo la desatinada idea de adquirir aquella excrecencia literaria escribió en el apartado de críticas: “Escritora mediocre que quiere vender su libro basándose en el prestigio de Federico. Es una crítica al mismo, soez y vulgar”


Viendo que no encontraba su vocación, la errática Jessica Fillol comienza a interesarse en el feminismo. Pero vayamos a lo realmente importante. Quiero compartir con vosotros un aterrador documento gráfico que ha caído en mis manos. Una serie de videos que despiertan un terror atávico, innominado, y que fue causa de pavorosas pesadillas; la boda de Jessica Fillol.



 



No sabemos con qué oscuros propósitos publicó Fillol en YouTube estos terroríficos vídeos, pero es necesario señalar, en aras del excelso arte de la poesía, que la métrica del poema que recita Mortadelo a Jessica Fillol es irregular.



 



En este vídeo se demuestra hasta dónde puede llegar la maldad de Jessica Fillol. ¿Por qué creyó necesario compartir esto con nosotros? ¿Qué maligno objetivo oculta detrás? La madre de la feliz y hermosa novia le dedica una canción del dúo Pimpinela y todos prorrumpen en lágrimas ante tan emocionante canción. Derroche de glamour.



 







Así fue el día más feliz de la vida de Jessica Fillol, y viendo estos documentos gráficos, hoy puede ser el día más terrorífico de vuestras vidas.



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Heil Macarena, la otra cara del femenismo actual español. AQUÍ



viernes, 25 de septiembre de 2015

Huyendo del problema








Me siento catalán; no me siento español”. Si el debate sobre la cuestión catalana termina con una apelación a los sentimientos nacionalistas (sea lo que sea que signifique eso), el debate está perdido. Los sentimientos son personales e intransferibles y, por definición, son lo contrario a la razón. Pero si debatimos con argumentos, ¿qué sentido tiene la independencia? ¿Qué razones conducirían a un catalán a votar por la independencia, en un hipotético referéndum soberanista?


No existe razón histórica para pretender la independencia. Los actuales territorios catalanes formaron parte de la Hispania romana, del reino visigodo (Barcelona fue la capital en los reinados de Ataúlfo, Máximo, Gesaleico y Teudis), y en el 717 fue tomada por los musulmanes. En el año 801, Barcelona y otros territorios actuales de Cataluña, como Gerona, fueron conquistados por los francos, y formarían parte del Imperio Carolingio como la Marca Hispánica, que habría de proteger la frontera sur del imperio de las pretensiones árabes. El Condado de Barcelona fue independiente alrededor del 988 y hasta 1150, año en que el conde Ramón Berenguer IV se casa con la reina Petronila de Aragón, lo que daría lugar a una unión dinástica. Como veis, Barcelona (que no Cataluña) fue genuinamente independiente poco más de 150 años.



¿Qué celebran en la Díada?

La Díada es el día de Cataluña, celebrada el 11 de septiembre, y que es usada con fines políticos para reivindicar la independencia. Pero, ¿los que enarbolan la estelada saben, exactamente, qué celebran? La Díada conmemora la caída de Barcelona a manos de las tropas del duque de Berbick (partidario de los Borbones), en 1714. Muchos catalanes creen en la actualidad (habría que culpar, quizás, a los profesores de historia catalanes) que aquella batalla supuso la conquista de Barcelona por parte de los españoles, adjudicándoles el papel de invasores y conquistadores. Eso es rotundamente falso. La toma de Barcelona está enmarcada en la Guerra de Sucesión Española, que fue un conflicto que comenzó con la muerte sin descendencia de Carlos II, y en la que se enfrentaron partidarios de las casas Borbón y Austria, que aspiraban al trono. No fue una guerra de conquista a Cataluña, ni una guerra de independencia catalana.


De hecho, la independencia era un concepto tan ajeno a la contienda que Rafael Casanova, el defensor de Barcelona en 1714, arengó a sus hombres con las siguientes palabras:



Señores, hijos y hermanos: hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia y la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo su rey, la fe de su religión y sus privilegios.”



Como podemos apreciar, no se trata de una guerra por la independencia, sino de un conflicto dinástico. Una guerra civil. […] Por nosotros y por la nación española peleamos […] Decía Rafael Casanova, actualmente considerado héroe y símbolo del independentismo catalán.


Pero todo movimiento necesita un héroe, y si no existe, tienen que fabricarlo. No tienen razón lógica para querer la independencia, salvo el ya mencionado etéreo sentimiento. Pero, ¿en qué consiste, en realidad, ese sentimiento? Está impregnado en el más puro chovinismo. En la idea de que Cataluña (la raza catalana, que diría Junqueras) tiene un potencial superior, lastrado por una España sentida como un ancla de retraso cultural. Y les han hecho creer que desprendiéndose de esa ancla, ascenderán como un cohete hasta igualarse a las potencias económicas de Alemania, o los estados escandinavos.


No les han dicho, sin embargo, que en esa utopía platónica tendrían el mismo problema que achaca al resto de España; la sinvergonzonería política. Que el honorabilísimo Pujol saqueó con la mano diestra sus arcas durante décadas, mientras con la siniestra enarbolaba la estelada. No les han dicho, que aunque Junqueras diga que nuestros ADN son diferentes, les hermana a los españoles la insana costumbre de amigarse del dinero ajeno.



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martes, 22 de septiembre de 2015

Barbijaputa








A petición de un lector (Lord Impaler) he decidido pararme veinte minutos para escribir un artículo analítico de una conocida twittera; Barbijaputa.


El feminismo, en su empeño por fichar a las más importantes intelectuales del siglo XXI, ha hecho adalid de su causa a la twittera Barbijaputa, el mejor fichaje desde que el Madrid se hiciera con Drenthe. Barbijaputa es la número uno en lo suyo, aunque nadie ha descubierto todavía qué es lo suyo. En su currículum podemos ver que es twittera, bloguera y feminista, y que todavía no ha cotizado en su vida. Sin duda, todo un ejemplo de mujer progresista y emprendedora, de las que levantan el país y sostienen el sistema de pensiones a base de imprescindibles tweets donde nos enseña lo que está mal y lo que está bien.


Desde que se levanta, a la una del mediodía, se dedica en cuerpo y alma a su insistente tarea de demostrar su limitada inteligencia en 140 caracteres, para la que se sirve de un ejército de osteoporósicos cerebrales que le ayudan difundiendo y propagando su alarde de incultura.


El día en que, erróneamente, creyó ser graciosa (o alguien con mucha maldad le convenció de que lo era), comenzó a mezclar chistes sobre matar judíos al tiempo que condenaba cualquier chiste sexista. Poniendo en marcha todo su potencial intelectual, se justificaba arguyendo que hacer chistes machistas estaba mal porque el machismo es una cosa que se puede evitar, como si el Holocausto Nazi hubiese sido un suceso inevitable de nuestra historia.


En otra ocasión, dijo que unos padres que se alegran de la absolución de sus hijos acusados de violación no pueden criar hijos decentes. Aquella afirmación la hizo sobre un caso de “violación” grupal en Málaga que terminó siendo una denuncia falsa. La propia“víctima” reconoció que había mentido, eso sí, después de que se visionara en la sala de los juzgados un video en el que se la veía inusualmente feliz para estar sufriendo una pesadilla. Imagino que la lengua de Barbijaputa ha de tener una longitud considerable, si fue capaz de sacársela de la boca y metérsela directamente por el tracto rectal. ¿Sería de muy machista, pregunto, pedir que rectificara aquel comentario?


Barbijaputa es polifacética, por desgracia, y escribe en un blog recomendado, paradójicamente, para los que no les gusta leer, aunque personalmente pienso que Sanidad debería discutir la posibilidad de prescribir su lectura para pacientes con casos graves de estreñimiento crónico. En el blog, y con un depurado estilo de bonobo con generosos daños neuronales, escribe o excreta (se desconoce aún su sistema de trabajo) artículos sobre feminismo y criptozoología (pues habla constantemente de una criatura mitológica; el patriarcado).


En un artículo se defendió de la acusación de ser misándrica (que mal pensada es la gente) diciendo que era una mujer heterosexual. De nuevo todo su potencial intelectual en marcha para fabricar grandes y convincentes argumentos. No sé si estará muy enterada de que la inmensa mayoría de los machistas son hombres heterosexuales…


En otro artículo, sin embargo, aseguraba que todos los hombres son potenciales maltratadores. Barbijaputa evidencia que el “no odio a los hombres pero todos son potenciales maltratadores” es la versión feminista de “le pego porque la quiero”. Pero cuidado, no comparemos el feminismo con el machismo porque son cosas muy distintas. Lo dice la RAE, y lo dice Barbijaputa, referente de moralidad y ética. Viendo como filosofa en tu Twitter me pregunto, ¿y si al final ser mala persona es no actuar como Barbijaputa?






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domingo, 20 de septiembre de 2015

Paternidad forzada




El tema que aquí trato es, por su complejidad y la división de opiniones que puede generar, uno de los más polémicos que he tratado. Hablamos de diferentes tipos de paternidad forzada y de ética reproductiva. Siempre he defendido el derecho de la mujer a interrumpir su embarazo, pero como sucede con las reivindicaciones feministas, los hombres y sus derechos quedan completamente olvidados por la ideología de la igualdad.


En Karlsruhe, Alemania, un padre descubrió que sus hijos de 12, 14 y 15 años eran fruto de relaciones extramaritales de su exesposa. En el momento en el que llevó el caso al Tribunal Supremo, la infiel esposa convivía con el padre biológico de los niños, con el que formalizó su otrora clandestina relación. Antes, los tribunales ordinarios le habían dado la espalda al engañado, que reclamaba dejar de pasar pensión y que le devolvieran lo que tantos años había estado depositando. Pese a que demostró el engaño con pruebas genéticas, el juez mantuvo la pensión al padre, cuyos hijos vivían con su madre y su progenitor biológico. Elevó el caso al Tribunal Supremo Alemán y, esta vez, consiguió que le fuera devuelto el dinero. El padre biológico debía restituir el pago de la manutención del estafado.  


Judicialmente es un hecho aislado, sobre todo por la sentencia favorable al demandante, pero la existencia de niños nacidos de una aventura extramarital es mucho más frecuente de lo que podamos imaginar. De hecho, un estudio arrojó que aproximadamente un 10% de nosotros no somos hijos de quien creemos ser, por lo que no es un fenómeno excepcional. En Alemania se les conoce como niños cuco, en referencia al pájaro que deposita el huevo en nido ajeno. Tú mismo, lector, puedes ser un niño o niña cuco.


Leyendo este caso de paternidad forzada, me vino una serie de preguntas, de difícil respuesta. El Tribunal Supremo sentenció que era el padre biológico (amante, en el momento en que los niños cuco fueron concebidos) quien sufragara los pagos defraudados, cargando, por consiguiente, con toda la culpa del fraude. La primera pregunta es obligada, ¿es justo que a la madre de los niños -aquella que había incumplido los votos matrimoniales y había engañado sistemáticamente a su marido, cargándole una triple paternidad mediante artificios, y haciéndole pagar una alta pensión alimenticia durante años- no se le responsabilice de sus acciones, aun cuando es evidente que es la máxima responsable del engaño? ¿Qué sucede si el padre engañado ha creado vínculos emocionales con los niños, a lo largo de aquellos años en los que los ha criado? ¿Es justo que el padre engañado, al obtener una sentencia favorable en cuanto a las pensiones, pierda el derecho de visitas? En caso de responder sí, ¿es de justicia que un padre se vea obligado a pasar por el aro de pagar una alta manutención con tal de no perder sus derechos paternos, aun soportando la indignidad de ver como sus hijos se crían con su padre biológico, que nada aporta al sostenimiento de los mismos? ¿Y qué responsabilidades económicas o penales debería tener la madre y responsable del conflicto?


En ningún estado de derecho se debe penalizar una infidelidad, por más doloroso que resulte para la persona engañada, pero, ¿deberíamos hacer una excepción con aquella relación adúltera que acaba con el nacimiento de un hijo ilegítimo? No se puede criminalizar que una mujer sea infiel a su esposo, una o varias veces, con amantes esporádicos o con el mismo, porque entraríamos en un debate moral sobre el comportamiento en pareja que no corresponde a la Justicia regular, pero sí debería existir jurisprudencia para los casos de relaciones adúlteras que terminan en la concepción de un niño cuco.


En Argentina, una mujer utilizó espermatozoides crio-conservados de su marido, con el que se encontraba en trámites de divorcio y, desde luego, sin contar con su consentimiento. El padre forzado acudió a los tribunales para impedir que la mujer encinta concibiera a un hijo con sus genes que él no quería. El juez no podía obligar a la madre a interrumpir su embarazo, aunque sentenció que el padre no tendría responsabilidades sobre el futuro ser. De nuevo se abre una pregunta, ¿es justo que un hombre tenga un hijo biológico (por más que se le haya eliminado toda responsabilidad legal) haciendo que pase por una disyuntiva moral y ética conflictiva?


Creo que, ahora que están bien definidos los derechos de maternidad, se hace necesario definir cuáles son, concretamente, nuestros derechos de paternidad. Porque decir que los derechos reproductivos son terreno exclusivo de la mujer pone, una vez más, al feminismo y al machismo en el mismo barco de discriminación e intolerancia. Agradecería ver vuestros comentarios respondiendo a las preguntas que he ido desarrollando a lo largo del artículo. Nos leemos.       



    

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jueves, 17 de septiembre de 2015

Los videojuegos son machistas




Squall, personaje protagonista de Final Fantasy VIII.



La industria de los videojuegos rebasó hace años a la cinematográfica en ingresos recaudados (en 2009 superó la venta de entradas de cine y discos de música juntos) por lo que ha coronado la cumbre del entrenamiento mundial. Lejos ha quedado el “Tenis” –el primer videojuego de la historia- y los clásicos y adictivos Tetris y Comecocos, y los nietos de aquellos primitivos pasatiempos son sofisticados juegos de guerra con innumerables posibilidades, simuladores deportivos con una física realista o aventuras con un guion que nada tiene que envidiar a la de cualquier película, con sus arcos argumentales potentes, tramas enrevesadas e ingeniosos diálogos. No soy un aficionado a los videojuegos –mi obsoleta consola acumula polvo en mi garaje- pero su importancia creciente en nuestra sociedad es innegable, y su influencia no puede ser ignorada. Los videojuegos son un fenómeno social, han venido para quedarse, y conquistarán el mundo –si no lo han hecho ya- pero, desde mi ignorancia sobre ellos, les hablaré de Anita Sarkeesian y el machismo en los videojuegos.


La feminista canadiense Anita Sarkeesian realizó un estudio sobre machismo en los videojuegos, para lo que pidió seis mil dólares de donaciones –aunque recibió más de ciento cincuenta mil-. La revista Time la incluyó entre las cien personas vivas más influyentes del mundo.


En su carísimo proyecto –titulado Tropos contra mujeres- aseguraba que la presencia femenina en el mundo de los videojuegos se reducía a cuatro papeles; damisela en apuros, mujeres como decoración, complejo de Pitufina (después aclaro este concepto) o Señora masculino (también explicaré este punto). Veamos cuánta razón puede tener Sarkeesian en sus argumentaciones.



Damisela en apuros:

Como hemos adelantado, consiste en un personaje anecdótico –suele aparecer pocas veces y, por lo general, sólo al final del videojuego, cuando es rescatada-. Juega un papel pasivo en el argumento. El héroe es un sujeto que controla su destino y la mujer es un ser indefenso que necesita ser rescatado. Super Mario Bros es un ejemplo de esta categoría de juegos, pues la misión consiste en rescatar a la princesa Peach.

Super Mario Bros es un juego dirigido a un público infantil –aunque resulte entretenido y altamente adictivo para personas adultas- por lo que responde al argumento clásico de princesa encerrada en una torre custodiada por un villano. Creer que tiene algún efecto en el inconsciente del niño que juega a Super Mario Bros es frívolo, además de no estar fundamentado en ningún estudio sociológico. En el juego Resident Evil: Code Veronica, el personaje principal es Claire Redfield, una mujer que tiene el objetivo de encontrar a su hermano desaparecido. Dicha entrega de la popular saga fue un éxito, demostrando que los consumidores de videojuegos no se llevan las manos a la cabeza cuando se invierte la ecuación.




Mujeres como decoración:

Hace referencia, principalmente, a cuando la mujer es un objeto o ítem al servicio del personaje principal masculino. Habla concretamente del papel de las mujeres como prostitutas en la popular saga Grand Theft Auto, en el que el personaje jugable puede contratar los servicios de las profesionales e, incluso, matarlas después para recuperar el dinero.

Aunque, en un principio, nos pueda parecer algo terriblemente machista, debemos hacer lo que el feminismo suele obviar; contextualizar. El argumento de todos los capítulos de la saga gira en torno a la mafia, entornos marginales y situaciones repletas de violencia común. Decir que GTA es machista sería como decir que la estupenda serie Los Soprano también lo es, porque el matrimonio protagonista responde al modelo de familia mafiosa italoamericana, con roles definidos y sexistas, y uno de sus personajes regenta un sala de striptease, y maltrata y cosifica a sus empleadas.

Sarkeesian se atreve a decir que la actitud violenta que los personajes tienen con las prostitutas puede traducirse en actitudes violentas con las mujeres en la vida real. No es la primera vez que se relacionan los videojuegos con la violencia. En la masacre de Columbine, en Estados Unidos, la prensa sugirió –o, directamente, acusó- a los videojuegos de los asesinatos masivos que tuvieron lugar en aquel instituto, con un encabezado que rezaba “LOS ASESINOS DE COLUMBINE ERAN AFICIONADOS A LOS VIDEOJUEGOS DE DISPAROS” (dudo mucho que, si aquellos chicos hubiesen sido aficionados a la jardinería, hubiesen remarcado ese hecho en el encabezado). En España, hicieron exactamente lo mismo con el caso del Asesino de la Katana, que tenía un corte de pelo similar al de un personaje de la conocida saga Final Fantasy.

Vergonzante sensacionalismo, al servicio de un medio de “información” más interesado en vender periódicos que en informar de manera precisa, rigurosa y ética. De la misma manera que un juego de disparos no te convierte en asesino o uno de fútbol no te convierte en Leo Messi, GTA no te convierte en un machista asesino serial de prostitutas.




Principio de Pitufina:

Una presencia notablemente menor de personajes femeninos que de masculinos (como en el caso de la serie de dibujos animados Los Pitufos, donde sólo parece habitar una mujer en toda la aldea y que, además, es el interés romántico de los demás).

Aquí empieza a mezclar ejemplos de series animadas o de personas reales (como Big Bang Theory) con los videojuegos, lo que manda el escaso rigor que poseía el estudio Tropos contra mujeres y defenestra cualquier posibilidad de que fuera tomado en serio. Se trata de poner la conclusión del estudio antes de analizar los datos. Es decir, los videojuegos son machistas (esa es la conclusión), ahora sólo queda buscar los datos que lo confirmen, y si no los encuentro en el mundo de los videojuegos, los sacaré de contextos totalmente ajenos como series de televisión. Es decir, el método científico, pero a la inversa.

Si jugamos con las mismas normas, y hablamos de series de televisión, ¿por qué hay que ajustar el número de personajes femeninos al masculino? ¿Qué sentido tiene incluir cuotas en la ficción? Hasta la fecha no he oído reclamaciones de hombres exigiendo más presencia masculina en series donde predominan el número de personajes femeninos tales como Sexo en Nueva York, Anatomía de Grey o Mujeres Desesperadas. ¿Hemos llegado al absurdo nivel de contar los personajes y exigir que haya siempre el mismo número?




Señora masculino:

Se refiere a personajes femeninos desdoblados de un personaje masculino, y la carencia de personajes femeninos originales y genuinos.

Una nueva muestra de la estrechez de miras (o mala fe) de Sarkeesian. Los personajes femeninos abundan en los videojuegos. Tenemos a la célebre Tomb Raider, a los personajes de la saga Resident Evil Claire Redfield y Jill Valentine (ambas protagonizaron varios exitosos capítulos), Bayonetta o las heroínas de Final Fantasy VI y Final Fantasy XIII. Todas protagonistas y no sacadas de un contrapunto masculino.

Un caso estupendo es el del videojuego Metroid, en el que debemos superar arriesgadas misiones controlando un personaje que posee una pesada armadura. Cuando completamos el juego, el protagonista se quita el casco y vemos que es una mujer. Metroid fue todo un éxito que generó numerosas partes.

A medida que la industria de los videojuegos crece en importancia económica y social, el feminismo no ha desaprovechado la oportunidad de posar sus garras depredadoras en él. Con su metodología habitual (escaso rigor, manipulación de datos, descontextualización) el feminismo quiere su porción en la industria del entretenimiento electrónico. Anita Sarkeesian es una pionera en esto –sus numerosos y generosos ingresos así lo avalan-.  




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Heil Macarena, Atrévete a descubrir lo que se cuece en el feminismo español: AQUÍ







lunes, 14 de septiembre de 2015

Todos los hombres son potenciales maltratadores


Secuencia de la película Apocalipsis now, basada en la novela El Corazón de las tinieblas de J. Conrad.


Todos los hombres son potenciales maltratadores. Es el nuevo axioma del feminismo. Un paso más en la estrategia de criminalización del género masculino, orquestada por un feminismo cuya élite la ocupan personas con un odio que ya apenas disimulan. Cuando protestamos ante esta burrada sin fundamento (cosa lógica, me parece), las feministas se ofenden -no hemos dicho que seáis maltratadores, “sólo” que sois potenciales maltratadores-.


Ese “potenciales” es la justificación para incluir “todos los hombres” y “maltratadores” en la misma oración. Y aún van más allá, porque ante nuestras legítimas protestas, comienzan las acusaciones veladas. -Si tanto os ofende que os llamen potenciales maltratadores, si negáis la posibilidad de que podáis serlo, significa que podéis llegar a maltratar-. Es decir, si niegas la posibilidad de que puedas maltratar a una mujer es muy posible que sea porque eres un maltratador. Aristóteles y su lógica a tomar por el culo.


Pero además de malintencionada, la frase “todos los hombres son potenciales maltratadores” está muy lejos de ser un argumento válido, y no se sostienen ante un análisis mínimamente profundo. En este artículo intentaré desmontar algunos mitos que la sociedad ha aceptado sin siquiera cuestionar su validez y, de paso, prevendremos que el “todos los hombres son potenciales maltratadores” se convierta en otro axioma de nuestra cultura.


Quienes sostienen esta nueva y prejuiciosa sentencia recurren a un ejemplo clásico; la Alemania Nazi. “Todos los seres humanos guardamos dentro un monstruo capaz de cometer los mayores horrores si se dan las circunstancias apropiadas. Los Nazi convirtieron a la sociedad alemana en una turba de asesinos, que llevó al exterminio cruel y despiadado de seis millones de personas”. Lo peor es que tamaña imbecilidad nos la hemos tragado sin masticarla.


¿Es cierto que todos los humanos llevamos un monstruo dentro, esperando las condiciones propicias para sacarlo afuera? ¿Acaso será verdad que todos podemos llegar a ser crueles, y llevar a cabo las mayores atrocidades, por muy humanos que nos creamos? ¿Los horrores cometidos por el pueblo alemán durante el nazismo son una prueba de ello? Es muy posible que hayas respondido sí a todas estas cuestiones. Pero me he propuesto desmontar el mito de la culpabilidad del pueblo alemán en el Holocausto y, con ello, la idea de que todos somos potenciales maltratadores.


La realidad es que la inmensa mayoría de la población alemana de la época desconocían los horrores de los campos de exterminio (situados la mayoría de ellos en Polonia), por lo que, obviamente, su participación en dichos crímenes fue mucho menor de la que hemos asumido como cierto. En un mundo sin teléfonos móviles con cámara, sin Twitter, sin Internet y con una dictadura que controlaba todos los medios de comunicación, mantener al pueblo alemán en la más profunda de las ignorancias no era imposible. Las terribles actividades de la SS en los campos de concentración y de exterminio no eran publicadas por ningún medio de prensa o radio alemanas. De hecho, no usaban públicamente términos como “campos de concentración” sino términos más edulcorados como “campos de reasentamiento” o “campos de reeducación”.


Por supuesto, la implacable y omnipotente censura del gobierno Nazi llegaba también al ámbito privado. Las cartas que los oficiales al cargo de los campos, o los soldados en el frente, enviaban a sus familias también pasaban por filtros, y eran desechadas si contenían alguna información que el gobierno consideraba censurable. En muchas ocasiones, ni la familia directa de los supervisores de los campos tenía un conocimiento preciso de lo que sucedía tras las alambradas.


De hecho, los exterminios se hicieron de manera desorganizada y casi improvisada desde el comienzo de la guerra en septiembre de 1939 hasta finales de 1942, cuando comenzó los transportes regulares de víctimas en trenes, a los lugares donde serían sistemáticamente masacrados. El campo de exterminio más importante fue Auschwitz, cuyas cámaras de gas empezaron a funcionar el 20 de marzo de 1942. Precisamente fue escogido porque estaba emplazado lejos de los núcleos de población. Incluso reinstalaron las cámaras de gas llevándolas a los campos aledaños de Birkenau porque los gritos de las víctimas podían ser oídos por los agricultores y ganaderos de la zona. Es decir, se esforzaban enormemente para que la población civil desconociera las terribles actividades de los campos de exterminio.


Por supuesto, asesinar a más de seis millones de personas no es fácil de ocultar, y siempre llegaban rumores de lo que ocurría al otro lado las siniestras alambradas de Auschwitz, Treblinka, Dachau y otros campos. En parte, se debió al esfuerzo de los países Aliados para concienciar al pueblo de sus nefastos líderes, pero el partido Nazi le daba la vuelta y ponía en marcha la aplastante maquinaria propagandística para hacer ver a sus ciudadanos que se trataba de una burda estrategia enemiga para desacreditar al gobierno. De hecho, muchos alemanes siguieron sin creerlo hasta después de acabada la guerra.



El empeño de los nazis para ocultar sus “actividades” llegó a tal extremo, que en 1944 tuvo lugar un hecho curioso. Ante los rumores de exterminio que crecían entre la población civil, la Cruz Roja exigió a las autoridades nazis acceder a uno de estos campos. Para acallar los rumores, los nazis escogieron el campo de Theresienstadt y lo remodelaron de arriba abajo. Construyeron cafeterías y teatros, huertas y hasta parques infantiles. Como había masificación de presos, enviaron a muchos (los que tenían peor aspecto; desnutridos, enfermos o con señales de violencia) a Auschwitz, y se quedaron con los que tenían “buen aspecto”. Rodaron una película en la que se veían a los judíos fingiendo llevar una vida sencilla y amable que no se correspondía a la realidad que sufrían. Todo un “Show de Truman”. En YouTube podéis ver un extracto de la película de Theresienstadt.




 




Esto fue en 1944, ¡sólo un año antes de que acabara la guerra! Es decir, los nazis mantuvieron a la sociedad alemana en la ignorancia hasta al final. Por supuesto, no todos desconocían lo que sucedía, y es cierto que la SS y la Gestapo contó con una amplia red de colaboradores entre la población civil, pero la realidad es que la mayoría de los ciudadanos alemanes de entonces ignoraban todo lo relacionado con la Solución Final y el Holocausto.

Finalizada la guerra, los vencedores reunieron y publicaron todo tipo de pruebas documentales, fotográficas y de vídeo de las horrendas atrocidades que tuvieron lugar en los campos de la muerte, y la población alemana quedó grabada con un estigma de vergüenza y sentimiento de culpa que, a la vista de las evidencias, es injusta. La mayoría de los alemanes de la época desconocían las matanzas que tenían lugar en los campos de exterminio.

Conocer esto –que, a priori, parece no tener relación con el feminismo y su retórica- es importante para no aceptar ciertos dogmas que, sutilmente, nos inoculan para hacernos creer que todos los hombres guardamos un potencial maltratador, o violador, o asesino de mujeres. Las personas no son como en la novela El corazón de las tinieblas de J. Conrad. No todos llevamos dentro un ser cruel y desalmado y, desde luego, es rotundamente falso que todos los hombres podemos ser crueles con los demás.




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viernes, 11 de septiembre de 2015

La campaña del miedo











Así es como da inicio el artículo No todos los hombres de la tuitera Barbijaputa. Se trata de un texto donde la autora apelará de forma constante al miedo de la lectora, a incitar sus aprensiones a caminar a solas por calles oscuras, o a subir en un ascensor con un desconocido. Intentaré analizar los extractos más importantes de dicho artículo irresponsable, un discurso de la alarma y el miedo que empieza a ser peligroso para la convivencia de hombres y mujeres.


En la apertura del artículo leemos que ciertos miedos son exclusivos de la mujer (como, por ejemplo, cuando una chica regresa de una noche de fiesta y camina a solas por la calle a altas horas de la madrugada). Como bien explica un estudio publicado en un artículo de El Pais, el hombre tiene tres veces más posibilidades de morir asesinado (en países donde la delincuencia común alcanzan mayores cotas –como el Salvador, Honduras o México- la brecha entre víctimas varones y víctimas femeninas es aún mayor). Es cierto que, por lo general, el hombre no siente ese miedo del que habla Barbijaputa cuando camina por una calle oscura pero, desde luego, y como podemos leer en el artículo de EL PAIS  (AQUÍ) , no es porque corramos menos peligros (vuelvo a remitirme al dato de que tenemos TRES veces más probabilidades de morir asesinados que las féminas de este país). Si no tenemos el mismo miedo es, tal vez, por la misma razón por la que fumamos más (aún a riesgo de padecer cáncer de pulmón), nos ponemos menos protección solar o usamos menos el cinturón de seguridad. El mismo estudio revela que un adolescente varón tiene ¡Once veces! más probabilidades de morir ahogados por su más limitada percepción del peligro. En definitiva, que nos sintamos más a salvo que la mujer no quiere decir que, verdaderamente, lo estemos.








Para continuar con su particular campaña del miedo, Barbijaputa no tiene reparos en utilizar ejemplos sacados de un contexto socio-cultural que nada tiene que ver con el contexto de una mujer que vive en España. Es indudable que cualquier mujer puede ser víctima de una agresión sexual o un asesinato, pero permíteme dudar de que una mujer de Palencia tema ser secuestrada por un guerrillero nigeriano de Boko Haram para acabar siendo violada en un campamento terrorista, o que una mujer que viva en Murcia sienta temor de que su hermano cometa un delito y un jefe tribal indio la sentencie a ser violada por ello.


Por desgracia, esa es la realidad de muchas mujeres a lo ancho y largo de países subdesarrollados, estados fallidos y entornos rurales de países como la India o Afganistán pero, por suerte, no es la realidad de una chica que vive en nuestra sociedad. Mezclar contextos sociales es, además de irresponsable y muy poco serio, una manera burda de manipular, a no ser que Barbijaputa crea que la violencia está en los mismos cromosomas del hombre y no importe si es un extremista religioso de Nigeria o chaval de Burgos aficionado a los videojuegos.








Permítanme que me extienda un poco en este punto, pues considero que es la madre de todo el artículo de esta escritora. Asegura que los verdugos son siempre hombres, y las mujeres siempre víctimas. ¿De qué tipo concreto de violencia dentro del amplísimo espectro de delitos se refiere exactamente? Si se refiere a la delincuencia común ya he dicho que se equivoca; los hombres tenemos tres veces más probabilidades de morir asesinados que las mujeres, por lo que la mujer no es el blanco favorito para este tipo de violencia.


Si se refiere a un tipo de violencia más específica, como la violencia de género, entramos en un terreno delicado. ¿De verdad piensas que en casos de violencia en el ámbito de las relaciones de pareja el hombre es siempre el verdugo y la mujer es, por ende, la víctima? Barbijaputa, si alguna vez decides dedicar una pequeña fracción de esa empatía que reclamas en ese artículo a leer historias y testimonios de la “otra violencia” tal vez amplíes tu reducida visión de la compleja relación entre hombres y mujeres. Entre muchos testimonios de todo tipo, encontrarás innumerables casos del uso instrumentalizado de la violencia por parte de muchas madres ejercida a través de los hijos (lo que hace que sea doblemente cruel, al introducir en la ecuación a los niños). El clásico “no lo vas a ver hasta que un juez lo decida” puede convertirse en años en algunas ciudades de este país (sí, a diferencia de ti no me he ido a Nigeria o a la India para hallar desigualdades legales). Años en los que muchos padres tachan, con infinita impotencia, días en los calendarios sin poder ver a sus hijos.

Si el feminismo es la ideología de la igualdad, como aseguras convencida en este artículo, ¿por qué nunca le he oído clamar por situaciones como ésta? ¿Son, acaso, secundarias? De ser así, ¿hablamos de víctimas de primera y víctimas de segunda en función de sus cromosomas? Y si respondemos de nuevo que sí, ¿dónde está la igualdad de la retórica feminista?

Otro bloguero se suma al hilo de este hilarante artículo que pretende ser serio, y va aún más allá. Afirma que todo hombre es un potencial maltratador, y se “fundamenta” en la idea de que todas las personas son capaces de ejercer la violencia (e incluso matar).








Debo admitir que estoy de acuerdo con él en esto último. Todos nosotros podemos llegar a matar si se da la concatenación de circunstancias apropiadas. La violencia es una respuesta que reside en todos (no digamos ya sólo seres humanos) seres vivos de este planeta. Por tanto, en principio puede parecer un argumento lógico, un axioma; todos los hombres podemos ejercer violencia, y dado que el maltrato es una forma de violencia, también podemos ser maltratadores. Pues no, Vimes, no es así de simple. No hace falta ser ducho en lógica aristotélica para saber que ambas premisas dan una conclusión falaz. 


El maltrato, violencia intrafamiliar, violencia de género (utilicen la expresión que consideréis más apropiada) es un tipo cruel de violencia, pero no es la única. La violencia abarca un espectro casi ilimitado de respuestas agresivas y lesivas, y no podemos coger un saco y meter todas esas diferentes clases de violencias en él como si tuviesen la misma naturaleza y la causasen los mismos mecanismos. Todos podemos agredir o matar si se dan las circunstancias apropiadas, pero no todo el mundo puede planificar un asalto, preparar en la guantera del coche un kit de violación, acechar a un niño, engañarle para aproximarse a él, forzarle a entrar, abusar sexualmente de él, y abandonarlo desnudo y desorientado en el arcén de una carretera como haría cualquier agresor pederasta.


El maltrato no es un acto de violencia espontáneo, fruto de una serie de circunstancias concretas que estallan en un golpe dirigido al rostro de nuestra pareja. El maltrato tiene una característica que es indispensable para considerarlo realmente maltrato; ha de ser continuado, repetirse en el tiempo. Es un tipo de violencia con características bien definidas y que no se centra en el simple estallido de rabia visceral que conduce a la agresión física. Las palizas es la muestra más visible del maltrato, pero antes de que el maltratador propine a su pareja la primera paliza, se le exige un “trabajo” previo dirigido a anular la respuesta de huida de la víctima. Ese “trabajo previo” es una forma sutil, meditada e intencionada de violencia encaminada a menoscabar la autoestima y salud psíquica de la víctima, para evitar que huya después de la primera paliza (como haría si no hubiese allanado el camino antes).


En la brillante argumentación que da en la caja de comentarios de su blog a un usuario está la clásica comparación con la Alemania Nazi. “No importa que no nos consideremos incapaces de llevar a cabo un acto de violencia continuado y perverso porque, en las circunstancias apropiadas, cualquiera puede convertirse en un tirano. El ejemplo está en la Alemania Nazi, cuando toda una sociedad persiguió y masacró a los judíos”. Creo que ese “argumento” merece que me extienda en el próximo artículo, pero ya os adelanto que esa tesis demuestra la infantilidad de la lógica de Vimes.






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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Los tres pasos; nacimiento, corrupción y unión








Ya he dicho en muchas ocasiones que la historia del socialismo y el feminismo son análogas (no es de extrañar, por tanto, la relación actual de clientelismo político que se da entre ambos movimientos). ¿Cuáles son sus parecidos? ¿En qué influyen esas semejanzas?




1. Ambos movimientos surgieron de la injusticia, y fueron positivos en sus comienzos.





Socialismo


Los movimientos obreros (tal y como lo conocemos) nació durante la era industrial. Es cierto que hay antecedentes de organizaciones obreras incluso en la Edad Media (los llamados Gremios) y las Cofradías o Hermandades de épocas posteriores, pero no alcanzan el grado de organización y un peso social especialmente relevante hasta el siglo XIX. Aquellos movimientos nacieron para combatir las duras condiciones laborales de la época (jornadas interminables, inseguridad laboral, salarios indecentes, negación de apoyo económico a accidentados, etc.).


Muchos de estos sindicatos fueron declarados ilegales por las élites económicas que no querían ceder sus privilegios, pero las clases populares siguieron operando en la clandestinidad. El activismo de estos movimientos consistía en manifestaciones, destrucción de maquinaria de grandes empresas, recolección de firmas (cartismo), y huelgas (la mayoría de las veces reprimidas duramente por las élites económicas de turno). A estos movimientos les debemos los derechos de que gozamos actualmente (jornadas limitadas, derecho a baja laboral, salario mínimo, etc.)


Es en este contexto, y en aquellos movimientos obreros, cuando nacen multitud de ideologías y doctrinas políticas y socio-económicas como el socialismo (Marx y Engels), caldo de cultivo para los primeros partidos políticos de clases (Kautsky en Alemania en 1890 y Lenin en Rusia en 1900).




Feminismo


Al igual que los movimientos obreros, existen antecedentes de feminismo en tiempos tempranos, pero es en el siglo XIX cuando nace el feminismo moderno. La Convención de Seneca Falls (1848) es considerada una de las primeras victorias en la lucha por los derechos de la mujer, pues reunió a trescientas activistas que hicieron legítimas reivindicaciones, tales como el sufragio femenino o poder ocupar cargos públicos, derechos que se les negaba en la mayoría de países.
A medida que iban conquistando los derechos que reivindicaban (principalmente el sufragio femenino, el derecho a ocupar cargos públicos y el acceso a la educación superior) el feminismo pierde su razón de ser y el activismo feminista es prácticamente inexistente en las siguientes décadas. Es a principios de la década de los 60 cuando renace bajo el nombre de Movimiento de la Liberación de la Mujer o, simplemente, Segunda Ola.





2. Corrupción de los movimientos

Karl Marx


Socialismo

Como hemos dicho, los movimientos obreros fueron decisivos en la consecución de importante derechos laborales, pero también fue el germen de una ideología históricamente dañina; el socialismo. Sus ideólogos  fueron Marx y Engels. ¿Quiénes fueron estos defensores del proletariado? Carlos Marx fue un prusiano de familia relativamente próspera y propietaria de viñedos (vean la “casita” en la que Marx dio sus primeros pasos) y Engels era hijo de ricos industriales textiles de Renania. Kautsky y Lenin, impulsores del aspecto político del socialismo, eran de clase media-alta y alta, respectivamente. Así pues, se puede decir que el socialismo fue creado por gentes de la élite, no sólo intelectual, sino económica de la época. Gentes que vieron en el descontento generalizado de las clases populares una oportunidad de oro.


¿A alguien le suena esto? Es exactamente lo que ha sucedido en España con el fenómeno Podemos. Ante el descontento generalizado de la gente, provocada por la corrupción política y las terribles estadísticas de paro, surgieron estupendos movimientos populares como el 15-M (tracemos una analogía con los movimientos obreros) que, sin embargo, devinieron en el partido político de Pablo Iglesias y su camarilla (que al igual que Marx y los demás, no vienen de las clases humildes, precisamente, y utilizaron ese descontento como catapulta a la escena política). ¿Alguien, de verdad, cree que si Podemos hubiese aparecido en otro momento (por ejemplo, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria) hubiesen tenido el apoyo que tienen ahora?




Simone Beavoir



Feminismo

Como hemos dicho, el feminismo nació de la necesidad de justicia de un sector de la población (mujeres) que carecían de derechos básicos en democracia. Casi desaparecido durante años (después de haber conquistado las metas que se había propuesto) resurgió con fuerza en la década de los 60, aunque ya era muy diferente. Nace con la publicación de un libro titulado El segundo sexo, que fue escrito por Simone de Beauvoir. ¿Quién era esta mujer? Nada más y nada menos que una pedófila confesa que abogaba por la despenalización del sexo con menores.


El radicalismo del pensamiento feminista de la época ya era más que evidente. En esos años, Valerie Solanas (una esquizofrénica que atentó contra la vida de tres personas, entre las que estaba Andy Warhol) escribió El manifiesto SCUM, en el que proponía estrategias para la exterminación del género masculino. Ahora nos puede parecer un acto terrible e irracional causado por una mujer profundamente desequilibrada, pero en su día no se percibió así. La presidenta de NOW (Organización Nacional de Mujeres) declaró que Solanas sería “recordada por ser una campeona en la lucha de los derechos de la mujer” y la prestigiosa abogada Florynce Kennedy afirmó que la homicida era “una de las mejores portavoces del feminismo”. Por su parte, El manifiesto SCUM comenzó a circular, ya en ediciones piratas, ya publicadas por círculos feministas, traduciéndose a innumerables idiomas.


Para entonces, la élite del intelectualismo feminista había caído en manos de mujeres que no ocultaban su misandría. Líderes feministas de la época como Andrea Dworkin y Jilly Cooper, quienes alardeaban su profundo desprecio por el hombre, y no disimulaban su violencia hacia el género masculino. El feminismo justo murió en la Primera Ola y resucitó como un zombi antropófago (o, más bien, andropófago) con la Segunda Ola.




3. Relación clientelar entre izquierda y feminismo



Ya hemos visto como se corrompieron ambos movimientos; ahora veremos cómo se fundieron en uno sólo. Porque no, no siempre estuvieron unidos. Aunque ahora nos pueda parecer impensable (dada la unión casi simbiótica entre ambas ideologías), hubo una época en la que izquierda y feminismo andaban por senderos distintos.


Ya comenté en otra ocasión, que la votación de 1932 a la enmienda que aprobaría el sufragio femenino en España, el feminismo (liderado por Clara Campoamor) obtuvo una gran oposición, tanto de la derecha como de la izquierda. Hilario Ayuso, del Partido Republicano Federal (que posteriormente formaría parte del PSOE) propuso que el hombre pudiera votar a partir de los 23 años, y la mujer desde los 45. El partido anticlerical Partido Republicano Radical votó en contra de cualquier enmienda que permitiera el voto femenino. Roberto Novoa pensaba que la mujer no podía votar porque era histérica por naturaleza, y Margarita Nelken y Victoria Kent también mostraron su disconformidad con la enmienda y votaron en su contra (paradójicamente, en la actualidad existen asociaciones feministas llamadas Victoria Kent, en un profundo alarde de ignorancia histórica).




Margarita Nelken



Como veis, el feminismo tuvo en su origen una fuerte oposición también de la izquierda. Fue en épocas posteriores, y recogiendo el descontento entre las mujeres por su desfavorecida situación, que la izquierda vio el potencial de convertirse en el vehículo político de la naciente fuerza de presión en que se estaba convirtiendo el feminismo. Desde entonces, los partidos políticos de izquierda se convirtieron en la voz política del feminismo, a cambio, por supuesto, del electorado que el feminismo podía procurarles. Eso explica por qué la izquierda está por encima de los intereses de la mujer para el feminismo, el por qué no se elevó la más mínima protesta por el caso Aguilar, el por qué gritaron ¡Somos Alfon! y se solidarizaron con un muchacho condenado por agresiones sexuales a chicas, y el por qué no se condenó la agresión a la política de derechas Inma Sequí.


Desde luego, un tema tan complejo y lleno de matices daría para un libro bastante extenso, pero ese sería el resumen de la situación actual de la izquierda y el feminismo. Si alguien desea bibliografía sobre algún aspecto del artículo sólo tienen que contactarme. Quien defiende la verdad no tiene reparos en demostrarla.       





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