viernes, 31 de julio de 2015

Sobre falacias y neologismos






Todos los que alguna vez nos hemos enfrentado a uno de esos fundamentalistas de género que pululan y se multiplican como hongos, les hemos oído esgrimir los siguientes argumentos:


Cuestionar las denuncias por violencia de género es una canallada”


Suelen decirlo cuando ponemos de manifiesto que existen denuncias por violencia de género falsas. Este argumento falaz corresponde a la llamada falacia del hombre de paja, que consiste en el intento del oponente de contra-argumentar tergiversando nuestro argumento, para dar la falsa sensación de ganar con claridad. Por ejemplo:

  1. El boxeo es un deporte duro y violento.
  2. Prohibir el boxeo es no respetar la libre decisión de los deportistas.

El argumentador B no ha combatido contra el argumento de su oponente, ya que el argumentador A no ha dicho en ningún momento que se deba prohibir. Del mismo modo:

  1. Existen denuncias falsas por violencia de género.
  2. Decir que las denuncias por violencia de género son falsas es inadmisible.

El argumentador A (que podríamos ser cualquiera de nosotros) no cuestiona que todas las denuncias por violencia de género sean falsas. El argumentador B ha empleado vilmente esta falacia.


Sólo el 0,01% de las denuncias son falsas. Es una cantidad minúscula”


El 0,01% corresponde a las denuncias que han sido probadas falsas. Ahora bien, numerosos jueces (todos prevaricadores a ojos de la secta feminista, por supuesto) ya han manifestado públicamente que las denuncias por violencia de género (incluso aquellas que son inconsistentes, no aportan pruebas e incurren en graves contradicciones) no son perseguidas ni estudiadas y, por tanto, es imposible que el feminismo disponga de un dato tan preciso (y exiguo) como el 0,01% que pregonan.

En esta dirección verán una recopilación de enlaces a entrevistas y testimonios de jueces y abogados sobre la existencia de denuncias falsas (cortesía de Chefyc)


https://chefyc.wordpress.com/2015/01/05/toda-la-verdad-sobre-las-denuncias-falsas-de-violencia-de-genero/


Pero voy más allá, pues las nefríticas leyes de violencia de género de este país conceden a la mera palabra de la denunciante la misma validez que una prueba judicial. Así, tenemos constancia de inocentes condenados (y que, por tanto, han pasado a engrosar las listas de violencia de género), y hombres que, como asegura la jueza María Sanahuja, están en la cárcel por mandar a la mierda a sus parejas.

La retórica feminista también utiliza con frecuencia neologismos para propagar su mensaje y que cale en la conciencia colectiva de la sociedad. Términos como feminicidio. Pero, ¿tienen algún sentido estos términos artificiales?


Feminicidio: Dícese del asesinato de mujeres por hombres motivado por el odio, desprecio, placer o sentido de posesión hacia las mujeres, según define Diana Russell, la misma creadora del término.Aquí viene lo espinoso.


Veamos otras definiciones de palabras pertenecientes al mismo campo semántico:

Homicidio: acción de privar de la vida a otra persona.  
Magnicidio: asesinar a una persona de enorme importancia política. 
Fratricidio: asesinar a un hermano. 
Infanticidio: asesinar a un niño, generalmente recién nacido. 
Parricidio: asesinar a un familiar cercano. 
Suicidio: acción de terminar con la vida de uno mismo.

Si estudiamos las definiciones, veremos que todas hacen referencia sólo al sujeto pasivo de la acción, es decir, a la víctima. Ninguna tiene como condición señalar al homicida (y menos un aspecto que le defina, como su raza, sexo o confesión religiosa). Es decir, un homicida, magnicida, fratricida, parricida o suicida puede ser cualquiera; hombre o mujer, blanco o negro, conciudadano o extranjero, religioso o ateo, etc.




El término feminicidio, por su parte, señala una característica concreta del homicida, una condición discriminatoria; debe ser hombre o no es feminicidio. Una mujer, por tanto, jamás podrá cometer feminicidio, por lo que hablamos de un término profundamente discriminatorio. Otro nefasto instrumento para transmitir el falso mensaje de que hay violencias que sólo la ejercen los hombres. Una manera sutil (o no tan sutil) de decirnos que el hombre, por el hecho de ser hombre, puede ejercer un tipo de violencia que en una mujer es imposible. Una forma de señalar al homicida por un rasgo personal. ¿Os imagináis un término como el blanquicidio; acción de asesinar a un blanco por parte de un negro?




Más en @eltivipata




miércoles, 29 de julio de 2015

La que se avecina







Una serie polémica -pese a que muchos puedan pensar que se trata de la típica serie de comedia ligera made in- y que ha sido objeto de quejas de numerosas asociaciones. Con sutileza y de manera cómica, ha tratado en muchas ocasiones temas relacionados con la exaltación de la maternidad, las relaciones tóxicas, el acaparamiento e, incluso, las falsas denuncias por violencia de género. En un medio masivo fuertemente influenciado por el feminismo, siempre es agradable encontrar oasis de cordura como La que se avecina. Hagamos un breve repaso de sus personajes.



Estela Reynolds

Una madre nefasta e irresponsable, que siempre ha priorizado su fracasada carrera como actriz y vedette a su propia hija. Lola ha crecido con una evidente falta de cariño, y no duda en “abrir el cajón de mierda” y reprocharle constantemente la ausencia de un referente materno. Pero lo peor, si cabe, es que le negó la posibilidad de conocer a su padre, Fermín, y a éste, la oportunidad de poder ejercer su paternidad. Eso sí, engañó al ingenuo espetero y le hizo creer que la joven era discapacitada psíquica para sacarle una pensión. Sin una profesión real conocida, esa pensión era la única fuente de ingresos de Estela.



Lola Reynolds

Sin llegar a los extremos de su madre, Lola también ha demostrado ser una madre negligente, que dejó todo el peso de la crianza de su hija Úrsula en su marido, Javi. En una ocasión, además, abandonó a ambos y permaneció desaparecida durante meses.



Nines Chacón

Con la excepción de Estela, la madre más nefasta de la comunidad de vecinos de Mirador de Montepinar es sin duda Nines Chacón. Económicamente dependiente de su prima, sin trabajo conocido en los últimos siete años (aunque entró recientemente a trabajar como camarera en el bar que regenta Fermín Trujillo), se define a sí misma como empresaria de su vagina, pues es propietaria de un inmueble y recibe una pensión merced al padre de su hijo, Antonio Recio. Es una madre descuidada, indiferente a la educación de su hijo, y que antepone “estar de charleta” con sus amigas a ayudar al pequeño toñín con sus deberes.



Araceli Madariaga

Aunque sale ganando en la comparación con las otras madres de Mirador de Montepinar, Araceli ha abandonado a su hijo en varias ocasiones para “encontrarse a sí misma” en lejanos y exóticos lugares de contemplación como el Tíbet. Después de tres años de ausencia, vuelve a aparecer y desaparecer en varias ocasiones.



Judith Becker

Uno de los personajes más inmorales de la serie; egoísta, caprichosa, materialista, irresponsable, insegura e inmadura. Desde luego, no es la madre del año, pero sobretodo ha demostrado ser cruel y vengativa con su exmarido, Enrique Pastor. En más de una ocasión ha usado al hijo en común, Dilan, como arma arrojadiza, amenazándole con no dejárselo ver “hasta que haga la primera comunión”. En una ocasión en que Enrique le sostuvo del brazo para que se marchara de la casa del concejal, Judith le amenazó con denunciarle, en un claro guiño a la facilidad con la que muchas aprovechan las absurdas leyes y frivolizan con la violencia de género. Aunque Judith trató de impedirlo, Enrique Pastor consiguió un régimen de custodia compartida para Dilan.



Por su parte, la serie rompe con los negativos estereotipos paternos que abundan en la televisión, y que suelen representar al padre como descuidado, torpe, irresponsable y estúpido (¿os suena de algo Homer Simpson?). En La que se avecina, normalmente son los padres (Javier Maroto, Fermín Trujillo y Enrique Pastor) quienes ejercen una paternidad responsable. O el caso de Coque, pareja de Nines, más entregado a la educación de Toñín que su propia madre.

La serie está llena de otros guiños de personajes secundarios, como el de un trabajador de la compañía eléctrica al que había abandonado su mujer, llevándose a las mellizas, a las que tenía que pagar una pensión mensual que le había obligado a pluriemplearse, lo que le dejaba poco tiempo para estar con sus hijas. A su vez, seguía pagando el chalé en el que su exmujer vivía con su nueva pareja, que pasaba más tiempo con las mellizas que él, y a quien habían empezado a llamar papá.



Más en @eltivipata



HEIL MACARENA,  lo que silencian los medios, AQUÍ






lunes, 27 de julio de 2015

El Igualitarismo legal; la medicina para combatir el feminismo









El igualitarismo es una doctrina ideológica vieja y que, en su día, no tuvo éxito por diversas razones. Se podría pensar que una ideología malograda no puede resurgir de las cenizas del fracaso y triunfar pero déjenme decirles que eso es, precisamente, lo que le sucedió a la democracia; el sistema político por el que se rigen los países más avanzados, tanto social como económicamente, y que, con sus defectos, es el modelo de gobierno más justo para los gobernados. Sin embargo, recordemos que la democracia, que nació con la toma de la Bastilla y que, sin pretenderlo, extendió el corso Napoleón por toda Europa con sus conquistas, venía de un sistema viejo y malogrado. Sí, no olvidemos que la democracia fue un fracasado experimento ateniense, abandonado durante veinte siglos, hasta que fue adecuado a los tiempos actuales y así hasta nuestros días.


El igualitarismo no predica la igualdad, una falacia populista de un socialismo impotente que, a pesar de su precioso y demagógico discurso, se ve incapaz para convencer. El socialismo parte de ese concepto erróneo, que en último extremo conduce al sistema político más nocivo para el progreso humano, y que ha encumbrado a los mayores genocidas del mundo; el comunismo. Pero los socialistas, pese a haber convertido las universidades en centros de adoctrinamiento, y tener el control de la mayoría de los medios de comunicación, siguen sin convencer. El igualitarismo no sostiene que todas las personas somos iguales, como nos dice el socialismo, pero si defiende que todos debemos ser iguales ante la ley. El socialismo nos dice en su discurso que todos somos iguales, al tiempo que se prostituye ante el feminismo en una de las más indignas demostraciones de clientelismo político, promoviendo la desigualdad de hombres y mujeres ante la ley.



Al brazo armado de ese atroz feminismo, Miguel Lorente, le diré lo que el abolicionista Thaddeus Stevens le dijo al diputado Woods en la cámara del congreso de los Estados Unidos: ¿Cómo voy a sostener que todas las personas somos iguales si tengo ante mí al altanero, hediondo, al despojo ético […] prueba viviente de que hay personas inferiores, dotadas por Dios de un intelecto limitado, impermeable a la razón? […] Usted es más reptil que hombre, tan rastrero y plano, que un pie humano es incapaz de aplastarte. Pero incluso un indigno y mezquino como tú debería ser tratado con igualdad ante la ley. Y por eso repetiré una y otra vez que no creo en la igualdad en todas las cosas, ¡sólo en la igualdad ante la ley!



Más en @eltivipata




Recuerden que pueden adquirir HEIL MACARENA, el libro que habla de lo que los medios no se atreven a hablar. Hazte con él en Amazon, por menos 1 euro, antes de que lo censuren

sábado, 25 de julio de 2015

Hay que luchar contra la lenguaja sexista



Esta artícula estará escrita íntegramente en femenina, suprimiendo la masculina, para solidarizarme con las concejalas de Somos Corvera, una formación política de una conceja de la municipia de Asturias, a pesar de que me ha estallado la correctora de la página de Word, y casi me revienta la carótida modificando la génera de cada palabra. Toda sea por luchar contra esa lacra de la machisma en la lenguaja, que es la principal preocupación de las españolas.



(Esta es la concejala Rogelia Crespo, la pródiga mente detrás de la iniciativa)



Otre opción propueste por el feminisme para combatir el sexisme en el lenguaje es la de usar el sufijo –e para sustituir las clásiques terminaciones –a y –o que tantas muertes producen al año. Segure que con estes medides conseguimes erradicar el maltrate de la mujer, solucionar el delicade teme de la breche salarial y visibilizar a le génere femenine.
Hay eruditxs e intelectualxs como Beatriz Gimenx, sin embargx, que utilizxn otrxs formxs de luchar contrx lxs letrxs opresorxs. Por ejemplx, escribir como si fuerx el códigx cifradx de una organización secretx de gilipollxs.

Ahora en serio, queridas enemigas del patriarcado, decidme que hay una cámara oculta, o que Juan y Medio saldrá con un ramo de rosas diciendo que todo ha sido una inocentada. El lenguaje no puede ser sexista si no ha existido en su concepción el expreso propósito de sojuzgar a la mujer. Y la prueba irrefutable de la ausencia de ese propósito opresor es la infinidad de términos femeninos indiscutiblemente positivos que encontramos en nuestra lengua; la justicia, la verdad, la razón, la clemencia, la fuerza, la valentía, incluso términos universales como la humanidad y –paradójicamente- la masculinidad. Pero, además, las feministas del sexismo lingüístico hacen alarde de su atrevida imbecilidad cuando confunden género gramatical con sexo. La palabra hombría, por ejemplo, es de género gramatical femenino, la hombría, pero todos sabemos que es un concepto masculino, ya que las mujeres no tienen hombría. La palabra clítoris es de género gramatical masculino, el clítoris, y todos sabemos que ningún hombre tiene clítoris.


En la frase nosotros fuimos a una manifestación no se excluye a la mujer, de la misma manera que cuando decimos las personas afectadas por la crisis no se excluye a los varones afectados. En la frase los leones comen caballos salvajes no es necesario emplear la política integradora que pregona la inculta retórica feminista, para que las leonas o las yeguas no se sientan discriminadas o excluidas. Se trata únicamente de simplificación lingüística. ¿Imagináis el absurdo de incluir la presencia efectiva del femenino en cada frase? Los doctores elegidos y las doctoras elegidas operaron a los pacientes y a las pacientes del hospital o los doctores/as elegidos/as operaron a los/las pacientes del hospital. El lenguaje quedaría deformado hasta niveles absurdos, repletos de ridículos circunloquios e irracionales desdoblamientos que empobrecerían una de las lenguas más extendidas de nuestro planeta.


Es posible que en ciertos fenómenos gramaticales puede existir un sustrato social, pero sus efectos en la conciencia lingüística son totalmente inexistentes. Es decir, desdoblar las palabras o inventar nuevos sufijos no fomenta o reduce el sexismo. No, para creer en la igualdad entre hombres y mujeres no es necesario escribir como si hubieses sufrido un ictus o se te hayan estropeado algunas teclas del ordenador.


Es cierto que, en algunas expresiones, el femenino tiene un innegable sentido negativo. Así pues, la expresión zorro está relacionada con la astucia, mientras que el femenino zorra tiene connotaciones peyorativas y sexistas. Ahora bien, el culpable no es el lenguaje en sí sino el significado atribuido al término. Es decir, si le digo a una mujer eres el femenino del zorro se sentirá igual de ofendida que si le digo eres una zorra, aunque no haya utilizado dicha palabra. Así pues, el sexismo no está en el lenguaje sino en el sentido que le queramos dar.


Este ataque frontal a la lengua no es otra cosa que un ataque a la cultura, pues la lengua es el vehículo de la cultura, la memoria colectiva de un pueblo, o conjunto de ellos. Y un ataque a la cultura es la más vieja herramienta de los regímenes totalitarios, dando las feministas significado a la famosa frase que se atribuyó a Millán Astray; ¡muera la inteligencia!


Más en @eltivipata






miércoles, 22 de julio de 2015

Las reaccionarias



Hubo una época en que el feminismo representaba el progreso social, luchando por el sufragio femenino con la firme oposición de reaccionarios y conservadores. Ahora, las tornas se han invertido, y son las feministas las que se oponen al progreso social que representa la custodia compartida. Un régimen de custodia que se extiende por Europa y que, cada día, tiene más adeptos. Un régimen de custodia que será norma en un futuro cercano, por sus acreditados beneficios. Y el feminismo pasará a la historia por su firme oposición a él. Ahora es el feminismo la oposición conservadora y reaccionaria frente a los nuevos vientos que soplan por toda Europa.


Yolanda Besteiro asegura que la custodia compartida es nociva. Resulta paradójico que, la presidenta de una asociación denominada Federación de Mujeres Progresistas, considere que una mujer divorciada deba cargar con la mayor parte del peso de la crianza y educación de los hijos. Curioso concepto tiene Besteiro sobre ser mujer progresista cuando, con palabras más sutiles, defiende un rol propio del paleolítico, en el que la mujer se enfrentaba casi en solitario a la ardua tarea de ser madre y padre a la vez. Resulta paradójico –al menos, para el no iniciado- que una feminista militante y activista diga que la mujer debe ser la criadora de la progenie, sabiendo que, de no repartir equitativamente los esfuerzos, la condena a una vida sacrificada, entregada a una de las tareas más exigentes y absorbentes que existen. Resulta extraño –de nuevo, para el no iniciado- que la representante de las mujeres progresistas inste a la mujer a que se entregue a la maternidad a tiempo completo, y renuncie a tener vida más allá de la que dedica a su hijo.


Pero tú, querido lector, y yo somos iniciados. A nosotros no nos sorprende que las feministas sean quienes, muy a menudo, corten las alas a las mujeres, arrebatándoles libertad y autonomía, sobrecargando su espalda de excesivas responsabilidades maternas. ¿Cómo justificarán esa contradictoria opinión en los cursos adoctrinadores feministas? Cursos como el que imparte Isabel Canto Fornell a sólo 50 euros el lavado de cerebro.







Y cuando el feminismo pierda la batalla –que perderá- su brillante comienzo quedará empañado por la decadencia de sus últimos tiempos, y por la férrea oposición al progreso y a la modernización de la sociedad.



Más en @eltivipata



Recuerden que pueden adquirir HEIL MACARENA, el libro que habla de lo que los medios no se atreven a hablar. Hazte con él, por menos 1 euro, antes de que lo censuren. Entra en Amazon



lunes, 20 de julio de 2015

El mito de Sísifo




Tanto los que luchan por derogar la abyecta Ley Integral de Violencia de Género como los que defienden la custodia compartida se enfrentan al mismo obstáculo; el feminismo. Un movimiento social con un esplendoroso pasado y un presente decadente. Una ideología usurpada por gente mezquina, escondida tras un cínico discurso de igualdad que promueve, no obstante, la segregación y el prejuicio. En ese discurso hipócrita y demagógico, el feminismo se ha autoproclamado defensor de la mujer. Su perorata ha calado tanto en el pensamiento colectivo que para la mayoría de personas arremeter contra el feminismo equivale a ser un machista reaccionario. El feminismo es, por tanto, el Alfa y el Omega.


Incluso personas que luchan por la derogación de la LIVG o por la custodia compartida, y que han dejado sobradamente acreditado su compromiso, siguen sin poder condenar la nefasta ideología que se les opone en la consecución de los objetivos por los que pelean. Muchos continúan sin poder deshacerse de ese tabú y les cuesta definirse abiertamente como anti-feministas. Sin embargo, y mientras el feminismo siga gozando del prestigio que concede el erigirse en defensa de la igualdad, la lucha de estas personas serán análogas a la de aquel desdichado dios, Sísifo, obligado a empujar una piedra que siempre volvía a caer. Por tanto, luchar contra la LIVG o la custodia monoparental impuesta es luchar contra la ideología demagógica, victimista y oportunista que las defienden.


El feminismo “la ideología de la igualdad” es, justamente, lo opuesto al igualitarismo. El igualitarismo celebra las diferencias entre hombres y mujeres como algo enriquecedor, pero defiende su igualdad ante la ley; el feminismo rechaza las diferencias entre hombres y mujeres pero promueve la desigualdad ante la ley. Para el feminismo, la diferencia entre hombres y mujeres es el pernicioso efecto de una educación patriarcal, que obliga a las niñas a jugar con Barbies y a los niños con balones de fútbol, pero redactan, aprueban y defienden leyes que condenan a unas y otros con distintos castigos para los mismos delitos.


No, condenar el feminismo no es ser machista. Eso es lo que nos han hecho creer los ideólogos del generismo, para gozar de invulnerabilidad mientras siguen haciendo y deshaciendo, mercantilizando vilmente el dolor del maltrato. No, condenar el feminismo no es atentar contra la mujer. Para empezar, porque los principales predicadores de la heterodoxia feminista son hombres; López Aguilar, Zapatero, Miguel Lorente… Condenar el feminismo es rechazar una ideología nefasta para unos y otros. Es revelar la verdadera cara de un negocio indecente. Perded el miedo a decir yo condeno el feminismo.



Más en @eltivipata


Recuerden que pueden adquirir HEIL MACARENA, el libro que habla de lo que los medios no se atreven a hablar. Hazte con él antes de que lo censuren. Entra en Amazon.




viernes, 17 de julio de 2015

Violencia doméstica en el antiguo Egipto









Cuando uno admira las espléndidas construcciones de la necrópolis de Guiza, nos resulta imposible no contener nuestra fascinación por las inmensas pirámides de los faraones Keops, Kefren y Micerinos. Nos preguntamos cómo pudieron erigir aquellas tumbas fastuosas, atemporales, con los rudimentos de una ciencia casi tan vieja como el eterno desierto donde se yerguen. Hay quienes buscan la explicación en las estrellas a las que las agujas de aquellas pirámides parecen señalar, y creen que fueron inteligencias cósmicas las que construyeron los palacios que debían servir de residencia a los faraones, cuando su envoltura de carne mortal se consumiera. Otros son más prosaicos, y explican que fueron ejércitos de esclavos los que, bajo el terror de los chasquidos de látigos, amontonaron aquellos monstruosos bloques de piedra unos sobre otros. Sin embargo, ni los amigos de la ufología ni los viejos historiadores estaban en lo cierto. No, las pirámides no fueron levantadas por civilizaciones extraterrestres ni por esclavos; fueron construidas por trabajadores asalariados.


Los historiadores modernos señalan que percibían un sueldo, tenían derechos laborales y podían darse de baja. Los motivos que se consideraban justificables para no acudir al duro trabajo en la construcción de las pirámides eran –como bien explica el blogHistorias de la historia - la picadura de escorpiones, embriaguez y… ¡palizas de su mujer tras una discusión conyugal!


Seguramente se trate de la evidencia más antigua de violencia doméstica de la mujer al hombre, y no sólo se reconocía la existencia de agresiones físicas sino que, dichas agresiones, parecían estar socialmente aceptadas, hasta el punto de que un obrero podía ausentarse de su puesto de trabajo si era agredido por su compañera. En un principio, podríamos suponer que el feminismo ignora adrede estas antiquísimas evidencias de maltrato en sus cursos adoctrinadores subvencionados con el dinero público, pero en este caso voy a romper una lanza en su favor, pues no creo que sea censura sino un grave caso de incultura –no creo que lean algo que no sea “literatura feminista”-. Sin embargo, no cabe duda de que si algún feminista despistado llega hasta aquí y lee este artículo negará con la vehemencia que sólo el fanatismo puede otorgar que exista una violencia doméstica que no sea la que ejerce el hombre hacia la mujer.



Como cacarean Lorente y demás gentes de dudosa moralidad, y escasa y mezquina inteligencia, la violencia inversa no existe, y los historiadores del Antiguo Egipto que nos traen este curioso e interesante pedacito de nuestra historia no son más que piezas del engranaje machista de esta sociedad patriarcal. Porque en el feminismo maniqueo de esta gente, o piensas como ellos o estás equivocado. O peor aún, eres un machista opresor. Ellos dictan el dogma que hay que acatar sin cuestionar, sin pensar, sin preguntar, para esquilmar la lana de todos esos borregos que gritan ¡machismo mata!


Más en @eltivipata




Recuerden que pueden adquirir HEIL MACARENA, sátira al negocio de género, por menos de 1 euro en Amazon.



miércoles, 15 de julio de 2015

Heil Macarena; un topo en las entrañas del feminismo radical ya en Amazon por menos de 1 euro




(Pinchar en la portada para entrar en Amazon)



El libro que Miguel Lorente no quiere que leas.



El 21 de enero de 2015, el periodista Roberto Manfredi hizo lo que nadie se había atrevido hacer antes; infiltrarse en una asociación feminista y contarnos su experiencia día a día. Para ello adoptó el alter ego de Macarena Oppenheimer, una feminista ciclotímica, falofóbica e histérica (es decir, una feminista promedio) y granjearse así la confianza de Gertrudis Sttutmeyer, una líder tan radical que a su lado Beatriz Gimeno parece Arias Cañete. Todas sus experiencias quedaron grabadas en un diario que, por caprichos del destino, cayó en mis manos.






Roberto/Macarena hace un recorrido por el feminismo actual español, desde Femen hasta las asociaciones feministas subvencionadas por el patriarcado. Por sus páginas desfilan personalidades como Pablo Iglesias y Echenique, Boti García Rodrigo y Albert Rivera, e intelectuales como Miguel Lorente. Un relato estremecedor que hará que te hagas muchas preguntas; ¿qué secretos esconde el movimiento feminista español? ¿Cuáles son sus implicaciones políticas? ¿Por qué coño he comprado esto?
Un libro lleno de suspense, tensión, y chistes fáciles llenos de estereotipos ofensivos. El libro que el feminismo no quiere que leas.


Sin duda, un relato preciso del feminismo actual de éste país. Un libro incómodo y valiente.” Josephine Gutiérrez, prestigiosa periodista y escritora.

Un libro que no dejará indiferente. Muy recomendable, a menos que no tengas sentido del pensamiento crítico, en cuyo caso es posible que te explote una arteria.” Fernando Lee, periodista no prestigioso y novelista mediocre.

He leído el libro tres veces y no viene nada de ninguna conspiración de reptilianos.” Enrique de Vicente, periodista.

Pues a mí no me ha gustado”. Alfonso Mendes.



Compra ya Heil Macarena (versión Kindle) por menos de un euro en Amazon y descubre la verdad que todos tratan de ocultar.



Más en @eltivipata


lunes, 13 de julio de 2015

La delincuencia positiva







Podríamos definir la discriminación como el trato desigual y pernicioso hacia una persona por razón de etnia, religión, sexo, clase social, ideología política o cualquier otra circunstancia. Nadie que tenga un mínimo sentido común admitiría que la discriminación es algo justo, necesario o tolerable. No obstante, las políticas de igualdad emplean con frecuencia medidas de discriminación positiva con el objetivo –al menos, en su discurso- de reparar una injusticia histórica sobre un sector discriminado. Ahora bien, ¿puede ser la discriminación algo positivo, por muy elevado que sean los propósitos que dicen perseguir? ¿Tiene algún sentido añadir el adjetivo positivo a la palabra discriminación?


La expresión discriminación positiva es una filfa, una invención de ingeniería social de Quimicefa, un artificio que no sólo no repara una injusticia histórica, sino que fomenta la segregación, daña la meritocracia y crea injusticias que antes no existían. Y, desde luego, sólo busca el voto fácil del sector “discriminado”. Con la fácil unión de dos palabras antagónicas –discriminación, palabra con connotaciones negativas, y positiva, expresión de carácter laudatorio- han creado una expresión que se ríe de la lógica aristotélica -de haberla oído, Aristóteles se habría tomado él mismo ración doble de cicuta-. No nos engañemos, no puede haber discriminación positiva para un sector de la población sin que exista una “discriminación negativa” para otro sector. Sería como decir que las leyes del Apartheid no discriminaban a los negros sino que discriminaban positivamente a los blancos.


Como dije en otra ocasión, Susana Díaz iba a implementar un criterio de desempate en oposiciones a puestos del sector de la sanidad basado en el sexo. Con esta descabezada medida pretendía reparar una pretendida discriminación de género en el ámbito de la sanidad en Andalucía. En primer lugar, de los 92.711 profesionales del SAS, el 68% son mujeres, frente al 32% masculino –según datos de la propia Consejería de Salud en 2013-. Pero con la medida pretendida por el PSOE, si un hombre y una mujer empatan en una oposición del SAS, será la mujer quien –no habiendo hecho más méritos que haber nacido con el sexo adecuado- pase a engrosar la lista de personal sanitario femenino, aumentado aún más la brecha existente.



Pero, incluso si la realidad fuese otra, ¿es positivo fomentar medidas de discriminación positiva? ¿Cómo le explicas a un joven que oposita para un puesto de enfermero que la compañera que empató en el examen tiene prioridad sobre él por ser mujer? ¿Cómo le cuentas que esa medida sirve para reparar una injusticia que él no ha cometido, para beneficiar a una chica demasiado joven para haberla sufrido? Que no nos engañen; hablar de discriminación positiva es como hablar de delincuencia positiva, estafa positiva o agresión positiva. Otro concepto artificial y pernicioso para conseguir votos.   



Más en @eltivipata




sábado, 11 de julio de 2015

Culpables








Siguiendo con recomendaciones cinematográficas, hoy hablaré de Culpables, de Tomás Aceituno; la única película que trata de manera frontal el espinoso tema de la otra violencia doméstica pero, más aún, de sus terribles consecuencias legales y sociales, pues al maltrato de la mujer a su marido se suma la discriminación legal de una justicia que convierte a la víctima en verdugo, y el estigma social de un género al que legal y socialmente se le niega el derecho a la presunción de inocencia. El título de la obra no puede ser, por tanto, más acertado.


Una película valiente tanto por la manera en que fue producida –nadie se extrañará, a estas alturas, que no haya recibido subvención de ningún tipo- como por el impopular y polémico tema que aborda. Con documentada precisión, Aceituno no pasa de puntillas por ninguna de las múltiples cabezas que la hidra del maltrato mujer-hombre posee; mala utilización de las herramientas que la ley pone en manos de las mujeres maltratadas, alienación de la hija de la pareja protagonista, el drama de una abuela separada de su nieta e incapaz de ayudar a su hijo, el juicio popular e implacable al que la víctima es sometida por vecinos y conocidos…


Muchos reconocerán las situaciones por las que pasa nuestro protagonista; prisión preventiva sin ningún indicio criminal en su contra, medidas de alejamiento… Pero también somos testigos del drama de las otras víctimas; la pequeña, sometida a un continuo bombardeo para enfrentarla a su padre –vemos lo fácil que es manipular y dirigir a un niño, y las nefastas consecuencias que tiene para su salud emocional-, y su abuela paterna, una mujer de delicada salud cuyo principal objetivo será impedir que la separen de su nieta. Basada en hechos reales, muchos se verán, no obstante, reflejados en Culpables.



(Proyección de Culpables en el Tercer Congreso Internacional de Alienación Parental en Morelia, México)




Pinchando AQUÍ podrán alquilar la película de Aceituno.



Más en @eltivipata




jueves, 9 de julio de 2015

Zanahorias para burras






Entre el 60 y el 70 por ciento de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas no denunciaron ser víctimas de malos tratos. Sólo en el 30 o 40 por ciento de los casos restantes existieron denuncias previas. No hace falta tener un gabinete de asesores –de esos escogidos a dedo entre primos, cuñados y demás fauna de domingo de barbacoa- para entender que se hace necesario animar a ese nutrido porcentaje de mujeres asustadas a denunciar su situación, antes de que engrosen las listas que las listas de la izquierda no tienen decoro en profanar, usándolas en las campañas de marketing de sus empresas feministas.


Pero, continuando la ya larga tradición de hacerlo todo mal, los expertos en políticas de igualdad ofrecen tentadores incentivos para la denuncia sumarísima e indiscriminada. Suculentas indemnizaciones, ventajas en procesos de divorcio y custodias, y regularización de su situación en el país para las mujeres inmigrantes sólo interponiendo una denuncia por violencia de género. Todo dirigido, sobre el papel, a que esas mujeres maltratadas en silencio superen el miedo que sienten hacia su opresor y denuncien. Y ahora, en Andalucía, feudo de un socialismo arraigado y un feminismo implacable, se ofrece un nuevo premio a la denuncia; privarles de pagar matrículas universitarias.


Pero la realidad es que el porcentaje de mujeres asesinadas que no denuncian sigue siendo el mismo. Seamos realistas; la mujer que tiene terror a su maltratador no se decidirá a denunciarle porque le regalen la matrícula de la universidad. Todas esas políticas de incentivación a la denuncia sólo incentivan al desatinado y abusivo uso de las leyes que debían asistir a las que ciertamente las necesita. En conclusión; las mujeres maltratadas siguen dentro del armario de la violencia doméstica y las mujeres indecentes se encuentran con que cada día es Navidad en nuestro paraíso de la igualdad de género.


Según datos de la Oficina de Información del Parlamento Europeo, España representa uno de los índices más bajos de violencia de género de Europa –y, por extensión, del mundo, si tenemos en cuenta que Europa es un lugar más avanzado en materia de igualdad que África, Latinoamérica u Oriente Medio- pero las verdaderas mujeres maltratadas siguen sin denunciar.



Las políticas de igualdad –sea cual sea la acepción que el Ministerio de Igualdad atribuya a la palabra igualdad- van dirigidas a incrementar el número de denuncias, sin discriminar entre verdaderas o falsas. Ofrecen zanahorias a las burras que, cual fría y vengativa Salomé, quieren la cabeza de su ex en bandeja de plata. Ofrecen dádivas a las fundamentalistas de la maternidad, a las capitalistas de la descendencia. Los Juzgados de Violencia de Género se van atestando de denuncias al tiempo que se llenan los bolsillos de sus directores de orquesta. Entre tanto, las verdaderas maltratadas siguen sin denunciar.  



Más en @eltivipata




sábado, 4 de julio de 2015

La dictadura








En otros tiempos -ya superados aunque el feminismo siga empeñándose en hacernos creer lo contrario- las mujeres tenían que escuchar comentarios donde se cuestionaban sus aptitudes para realizar un empeño concreto. ¿Una mujer ingeniera? ¿Una mujer policía? ¿Una mujer dirigiendo una empresa? Ahora somos nosotros los que soportamos comentarios donde se cuestionan nuestras aptitudes como padres. ¿Custodia compartida? ¿Quién mejor que una madre para cuidar de sus hijos?


Pues sí, decir que un padre no puede cuidar de sus hijos con la misma eficiencia que una madre es igual a cuando nuestros abuelos no concebían que una mujer pudiera diseñar un rascacielos. No hay ninguna diferencia. Cuando una feminista argumenta en defensa de sus privilegios que los hombres somos irresponsables o descuidados en la crianza de un hijo están actuando como el machista que dice que una mujer no tiene la validez para empeñarse como arquitecto o mecánico. La diferencia es que cuestionar lo primero es visto con una normalidad vergonzosa, arraigada en lo profundo de un matriarcado ancestral, y cuestionar lo segundo es ser machista, retrógrado y opresor. De acuerdo en lo segundo, vehementemente en contra de lo primero. No podemos ver con normalidad comentarios donde se cuestione nuestra valía como padres, pues no hay nada que una madre pueda hacer y un padre no, con la natural excepción de darles el pecho.


El feminismo cuestiona la valía del hombre de la misma manera que el machismo cuestionaba la valía de la mujer –pero el feminismo no es lo opuesto al machismo, por supuesto-. El feminismo no admite que se añada la conjunción adversativa pero después de declararte feminista. Es decir, si dices soy feminista pero… cualquier cosa que añadas después invalidará la afirmación anterior. Por tanto, ser feminista es aceptar el dogma que te imponen. Deshazte del pensamiento crítico y carga tu disco duro con el virus que te inoculen. El feminismo tiene ínfulas mesiánicas; nada es moralmente aceptable si no cuentan con él. Ningún movimiento social o político es bueno si no tiene su principio en esa ideología de otros tiempos, usurpada por caraduras que descartaron trabajar para ganar dinero y han encontrado su modus vivendi en la segregación, en confrontar a hombres y mujeres, en un conflicto interesado que no es en absoluto inocuo. Cínicos de la igualdad interesados en que exista desigualdad para seguir llenando sus bolsillos.



Más en @eltivipata






jueves, 2 de julio de 2015

A golpe de ley







El PP lo ha vuelto a hacer. Lo de abusar de su mayoría absoluta para aprobar leyes que ha rechazado la inmensa mayoría de la población (a la que presuntamente sirven). No es nuevo eso de usar la democracia representativa para hacer y deshacer a espaldas del representado (o sea, tú y yo) durante los cuatro años que dure la legislatura, pero ahora, la Ley de Seguridad Ciudadana ha criminalizado acciones como impedir desahucios, hacer sentadas en espacios públicos como colegios u hospitales que corran el peligro de cerrar sus puertas, o fotografiar actos de abuso policial. Supongo que la administración que preside Mariano Rajoy considera que banqueros, imputados y antidisturbios son ciudadanos que precisan de una protección especial.


¿Cuántos antidisturbios, jueces que firman alzamientos o personal de sucursales bancarias han sido agredidos por la difusión de imágenes en internet? La realidad es que no somos violentos. Lo demuestra el hecho de que, sin excepción, ninguno de los asesinos y violadores reincidentes que la derogación de la doctrina Parot dejó en libertad hayan sido agredidos o amenazados, que ninguno de esos jubilados estafados por las preferentes haya entrado en una sucursal, escopeta en mano, o que un imputado siga pavoneándose de su aforamiento con total impunidad. Esta ley viene a decirnos, sin el más mínimo fundamento, que somos una sociedad violenta o anárquica, una suerte de Viejo Oeste donde nos tomamos la justicia por nuestra mano. No, la violencia no es un problema de este país. El PP ha vuelto a errar en el diagnóstico, y ha vuelto a aplicar el tratamiento equivocado. No hace falta ser economista o politólogo para diagnosticar los problemas que achacan este país; paro y corrupción, o corrupción y paro (dejo el orden a vuestro criterio). ¿Era necesario redactar y aprobar una ley que aplique tan desproporcionados castigos para delitos que no se han cometido?



¿Cuántas manifestaciones violentas, barricadas, destrozos importantes de mobiliario urbano se han producido para justificar la aprobación de una ley que nadie ha pedido? ¿Con qué fundamento se arrogan el derecho de aprobar una ley a espaldas de la voluntad ciudadana cuál padre que impone una norma a su hijo, demasiado joven para entender que es por su bien? Paternalismo rancio con el propósito de esconder la corrupción debajo de la alfombra, en lugar de tirarla a la basura.   



Más en @eltivipata