viernes, 29 de mayo de 2015

El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición







Información libre e independiente. Así se autodefine el diario digital InfoLibre, que publica con bastante desvergüenza que el programa matinal “La mañana” de TVE cuestiona la veracidad de las denuncias por violencia de género. No se trata de un entrecomillado que parafrasee a la diputada socialista Ángeles Álvarez, que se opuso enérgicamente al espacio del programa presentado por Carmen Serrano, sino una afirmación que, bajo la apariencia de informar al lector, lo alinean, emitiendo una información descontextualizada. Una información completamente tergiversada con mucha mala baba y poco rigor periodístico. Una noticia encaminada a apelar a las emociones del lector y la indignación que la violencia de género provoca en la sociedad, en lugar de apelar a la razón y al pensamiento crítico, degradando la profesión del periodismo a mera propaganda ideológica al servicio del poder de turno.

Sí, Carmen Serrano admite la existencia de denuncias falsas, pero no, no cuestiona que todas las denuncias sean falsas. ¿Tan difícil es de entender? El PSOE reacciona al espacio que presenta en el programa “La mañana” con muy poco talante democrático, buscando su cancelación (censura, hablemos claro) para proteger el negocio que tanto rinde dividendos, y que inició un tipo al que (esto parece el guion de una película mala) se le imputó después delitos por violencia de género. A golpe de prohibición. Para que la sociedad española siga en el desconocimiento de que hay otra violencia de género, de que no siempre el hombre es el verdugo, de que no siempre la mujer es la víctima.

Poca memoria parece tener los socialistas, obligados a trabajar en la clandestinidad no hace mucho tiempo, cuando por aquí gobernaba un gallego bajito. Ahora son ellos los que censuran, los que nos obligan a golpe de presión y prohibición a aceptar su inútil (sí, he dicho inútil) Ley Integral de Violencia de Género sin siquiera cuestionarla. Sin espacio para la reflexión. Como los hebreos cuando, al pie del Sinaí, aceptaron las Tablas de la Ley que traía Moisés. No pienses, sólo acepta nuestro dogma, barnizado con las palabras progreso social e igualdad de género. Calla y acepta, o presionaremos, censuraremos, prohibiremos. Lo que decimos va a misa. Curioso de ese feminismo que se enorgullece de su laicismo.

Pero hay un problema, amigos y amigas, y es que yo nunca comulgué con aquellos que establecen dogmas, religiosos o legales. Nunca me cayó bien los que me decían no cuestiones. Beatriz Gimeno, Miguel Lorente, Ángeles Álvarez… Para ser tan laicos os parecéis bastante a Fray Luis de Torquemada. Censores, inquisidores, pastores de ovejas que balan vuestra información manipulada para vuestro beneficio económico. Al final, el fanatismo es igual sea cual sea su ideología política, social o religiosa.
   



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miércoles, 27 de mayo de 2015

El calzonazos




En uno de esos absurdos programas de tele-realidad se ofrecía como premio una magnifica vivienda. Eran los primeros años del segundo milenio y la burbuja inmobiliaria aún no había estallado (pero estaba tan cebada con especulaciones, contratos de dudosa legalidad, recalificaciones de terrenos y otras corrupciones urbanísticas que no quedaba mucho). Los precios de la vivienda eran tan elevados que lo que nuestra Constitución calificaba de derecho se había convertido en el privilegio de unos pocos afortunados. Así que el reclamo de tener una gran vivienda y, por supuesto, pagada, atrajo a muchos participantes.

Concursaban en parejas, ya fueran sentimentales, de amigos, etc. Sin duda, una de las parejas de concursantes que más llamaba la atención por su singularidad y atractivo mediático la componía Mónica (alias la Virgen) y David. La manera en que Mónica controlaba y menoscababa la integridad de su compañero sentimental y de reallity habría hecho saltar las alarmas de no ser por el pequeño detalle de que quien ejercía aquella actitud dictatorial y vejatoria tenía los mismos cromosomas. Mónica decidía cuando David podía hablar y cuando debía callarse. Su opinión no sólo no era tenida en cuenta sino que era despreciada por ella. Los insultos eran frecuentes, y siempre unidireccionales. Las humillaciones eran constante y delante del resto de sus compañeros (por no mencionar las cámaras que registraban aquellas vejaciones para los tres o cuatro millones de espectadores de aquel concurso) y le recordaba quién era la mente pensante de los dos, y quien debía limitarse a callar y obedecer sin cuestionar. ¿Así es como te he educado? ¿No has aprendido nada de lo que he dicho? ¿Voy a tener que adiestrarte mejor? Y el tipo hundía la cabeza entre sus hombros encajando la humillación, aderezada con las miradas (mezcla de compasión y burla) de sus compañeros.

Para ejercer ese férreo control, la Virgen no desaprovechaba ninguna ocasión para recordarle cómo era la vida de David antes de conocerla a ella. No tenías amigos, estabas sólo, no eras nadie, amenazando con dejarle para que volviera a aquella situación. Repetía aquel mantra una y otra vez, no sólo en el calor de las discusiones, sino en conversaciones cotidianas, hasta que aquellas palabras, como un martillo neumático, horadaban un agujero en su autoestima. Él mismo, en conversaciones con sus compañeros, repetía como un autómata no era nadie, estaba sólo hasta que la conocí a ella.

Lo peor (si cabe) fue la reacción que esta situación provocaba en los demás. David no era víctima de una posible situación de malos tratos psicológicos, sino un calzonazos, apocado, medio-hombre. Un tipo timorato y cobarde, incapaz de “poner en su sitio” a su mujer. La ausencia de empatía hacia la víctima (cuando tiene los cromosomas XY) se evidenciaba con las burlas que compañeros, sanguinarios tertulianos y espectadores dirigían hacia aquel patético infeliz. Sin duda, el síntoma de una insensibilización hacia una realidad terrible, que es el maltrato de la mujer al hombre. La diferencia es demoledora; si la situación hubiese sido a la inversa, Mónica nos habría suscitado compasión, y David nuestro más profundo desprecio.

La figura del calzonazos es muy común. Todos conocemos a alguno. Todos tenemos un amigo al que se le puede adjudicar ese horrible adjetivo. Piensen que, muy probablemente, nuestro amigo calzonazos no sea otra cosa que una víctima de la manipulación y el control de su pareja. Una víctima de malos tratos.


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lunes, 25 de mayo de 2015

Niños maleducados









Aprender no es lo mismo que adquirir conocimientos. Enseñar conocimientos no es lo mismo que educar. Esa es la razón por la que no debéis delegar en maestros y profesores la educación de vuestros hijos. La diferencia entre enseñar y educar es clara. Enseñando se adquieren conocimientos, educando se adquieren conductas. Enseñar a vuestros hijos qué está bien y qué está mal no es diferente a enseñar que una flor tiene estambres o pistilos, o que la masa atómica del hidrógeno es de 1. El niño adquiere esos conocimientos, pero no es garantía de que lo vayan a poner en práctica.

La única manera efectiva de educar es mediante el ejemplo. Si dices que mentir está mal, pero haces pasar a tu hijo de diez años por uno de ocho para pagar menos en el Aquópolis, tu hijo aprenderá que mentir está mal pero que se puede hacer igualmente. Si enseñas a tu hijo que ejercer la violencia está mal pero al llevarlo a un partido de fútbol le adjudicas a la madre del árbitro la profesión de meretriz porque no vio un penalti, tu hijo aprenderá que ejercer la violencia está mal pero que se puede emplear igualmente.

Cuando nos quejamos de la corrupción política, la ineficacia o la indolencia de una población que termina convirtiéndose en cómplices ignorantes de quienes nos gobiernan, nos olvidamos de que todos ellos fueron niños una vez. Como decía Julio Anguita, los políticos no son una raza aparte, no han brotado de la tierra ni han caído del cielo, han salido de entre nosotros. Muy acertadamente, el Califa nos decía que la clase política no es sino la manifestación sintomática de una enfermedad que padecemos todos, desde el político hasta el panadero, desde el congresista hasta el profesor. En otras palabras, los políticos son la flema, las pústulas y úlceras de una sociedad que es el germen, el caldo donde se cultivan y reproducen. Nosotros estamos enfermos, y ellos son los sintómas.


Los políticos fueron niños educados con principios cuestionables (entre otras cosas porque muchos de ellos vienen de estirpes de políticos). En nuestras manos está cambiar ese caldo de cultivo. Y para ello se debe ejercer una paternidad responsable. No enseñar sino educar, y sólo se puede educar siendo un ejemplo de honestidad, moralidad y empatía. En esto, los hombres debemos asumir nuestra parte de responsabilidad, que pasa indefectiblemente por solicitar la custodia compartida. Padres divorciados, asumir vuestras responsabilidades económicas y pagar la pensión de alimentos no os convierte en padres. Luchar por la custodia compartida es vuestra obligación moral 

¡Saludos!





sábado, 23 de mayo de 2015

Cordiales saludos, señor Évole






He escrito esta carta que seguramente no leerá. Imagino que su agenda estará lo bastante apretada como para leer todos los mensajes de seguidores que lleguen a sus cuentas de redes sociales, agradeciéndole su trabajo en tal o cual programa, o criticándolo, y puede, incluso, que esté hasta los coj… de atender peticiones (muchas de ellas seguro que absurdas). Pero como no me lleva más de treinta minutos pararme a escribirle, he decidido intentarlo. Mayor es el tiempo que invierto en encender mi ordenador cada día, por cierto (sí, ya habrá adivinado que tengo un Windows), así que el individuo que tasó el tiempo y dijo que era tan valioso como el oro lo exageró un pelín. Al final terminamos malgastándolo de una manera u otra, así que esta es una forma como cualquier otra de hacerlo, si no llega a usted, y puede ser muy productiva para mí (y quizá también para usted) si tengo la suerte de que llegue.

El motivo de mi carta no es la de iniciar una relación epistolar con usted, sino la de pedirle un pequeño favor. Sí, es verdad que no nos conocemos, pero cuando uno ve determinadas injusticias termina perdiendo el decoro y acaba pidiendo favores a señores desconocidos. Me gustaría que alguna vez tratara el tema de la industria de género. Sé que es un tema polémico, pero creo que a usted no se le conoce por su corrección política, precisamente. Es un tema jugoso, no me lo puede negar; la Ley Integral de Violencia de Género, las denuncias falsas (cómicamente reducidas a un poco creíble 0,01%), la industria que rodea y mercantiliza un tema como el maltrato a la mujer, jueces apartados de sus cargos, vetos a profesionales en televisión, información censurada (cómo periodista imagino que no le gustará especialmente esto), y de paso piense, como padre que es, que le parece la legislación en materia de divorcios y custodias.

Creo que da suficiente material para uno de sus programas, y estaría dando voz a miles de personas a las que se invisibiliza para no tener que cerrar este indecente negocio. Su programa ha dado voz a ministros de economía griegos o exetarras arrepentidos, que no dejan indiferente a ningún espectador y, en el caso de la entrevista a Iñaki Rekarte, causó más de una reacción encontrada. Respóndame (es una figura retórica, puede sustituirla por “pregúntese”) si una entrevista al juez Francisco Serrano, castigado por su incorrección política, y autor del libro La dictadura de género, no tiene valor periodístico.

Si tengo la suerte de que esta humilde petición llega a usted, le pediré que se tome diez minutos de su tiempo para leerla y, si decide ignorarla, me gustaría que me dedicara dos minutos más (ya puestos a pedir) para decirme por qué decidió hacerlo. Tal vez considere que las llamadas “políticas de igualdad” son estupendas, o que no lo son pero el problema no tiene el suficiente calado para dedicarle un programa, o quizá tema que las cientos de asociaciones feministas de este país orquesten una presión tan grande que haga peligrar la emisión del programa, o que no funcionará a nivel de audiencia, o que, simplemente, no es una cosa que dependa de usted y que debo ponerme en contacto con algún gerifalte de la cadena para la que trabaja.

Sea cual sea el motivo, me haría bien a mí y a los miles de afectados por las “políticas de igualdad” que expusiese la razón por la que no cree conveniente tocar el tema (si decide no hacerlo), aunque sea en 140 caracteres. No dudo de su calidad como periodista, ni de su compromiso con causas que afectan a miles de españoles (espero que apelar a su vanidad profesional funcione), así que estoy convencido que si lee esta carta al menos lo pensará. Espero atentamente su respuesta (llamadme iluso, si queréis).


Saludos cordiales. @eltivipata 



jueves, 21 de mayo de 2015

Mensaje para los que contraerán nupcias







Cuando quieras casarte con esa persona a la que hoy consideras el hombre o la mujer de tu vida recuerda que tienes un cincuenta por ciento de probabilidades de que no envejezcáis juntos, agarrados de vuestras marchitas manos mientras veis Saber y Ganar (que no me cabe duda que seguirá emitiéndose por los siglos de los siglos). Existe aproximadamente un cincuenta por ciento de probabilidades de que ese “día más feliz de vuestra vida” acabe en la fría sala de un juzgado, cada uno con un leguleyo a vuestro lado cual diablo tentador, firmando los papeles del divorcio. Un cincuenta por ciento es una posibilidad muy alta. La mitad, aclaro, por si algún despistadillo no se ha dado cuenta.

Cuando mires a los ojos a esa persona a la que idolatras intenta sacudirte por un instante los efectos psicotrópicos que produce el amor y piensa en ese cincuenta por ciento. Por supuesto, el amor tiene esa capacidad enceguecedora que nubla la percepción y el razonamiento lógico. Probablemente pienses que vosotros no seréis ese cincuenta por ciento que terminan peleándose hasta por la escobilla del váter. No, por supuesto, vosotros os amáis demasiado como para haceros daño. Lo vuestro es sólido, inquebrantable, imperecedero. Permitidme deciros de nuevo que, digáis lo que digáis y sintáis lo que sintáis, tenéis un cincuenta por ciento de posibilidades de acabar sentado frente a una demanda de divorcio, chutándoos una sobredosis de helado y viendo una maratón de películas de Meg Ryan. Es así, os guste o no, y creedme, no hay nada más feo que el amor cuando se acaba.

El cincuenta por ciento de los que se casan se divorcian, y tienes las mismas posibilidades de que te suceda que a cualquier otro. Así que piensa, por si acaso, en cómo crees que actuarás si llega el momento. Aquí es donde se demuestra tu madurez, tu generosidad, y si el cariño que le tuviste a esa persona fue realmente sincero. Si los te quiero que le dices ahora sirven de verdad de algo. Si tienen algún sentido. Pregúntate si tus hijos tienen que ser víctimas colaterales de esta guerra. Si le haces bien secuestrándole sin pedir rescate, lobotomizarle su masa cerebral en formación enseñándole a odiar. Define qué es tu hijo. Si una propiedad que te pertenece por eso de que salió de ti (recuerda que para que saliera de ti alguien debió introducir algo antes) o es un ser humano con derechos propios. Si es un arma que utilizar en tu guerra o un ser al que tienes la responsabilidad de proteger. Si es un cheque mensual o un niño que también necesita nutrirse del cariño de su otra familia.

O si es, simplemente, celos. Los amores tóxicos no sólo se dan en las relaciones sentimentales. En esas de adolescentes con los ojos amoratados de tanto llorar que salen en los anuncios recaudatorios. Los amores tóxicos también se dan en las relaciones materno-filiales. Madres celosas, acaparadoras, incapaces de separarse de sus hijos no ya porque lo vean como un cheque u odien a su expareja, sino por pura y obsesiva posesión. Preguntaos, antes de dar el sí, quiero si estáis preparados para un divorcio maduro y responsable, porque, si no es así, tampoco estáis preparados para quereros ahora.



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martes, 19 de mayo de 2015

Soy negrista







Muchas personas se han dirigido a mí para corregirme en el empleo de la palabra feminista con connotaciones peyorativas, señalando que existe una gran diferencia entre feminismo y feminismo radical o hembrismo. Hoy quiero detenerme para explicar en profundidad por qué suelo emplear la palabra feminismo y hembrismo sin hacer muchas distinciones entre ellas. Como si fueran sinónimos. No lo tomen a mal, no es una réplica airada pues siento un profundo respeto por todas aquellas personas que he mencionado, sino una explicación de mis consideraciones semánticas al respecto.
No, no es una torpeza por mi parte. Cuando hablo del feminismo sin desmarcarlo del feminismo radical o hembrismo lo hago de manera intencionada. Suelo elegir cuidadosamente las palabras que utilizo, y más cuando no pretendo ofender a gente a la que respeto, y porque entiendo que, cuanto más sensible es un tema, más precisos han de ser los términos que se emplean, así que no es un error por mi parte. Cuando hablo de feminismo y hembrismo como sinónimos lo hago adrede. ¿Por qué?
Puedo responder a esa pregunta con otra pregunta, ¿existen realmente diferencias entre feminismo y feminismo radical en este país? El feminismo institucionalizado (el de la política, el de Bibiana Aído y sus miembros y miembras, el del inútil Ministerio de la Igualdad, con sus anuncios recaudatorios, el de las asociaciones subvencionadas…), está corrompido hasta la médula por el feminismo victimista, oportunista, segregacionista, revanchista e interesado. Lo dirigen personas como Juan López Aguilar, Pedro Sánchez, Beatriz Gimeno, Miguel Lorente… No, en el feminismo institucionalizado de este país no hay diferencias prácticas entre feminismo y hembrismo. Están fuertemente entremezclados y resulta casi imposible separar el grano de la paja.
El feminismo real, el justo, al que apeláis vosotros y vosotras está lamentablemente muerto. O, al menos, sin voz. Vosotros sois los últimos vestigios de ese feminismo heredero de Clara Campoamor o Emma Goldman, pero el feminismo que padecemos (sí, también he escogido cuidadosamente esa palabra) no es ese viejo feminismo que proclamáis.


¿Por qué declararse feminista ya no tiene ningún sentido para mí? El feminismo (al menos el original) cree en la igualdad de género, por tanto, cualquier persona con un mínimo de sentido moral, es feminista. Pero también soy negrista (aunque ni siquiera esté seguro de que exista esa palabra, o tenga la misma acepción que feminista), porque creo en la oportunidad de derechos y oportunidades entre blancos y negros. Sin embargo nadie dice que es negrista, ni arabista, ni “discapacitadista”… En una sociedad donde el machismo ha desaparecido de las leyes y las instituciones, decir que uno es feminista es tan innecesario como decir que no es racista o xenófobo. No, no tengo que decir hola, soy el Tivípata y soy feminista, y no odio a los negros, y estoy a favor de la integración de los discapacitados y apoyo a Greenpeace en su lucha para evitar la extinción del mono de cola anillada.



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domingo, 17 de mayo de 2015

Mujeres, hombres y viceversa







No es una guerra de géneros. Así es como pretenden venderlo quienes siguen y quieren seguir viviendo del botín, simplificando una complicada ecuación a una absurda y muy manida guerra de hombres contra mujeres. De hecho, en el lado desde el que se profana derechos universales y se viola sagrados conceptos del derecho, los hombres son prolíficos y ocupan posiciones de poder. No olvidemos que fue un hombre quien redactó la Ley Integral de Violencia de Género (Juan López Aguilar), que pertenecía a una administración que presidía otro hombre (José Luis Rodríguez Zapatero), y que cuenta entre sus más fanáticos defensores a integristas como Miguel Lorente. No os lleven a engaños. El feminismo radical es cosa de mujeres y Tíos Tom.
¿Qué son los Tíos Tom? En tiempos de la esclavitud, en Estados Unidos, los negros que trabajaban sin descanso en las plantaciones de algodón, bajo el batiente sol de Alabama o Georgia, odiaban (con toda razón) a los brutales capataces que les destrozaban la espalda a latigazos ante cualquier mínima señal de relajación en la disciplina. Sin embargo, había un tipo de persona a la que los esclavos reservaban su más profundo odio y desprecio, por encima de aquellos sanguinarios capataces y los negreros que los mercantilizaban como propiedades, y eran otros esclavos negros a los que, muchos años después, se les llamó Tíos Tom (por el personaje de una novela del siglo XIX). Eran estos unos seres de la peor calaña, que se habían ganado una posición privilegiada entre los dueños de las plantaciones, a costa de ser casi más crueles que los propios capataces. Eran útiles para mantener el control sobre unos esclavos que, a menudo, superaban en número a los capataces y señores de las plantaciones, con el subsiguiente peligro de que se rebelaran. El desleal y despreciable Tío Tom, con la experiencia de haber sido esclavos recolectores de algodón en el pasado, sabían cómo vigilar a los nuevos esclavos. Conocían sus trucos y entendían su manera de pensar, y tenía convenientemente informado a su amo o a los capataces ante cualquier mínima señal de subversión, con las consiguientes y brutales consecuencias. Chivatos, desleales, eran recompensados con un trato “digno”. Solían realizar trabajos domésticos mucho más suaves que el duro trabajo en las plantaciones y tenían privilegiados descansos y comidas. Se convertían en mascotas de los dueños de las plantaciones, vida mucho más fácil que la de aquellos desdichados que recolectaban algodón bajo el sol y el látigo.
En el feminismo radical hay muchos de esos Tíos Tom. Miguel Lorente es un buen ejemplo de Tío Tom. Sin embargo, estos que nos ocupan ahora son mucho peor aún. Los Tíos Tom de las plantaciones de Georgia habían sufrido en sus carnes el lacerante dolor del látigo y sus manos conservaban la dureza de otros tiempos en los que habían recolectado algodón desde la mañana hasta la noche. Tenían, al menos, un motivo para hacer lo que hacían. Estaban cansados de sufrir. Los Tíos Tom de la actualidad no tienen esa justificación, lo que hace que sean seres de mucha peor calaña.
Que no os engañen. No es una guerra de géneros. La realidad es que en nuestro lado también hay muchas mujeres. Diría que la mitad de nosotros lo son. Por ejemplo, el presidente de la asociación GenMad no es presidente sino presidenta. Los del otro lado dirán que son mujeres alienadas, traidoras a la causa feminista, sumisas del patriarcado que las oprime. Precisamente es lo que no son. No están alienadas por el dogma feminista, que no deja espacio al pensamiento crítico y al cuestionamiento de sus normas. Sumisas son aquellas que balan como ovejas bajo la atenta mirada del femilisto o femilista de turno, que se llena la cartera al son de sus reivindicaciones de otros tiempos. Son madres, hermanas e hijas de hombres denunciados y condenados sin pruebas, en un juicio donde ya eran culpable antes de entrar, y donde jueces y fiscales se limitaron a interpretar una obra de Shakespeare. Son mujeres que dejan el victimismo a un lado, y quieren que las valoren de acuerdo a sus méritos, y no a sus cromosomas. Son madres ejemplares que olvidaron o perdonaron, o al menos entendieron que sus hijos no eran culpables de lo que sus maridos hicieron, y otorgaron la custodia compartida. Son mujeres que decidieron vivir del esfuerzo propio, y no parásitas del cheque mensual. Son mujeres que quieren acabar con privilegios que ellas mismas poseen por ser mujeres. Son mujeres que luchan por una causa por la que, realmente, no tiene por qué luchar, pues no son sus intereses los que defienden, sino los de aquellos hombres a los que quieren. Ahora comparen las mujeres de nuestro lado con las mujeres del otro lado, y echémonos unas risas.




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viernes, 15 de mayo de 2015

Ladrillos en el muro



Alguien dijo (no recuerdo quien) que toda enseñanza que no partía del desarrollo del pensamiento crítico no era enseñanza sino adoctrinamiento. En 2004, José Luis Rodríguez Zapatero aprobaba una ley redactada por Juan López Aguilar en el que se privaba de un derecho inalienable al ser humano a más de veintidós millones de personas, además de volatilizar conceptos jurídicos como el in dubio pro reo, aplicado en todos los estados del llamado mundo desarrollado. Yo me he preguntado en más de una ocasión, ¿cómo es que una ley de esas características sigue vigente once años después sin que, al menos, medio país no se haya echado a las calles a protestar? Seguimos siendo ladrillos que forman un muro sobre el que se apoyan gentes con privilegios. Un muro sólido que, por desgracia, tardará mucho tiempo en derrumbarse. Pero, ¿cuáles son los mecanismos concretos (la argamasa, podríamos decir) que mantiene sólido el muro? 

Los medios de comunicación. Vivimos en un mundo pequeño. Mucho más pequeño del que podamos imaginar. En nuestro micro-universo no hay más que un puñado de personas; familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y conocidos que apenas suman uno o dos centenares. De ellos tenemos información efectiva, directa. Sabemos si inician una relación con alguien, o la acaban. Si han encontrado un nuevo empleo, o se mudaron de hogar. Si alguien perdió a su padre o se hizo un nuevo corte de pelo. Todo lo que sabemos fuera de ese círculo cómicamente insignificante es gracias a los medios de comunicación. Nosotros no vimos los ataques terroristas al semanario de Charlie Hebdó, ni estuvimos en la embarcación que arrastró al fondo del Mediterráneo la vida de doscientos inmigrantes, ni fuimos testigos de las acciones rusas en la lejana Crimea. De hecho, ¿quién de vosotros estuvisteis en Crimea en los últimos años? ¿Quién de vosotros sabía de su existencia? ¿Alguien me puede decir cuál es su plato típico, baile regional o historia reciente? 

Todo lo que sabemos fuera de nuestro micro-universo de certezas es lo que nos cuentan los medios de comunicación. Nuestros ojos y oídos fuera de ese reducido círculo de personas a las que conocemos físicamente son esos medios. Es tal su importancia que muchos le han elevado a la categoría de Cuarto Poder, a la altura de los tres poderes en que se dividen (o deberían dividirse) un gobierno democrático. Pero, en España, la división de poderes nunca ha sido efectiva. En un sistema en el que los políticos (Poder Legislativo) nombran a los jueces (Poder Judicial) es evidente que la independencia de los poderes judiciales se ven peligrosamente comprometida. ¿Podemos decir, al menos, que el Cuarto Poder, el de los medios de comunicación que consumimos a todas horas, es independiente? 

Bien, todo el amplio espectro de medios de comunicación que existe (prensa escrita o digital, televisión, radio…) es controlado por un reducidísimo grupo de empresas. Por citar alguna, el Grupo Planeta está detrás de la corporación Atresmedia (que dirige medios como Antena 3 y La Sexta, o la cadena de radio Onda Cero) y uno de los periódicos de tirada nacional más importantes, La Razón, además de multitud de editoriales. Así pues, tanto si compras La Razón, ves Antena 3 o La Sexta, o escuchas la radio Onda Cero, estarás informándote gracias a una sola corporación; el Grupo Planeta. 

Con esto no quiero ponerme paranoico o desarrollar teorías conspiranóicas, pues estoy convencido de que existen en esos medios profesionales con ética pero, seamos honestos, ¿nos informan de todo lo que necesitamos saber? ¿Aún de aquello que vaya en contra de los intereses de Grupo Planeta? El español promedio pasa la indecente cantidad de cuatro horas delante del televisor y consumimos medios que están en manos de un puñado de empresas que anulan por completo el pensamiento crítico. Cogito ergo sum; pienso, luego existo. No pensamos por nosotros mismos y, de acuerdo a la sabia máxima de Descartes (padre del pensamiento moderno), no existimos. Cuando no existe división de los cuatro poderes, y todos están entremezclados en una única casta (perdonen el podemismo) dominante, ¿os sigue pareciendo raro que el muro siga en pie once años después de la aprobación de la ley feminazi? 

Estas son algunas estrategias para seguir manteniendo el tinglado: 

No informar de crímenes de género “inverso”. Si informan (porque es un caso espeluznante y excepcional) es siempre con el matiz edulcorante de un ataque esquizofrénico, brote psicótico o depresión. Informar puntualmente de crímenes de género “convencionales” (lo cual es correcto) pero añadiendo escaso rigor y profundización en el tratamiento de la noticia. No informar de las violaciones cometidas por la Ley Integral de Violencia de Género, ni sus nefasta consecuencias democráticas y legales. Siempre que se habla en los medios de ella se hace como una ley necesaria que nos sitúa a la vanguardia del mundo en materia de lucha contra la violencia de género. No dar voz a testimonios de hombres denunciados en falso, y cuyos derechos universales han sido sistemáticamente pisoteados. No emitir debates o tertulias televisivas hablando de un tema que afecta a miles de hombres y mujeres. Ni siquiera en un espacio de baja audiencia (ya ni siquiera pido un prime time). No cuestionar tan siquiera dicha ley, lo que conduce a una visión dogmática donde no cabe la discusión sobre su validez, justicia o eficacia. Deformar y exagerar situaciones como criminalización del piropo, considerar la depilación como acto machista, culpar de todos los males a un ente abstracto como el “patriarcado”… 

 Y todo eso conduce a una seria de equívocas percepciones que han arraigado en la sociedad. Algunas de ellas, paradójicamente, muy machistas, como: 

La mujer es un ser indefenso que necesita constantemente de protección. Ejercer la violencia siempre es malo, pero si la ejerces contra una mujer es mucho peor. Insensibilización hacia la violencia hembrista. Por ejemplo; hace poco se hizo viral en Facebook un vídeo donde una mujer (que al parecer había descubierto que su marido era infiel) destrozada su vehículo con un bate de beisbol. Sin embargo, ese acto de violencia de género se percibía por muchos como una “simpática” anécdota donde una temperamental mujer hacía “justicia” contra un cerdo desleal. Idealizar a la mujer. Es un ser superior, lleno de virtudes y escasos defectos. Madre no hay más que una. Ir en contra de la idea natural de que la mujer es un heterogéneo conjunto de seres humanos donde cabe todo; inteligentes y estúpidas, generosas y egoístas, sensibles y crueles, maravillosas y despreciables… 









El muro es sólido, pero algunos ladrillos ya se han caído. Somos nosotros. El que escribe y el/la que lee. Somos imperfectos y seguramente estemos equivocados en muchas cuestiones. Pero ya no estamos en ese muro. Sólo hay que esperar, que algunos de nosotros, al caer, consiga desestabilizarlo lo suficiente para que se derrumbe.




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La verdadera historia de la Ley de Violencia de Género que no te han contado. En sólo dos minutos; AQUÍ



miércoles, 13 de mayo de 2015

El bando de la decencia








Os habéis olvidado de algunas mujeres, feministas radicales. No sólo sufren violencia aquellas que viven con sus agresores y tienen relación sentimental con ellos. No sólo mueren aquellas que podéis usar para engrosar vuestras listas macabras. Esas que utilizáis con muy poca decencia cada vez que alguna persona con algo de sentido común intenta haceros razonar. Esa lista que sirve para que algunos políticos redacten y aprueben leyes que criminalizarán a millones de personas que jamás hicieron ni harán daño a una mujer, pero que servirá para que muchos inútiles justifiquen que no lo son, y puedan seguir teniendo un sueldo (y nada modesto, además) a principios de cada mes.
¿Por qué no mencionáis que en España mueren menos mujeres que en Francia o Inglaterra? ¿Qué España no es el Afganistán que parece que estáis empeñadas en hacernos creer? He de concederos vuestro mérito. Lo hacéis muy bien. Hubo un tiempo en que creí que España era un lugar oscuro y atrasado, dónde las mujeres morían en una proporción mucho mayor que en los países verdaderamente civilizados. ¿Los franceses o los ingleses? Seguro que no son tan salvajes como nosotros. Y no hablemos de los finlandeses, el paradigma de la sociedad perfecta. Esos refinados europeos tan avanzados en materia social no pueden tratar a las mujeres como hacemos los españoles. Comprended, entonces, que me quedase como pasta de boniato cuando vi en un informe (que he mencionado ya muchas veces en mi blog) que en España había menos crímenes machistas que en esos países.
Lo hacéis muy bien, feministas radicales, pero ocultáis tanta basura debajo de la alfombra que, en cuanto te cuestionas el dogma impuesto por vosotr@s con fervor fanático y rascas un poquito, se descubre toda la mierda. Mierda cuyo nauseabundo hedor no pueden disimular ni todos los ambipures del mundo. Cuando ves a los medios de comunicación, que parecen más bien mercenarios del poder de turno, sea del signo que sea, descubres el tratamiento que se dan a distintas situaciones. Si la madre asesina a sus hijos se investiga las causas; puede ser que la mujer pasara por una fuerte depresión post-parto, o que sufriera un brote de esquizofrenia, o que hubiese ingerido no sé qué fármacos. Si el hombre asesina a sus hijos es un machista. No ha sido un acto de locura, sino una acción fría y calculada. Si era un esquizofrénico o padecía alguna otra enfermedad psiquiátrica no diagnosticada nunca se sabrá en la mayoría de los casos.
Si una pareja es encontrada muerta en su casa, por supuesto que ha sido el marido quien acabó con la vida de su mujer para luego quitarse de en medio. A los políticos del PSOE o a las asociaciones feministas no les preocupa que, en muchos casos, la policía determine que el hombre tenía signos de violencia que no se corresponden con el de un suicidio. ¿Un asesino que se haya colado en su casa y se haya ventilado a la pareja? Tarde, ya lo hemos incluido en nuestras estadísticas de violencia de género. Por citar dos ejemplos, el caso del padre y su hija hallados muertos en Huelva con signos de violencia, que ya contaba como violencia doméstica cuando la investigación desveló que el padre había sido tan víctima del ataque como su hija. O el caso de Gibraltar, cuando el asesino no resultó ser asesino sino asesina, y la víctima también resultó ser del género equivocado. El hombre es cruel, la mujer es una enferma. El hombre es frío y calculador, la mujer actuó con un impulso irracional.
Pero eso es lo de menos. Luego descubres que el feminismo arremete con inusitada virulencia contra la Guardia Civil porque cometió la desfachatez de comparar la violencia con la violencia, y que un psicólogo no puede ejercer su derecho a la libertad de expresión y acudir a un programa de televisión para hablar de Síndrome de Alienación Parental. ¿El SAP? Eso no está demostrado que exista salvo en el resto de países del mundo. Pero el chollo se os acabará tarde o temprano. No responderéis por ello, por desgracia. No habrá juicio de Núremberg para vosotras, feminazis, pero me contentaré con decir algún día, cuando todo esto haya terminado (que terminará, no lo dudéis) que yo estuve en el bando de la decencia.



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lunes, 11 de mayo de 2015

El código Lorente








Miguel Lorente ocupa el primer puesto de la lista de psiquiatras-forenses más influyentes de Europa y casi diría que de España, según una encuesta realizada por él mismo, refrendada por él y en el que participó su abuela, su hermana y su peña Amigos de la Entomología. Es conocido por su enorme rigor a la hora de contrastar estadísticas y su seriedad profesional. Después de aprobar con regu en casi todas las asignaturas de la facultad, el prestigioso e indispensable Ministerio de la Igualdad vio su potencial y no quiso perder la ocasión de ficharle para que ocupara el cargo de delegado de Gobierno para la violencia de género, puesto que aceptó después de abandonar su trabajo como animador de fiestas infantiles.

Lorente ha acuñado citas tan célebres como "la violencia es una conducta que nace de la decisión libre de una persona que pretende atacar a otra por los motivos más diversos". Dicha frase quedará para siempre en la célebre lista de obviedades innecesarias. En un estado de euforia, decidió inmolar la poca dignidad que le quedaba haciéndole un exhaustivo examen forense a la Sábana Santa. En un tristemente conocido día para la historiografía y el rigor científico, Miguel Lorente declaró (y esto va en serio) que hay indicios de resurrección biológica y que, de hecho (y esto también va en serio), Jesús no murió sino que quedó en estado de coma, del cual despertó al tercer día. Después de leer su informe, me quedé seis horas mirando la puerta de mi casa con la esperanza de ver aparecer a Juan y Medio con un ramo de rosas diciendo que todo había sido una broma de pésimo gusto.

Lo que me extraña es que a Jesús, un judío del siglo I seguido de doce apóstoles y ninguna apóstola, no le haya tachado de machista, o le haya acusado de maltratar a María Magdalena por darle una hostia consagrada, pues es un infatigable defensor de la lucha contra el posmachismo. De hecho, un estudio confirmó que pronuncia la palabra posmachismo cada dieciocho minutos, siendo la expresión más usada por él por detrás de dinero y voy a inventarme esta estadística que nadie se va a dar cuenta. Sin duda, una de las mentes más influyentes de nuestro tiempo.


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sábado, 9 de mayo de 2015

La generación de infelices crónicos







Madres encorajadas, vuestros hijos crecerán algún día, y cuando sean adultos habréis “creado” hombres y mujeres confusos, inseguros, frágiles y asustadizos. Carecerán de autoestima, y eso condicionará todas las relaciones afectivas de su vida. Cada vez que hacéis partícipe a vuestros hijos de vuestras guerras personales con quien fue vuestra pareja, legítimas o no, creáis individuos quebradizos, faltos de empatía, que nunca se sentirán queridos. No entendéis que el amor de madres y padres es el primero que los niños perciben, y el primero que aprenden, y que esas lecciones serán la base de todas sus relaciones futuras; amigos, parejas, sus propios hijos…
Cuando sembráis el odio hacia al padre, vuestro mezquino intelecto no entiende que también ponéis en entredicho el amor que vuestro hijo sentirá hacia ustedes mismas. El niño lo cuestionará, porque entenderá que vuestro cariño no es incondicional, y depende de que ellos desprecien a su padre para obtenerlo. La terrible sensación de no ser queridos por el padre, y queridos por la madre pero con condiciones, será una losa que no mejorará con el paso de los años, sino todo lo contrario.
¿Creéis que eso no tendrá “efectos secundarios”? ¿Qué vuestro forma de “educar” no tendrá consecuencias? Cuando llegue la adolescencia, muchos de esos niños inseguros y asustadizos utilizarán la violencia como válvula de escape. Los vemos cada día en las noticias. ¿Acaso crees que esos muchachos y muchachas que beben hasta perder el conocimiento, que acuden a las inmediaciones de los campos de fútbol para zurrarse con otros, o tienen relaciones sentimentales tóxicas vienen de familias estructuradas, o que llevaron un divorcio maduro y responsable? La mayoría de ellos no tuvieron infancias normales, ni fueron educados por padres normales, y un porcentaje nada despreciable de ellos son monstruos que vosotras, con vuestro egoísmo y malsano rencor, habéis creado.
Y aunque no desarrollen conductas violentas o terminen consumiendo drogas, serán incapaces de desarrollar relaciones afectivas normales con nadie. ¿Cómo puede un adulto querer de forma madura y sana a alguien si, cuando eran pequeños, nunca se sintieron queridos? Los niños a los que hoy sembráis odio serán mañana adultos inseguros, con baja autoestima, escasa madurez para afrontar cualquier tipo de relación afectiva (amistosa o sentimental), poca tolerancia a la frustración, tendrán miedo, no serán buenos padres… En pocas palabras, serán infelices crónicos. Y vosotras os llevaréis todo el mérito.
Y no creáis que no habrá consecuencias para vosotras. La mayoría de ellos no sentirán por ustedes más afectos que el que ustedes le habéis enseñado a que tengan con los demás. No seréis sus admiradas referencias. No sentirán respeto por vosotras. Os acusarán. Os culparán de todo lo malo que les pase, incluso de aquello de lo que no sois responsables. Y tendrán razón. Porque estarán afrontando la vida con las nefastas herramientas que le habéis puesto en sus manos.
Y por vuestra parte, ¿cuál es el amor que sentís por ellos? ¿Podéis querer a un hijo y poner vuestro rencor por encima de su salud y bienestar futuros? ¿El odio que sentís hacía el tipo que os puso los cuernos, o no os apreció en la medida que vosotras creíais que merecíais, es más importante que educar a niños sanos, maduros y emocionalmente fuertes? Vacunamos a los niños para evitar que de adultos padezcan determinadas enfermedades. Pues bien, el afecto, las separaciones responsables y, por supuesto, la custodia compartida, son también vacunas para que los niños eviten que de adultos padezcan otro tipo de enfermedades.




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jueves, 7 de mayo de 2015

El ataque de los clubes de fans asesinos









Voy a estrenar sección en mi blog personal, en el que analizaré a distintas personalidades del fascinante mundo del feminazismo. Como aún estoy muy verde, y antes de meterme en faenas mayores, voy a hacer guantes con unos sparrings que me abordaron el otro día en las peligrosas calles de Twitter.

Todo comenzó cuando defendí públicamente el derecho a la presunción de inocencia del futbolista Rubén Castro. Alguien había dicho que le asqueaba que a un maltratador como él le jalearan sólo por marcar muchos goles. Simplemente le aclaré que Rubén Castro era un acusado, no un maltratador, y que no sería tal hasta que un juez determinara lo contrario. Ese pequeño detalle de la presunción de inocencia que a muchos de ellos/as se les pasa un poco por alto.

Semanas después, y cuando ya ni recordaba aquel tweet, una mujer (presumiblemente) cuyo nombre era Eugenia Lemos Spain (una especie de presidenta de un club de fans de una tal Eugenia Lemos) me indicó que no era acusado, sino imputado. A pesar de ser licenciada en derecho (según ella, por supuesto) no supo apreciar que la imputación es la fase procesal en el que un juez determina si existen pruebas suficientes para sostener una acusación. O sea, que Rubén Castro ni siquiera es acusado, como yo indiqué erróneamente en un principio, sino que se encuentra en una fase anterior del proceso judicial. La letrada me quiso corregir y terminó dándome aún más la razón.

A partir de ahí, dijo que en mi blog se hacía apología del machismo y el nazismo. Entró en una espiral de tweets absurdos dónde me amenazaba con ir derechita al Instituto de la Mujer y denunciarme. En un tweet de su cuenta, pidió a sus seguidores que le desearan suerte para interponer dos denuncias (la otra era para alguien que me había apoyado), pero no debieron desearle mucha suerte, ya que ni siquiera recibió RT o FAV. Rodó una bola de paja de los espaguetis Western.









Pero lo que parecía un día normal en Twitter (insultos, amenazas, denuncias) dio un giro dramáticamente absurdo cuando fui atacado por un amigo de la presidenta del club de fans de Eugenia Lemos, y fue el presidente de un club de fans de Cristiano Ronaldo. Los dos clubes de fans se aliaron para atacarme sin piedad.
El fan de CR dijo ser hijo del policía que atendió la denuncia de la fan de Eugenia Lemos, dejando entrever la posibilidad de que podía saltarse algunos “procedimientos legales” para empapelarme. 










Cuando una amiga tuitera interviene en mi favor, el fan de CR, gran defensor de la mujer, empieza a escribir tweets bastante ofensivos y de carácter sexista hacia ella en particular, y hacia la mujer en general. Tweets que la fan de Eugenia Lemos apoya retuiteándolos. No creo que la p… de ese tweet signifique “pareja”…










El nivel intelectual de ese y otros tweets elevaron el “debate” a un nivel intelectual digno de Bob Esponja, por lo que mi amiga tuitera (muy comprensiblemente) decidió no alimentar más a nuestros simpáticos trolls. La fan de Eugenia Lemos me envió lo que decía ser la prueba de que me había denunciado, y regresó a su cueva.







He aquí una muestra representativa del “feminismo” en este país. Si por este blog me han denunciado, no quiero pensar que harán cuando publique mi libro… Me despido con un mensaje al fan de Cristiano Ronaldo. Ya sabía que tu padre era policía. De hecho, adjunto su imagen a continuación.










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martes, 5 de mayo de 2015

No somos nadie





Es una frase típica en el consuelo de aquellos que han perdido recientemente a alguien, pero bien podríamos interpretarla de manera literal. No somos nadie. Somos insignificantes. Nos hemos adueñado de un planeta en el que habitamos desde hace menos de un millón de años. Si concentrásemos toda la historia de la Tierra, desde su formación hasta nuestros días, nuestra especie, el Homo Sapiens, habría aparecido a las once horas y cincuenta y nueve minutos de la noche del treinta y uno de diciembre. Vamos, cuando están a punto de dar los cuartos de las campanadas. Por hacer una comparación, el Tiranosaurio Rex habitó nuestro mundo alrededor de tres millones de años.
Pero al menos estamos biológicamente más evolucionados… Error. La evolución no está dirigida (lo siento, Creacionistas) así que no persigue un propósito de perfeccionamiento. Decir que estamos más evolucionados que otras especies es algo muy subjetivo. ¿Podéis absorber elementos químicos y procesarlo hasta convertirlo en nutrientes? No, pero las plantas sí. ¿Somos la especie más exitosa a nivel evolutivo? Lamento decir que la población de ratas y ratones nos superan en, aproximadamente, mil millones de individuos. ¿Qué hay de nuestros parientes más próximos? La mayoría de primates se encuentran en peligro de extinción.
Pero al menos, y eso no me lo podéis negar, somos los más inteligentes… De nuevo es una valoración bastante subjetiva. ¿Y qué me dices de la electricidad, las leyes de la física, la comprensión de nuestra propia evolución o la filosofía griega? diréis. Nos gusta beneficiarnos de los grandes inventos y descubrimientos de la humanidad pero, ¿cuándo fue la última vez que inventaste una bombilla de larga duración? ¿Cuántas personas conoces que haya descubierto la vacuna contra el cáncer? ¿Serías capaz de explicarme la Teoría de la Relatividad? Admitámoslo, el ser humano no es el responsable de tales progresos, sino algunos individuos concretos que, no sólo no contaron con la ayuda de los demás, sino que, la mayoría de las veces, sufrieron la abierta hostilidad de sus congéneres. Tales de Mileto, el padre de la filosofía griega, cuna del pensamiento occidental, era tratado como un imbécil por sus vecinos. Darwin sufrió el descrédito y las burlas de los hombres de su tiempo, después de desarrollar su Teoría de la Evolución de las Especies. Sin contar con Galileo, al que casi queman por decir que la Tierra gira alrededor del sol. Y él tuvo suerte, que se retractó a tiempo. Nos colgamos la medallita de otros y solemos decir que desarrollamos la aritmética y descubrimos la Ley de la Gravedad cuando todos esos progresos son méritos de un puñado de personas y, sin embargo, nos desmarcamos de las cosas terribles que sí hacemos como sociedad. Guerras, Inquisición, esclavitud, Holocausto, contaminación global… Eso no es culpa nuestra, es culpa de belicistas, nazis y compañías petroleras, por supuesto.
Pero, ¿valemos algo, aunque sea? Si separásemos los elementos químicos que componen nuestro cuerpo para determinar nuestro “valor”, descubriremos que poseemos materiales como oro, litio o cobalto. Sin embargo, están en trazas ínfimas. Los elementos químicos más comunes de nuestro cuerpo, como el oxígeno, el hidrógeno, el carbono, el calcio o el fósforo no son, precisamente, muy caros. De hecho, se estima que un individuo adulto de unos setenta quilos “costaría” menos de mil doscientos euros (mil ciento ochenta y siete euros, para ser exactos), por lo que, tampoco somos demasiado valiosos, económicamente hablando.
No somos nadie. Lamento desinflar vuestro ego pero el ser humano no es especial, en ningún aspecto. Al no haber otra especie con la capacidad de expresarse con un lenguaje articulado, nos ha tocado la difícil papeleta de auto-definirnos. Y lo hemos hecho francamente mal. Las primeras grandes religiones ya nos definían como pequeños dioses. Las deidades griegas son antropomorfas y el Dios de los hebreos nos hizo a su imagen y semejanza. Luego, un tipo llamado Darwin nos sacó de esa ensoñación, y nos enseñó que sólo éramos animales.


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domingo, 3 de mayo de 2015

Las mercenarias







Hubo una época en que el feminismo libraba una cruzada justa. La lideraban mujeres cultas, que habían estudiado en universidades donde la mayoría de los que impartían y recibían clases eran hombres, y que ejercían profesiones que hasta hacía muy poco tiempo eran también feudo de los hombres. Esas mujeres comprendieron que la única manera en que los políticos las tuvieran en cuenta era consiguiendo el derecho a voto, cuya negación las relegaba a ser ciudadanos de segunda. Cuando los políticos vieran que la otra mitad de la población adulta podía votar, no tardarían en acabar con décadas de invisibilidad política. Las sufragistas, como se le conocieron entonces, deshicieron siglos de injusticias.
Aún quedaba lucha para alcanzar la plena igualdad, pero lo más importante estaba hecho. Sin embargo, conquista tras conquista, se hacía patente una realidad que muchas feministas no quisieron aceptar. A medida que se acercaban a la igualdad, a cada paso que se aproximaban a ella, la existencia de aquel movimiento, justificado y necesario en otros tiempos, se acercaba a su fin. Las feministas eran guerreras, pero la guerra acabó, y un soldado no es útil en tiempos de paz. Las verdaderas feministas vieron con regocijo que la paz había llegado, que igual debían atar algunos cabo sueltos, para apuntalarla y hacerla sólida, pero ya no había guerra.
Sin embargo, como en todas las guerras, hubo quienes no sabían vivir en tiempos de paz. Aquellas guerreras no colgaron los fusiles y decidieron alargar artificialmente aquel conflicto. Inventaron desigualdades que no existían. Mentían sobre datos y estadísticas para justificar que el mundo seguía siendo un lugar hostil para las mujeres, y que ellas, por supuesto, eran su única defensa. Antaño necesarias, se habían convertido en inútiles, y debían hacer creer que la guerra continuaba para que nadie se diera cuenta de ello. Querían hacer creer que el enemigo (el Patriarcado) aún no había sido derrotado, y que por eso debían existir.

Por eso, incluso cuando muchas leyes se hicieron ventajosas para ellas, siguieron mintiendo, haciendo creer a los ingenuos que el enemigo estaba en todas partes. En el trabajo, en el hogar, en el lenguaje, en la televisión… Las feministas de hoy son innecesarias, tóxicas. Crean alarmas inexistentes, espejismos de opresión. Mienten y manipulan con desvergüenza. Consigan lo que consigan, incluso con leyes que opriman al “enemigo”, están eternamente insatisfechas. Cuando vencieron al machismo inventaron un nuevo enemigo; el micromachismo. Cualquier mínima cosa basta para sacar el arsenal y seguir haciendo lo único para lo que valen, crear discordia, dividir, mantener viva una guerra para seguir viviendo del botín.   


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viernes, 1 de mayo de 2015

El sueldo Nescafé







Una de las reivindicaciones más recurrentes del sector feminista de este país es la custodia monoparental impuesta de la madre. Hay quienes tienen el escaso decoro de afirmar que defender la custodia compartida es otra forma de violencia de género. A este paso, estornudar delante de una mujer será susceptible de ser penado en el código actual (tirarse una ventosidad ya lo es en Valencia). Deberíamos preguntarnos por qué una mujer feminista y (se entiende) progresista tiene tanto interés en poseer la custodia de los hijos en lugar de compartir las responsabilidades de la crianza y educación de los mismos con el otro progenitor. ¿Cargar con la mayor parte del peso de la crianza y educación de los hijos es de ser una mujer moderna? ¿No es, más bien, retroceder a otras épocas en que la mujer era la encargada, casi en exclusiva, de dichas responsabilidades? ¿No es más progresista que ambos progenitores se ocupen en proporciones similares de la crianza y educación de los hijos? ¿No es que, quizás, tengan otros intereses ocultos e inconfesables?
Entre las ventajas que una custodia compartida tendría para la mujer está la de disponer de la mitad del tiempo sólo y exclusivamente para ellas. ¿Cuántas mujeres se quejan de que su vida social se ve afectada por la crianza de los hijos? ¿Cuántas madres no tienen oportunidad de promocionar en sus trabajos porque les falta el tiempo y les sobra responsabilidades? Una mujer en régimen de custodia compartida dispondría de quince días al mes para solucionar todos esos problemas; dedicar tiempo a ellas mismas, disponer de vida social o dedicarse a formarse y así obtener más posibilidades de promoción laboral. ¿Por qué se empeñan en arrogarse la pesada carga de la crianza y educación de la progenie? Tal vez podamos responder a esta pregunta haciendo un cálculo matemático.
Una pensión alimenticia normal en este país oscilaría los 200 euros. En teoría, dicha cantidad representa sólo la responsabilidad económica del padre con el hijo, asumiéndose que es la mitad y que, por tanto, el niño gastaría 400 euros al mes. Ahora bien, ¿es cierto que los gastos de un niño se acercan a esa cifra? Hagamos un cálculo a la alza (comprando únicamente productos de las marcas más caras) de lo que “cuesta” criar a un niño, supongamos, de un año y medio:

Pañales Dodot Activity Plus (los más caros), 14,99 euros 48 unidades.
Suponiendo que gastamos 4 pañales al día, necesitaríamos 120 pañales al mes. Nos sobraría con tres paquetes de pañales. Redondeando en 45 euros en pañales.

Supongamos que usamos dos toallitas húmedas de la misma marca por cada cambio de pañal. 240 toallitas que tienen un precio de 10,80 en un supermercado Caprabo.

Calculemos que consume 90 potitos industriales (lo más caros) de carne y pescado al mes. A 0,93 el tarro hablaríamos de unos 84 euros al mes. Sumemos 60 yogures marca Danone (2,99 cuatro unidades), lo que haría menos de 45 euros al mes. Un bote de leche de continuación marca Nestlé no llega a 12 euros y, por 4 euros más, tenemos un caja de cereales. Todo sumaría 145 euros en alimentación.

Si añadimos 40 euros mensuales destinados a ropa, podemos decir que un niño puede ser mantenido (con mucha comodidad) con menos de 190 euros al mes.
¿Dónde acaban los otros 210 euros que un juez asume que gasta la crianza de un niño? Sin contar que la vivienda pasa a manos de quien posee la custodia completa del hijo y otra serie de ventajas económicas. ¿Es más justo luchar por una igualdad económica en el ámbito laboral o luchar por conservar unos privilegios obtenidos sólo por ser mujer? ¿Cómo pueden tener el cinismo de hablar de patriarcado y opresión cuando la ley les avala y convierte el matrimonio y la paternidad en el peor “negocio” del hombre?


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