lunes, 22 de agosto de 2016

La traición del neofeminismo




1953. Marilyn Monroe en portada del PlayBoy



Hubo un tiempo en que en Occidente se consideraba pernicioso la exposición de la piel femenina a los ojos de los hombres. Toda mujer que se preciara de ser decente y honrada debía tener bien oculta sus formas y proporciones. En Estados Unidos, cuna del puritanismo –y también del feminismo de la mal llamada Primera Ola- había señores que recorrían las playas con una cinta métrica para medir el traje de baño de las mujeres para comprobar que se ajustaba a la legalidad. 






De repente, la diseñadora Mary Quant transgrede todas las normas al inventar una prenda revolucionaria; la minifalda. Sus primeras usuarias tuvieron que soportar que se las juzgara con implacabilidad por aquella transgresión de las normal morales que coartaban su libertad. Una mujer que enseñaba su cuerpo era una casquivana, indecente, provocadora, que en muchos casos solía acabar encontrando un final trágico en una cuneta porque, sin duda, se lo había buscado. 






Entonces, Bridget Bardot deslumbró en 1953 las playas de Cannes con un diminuto bikini –para la época- y Rita Hayworth y Ava Gardner la imitaron. La revista Playboy –censurada por el feminismo actual por pertenecer a esa malvada industria que cosifica y sexualiza a la mujer- también contribuyó decisivamente en la normalización de este traje de baño, que ahora usa la amplia mayoría de las mujeres occidentales. 






Oriente Medio también tuvo su cruzada contra las restricciones de vestimenta, aunque la mentalidad fundamentalista de sus pobladores llevó al fanático sector de la moral a ganar aquella “guerra del puritanismo”. Las mujeres iraníes y afganas de los sesenta lucían las mismas minifaldas que las sofisticadas chicas francesas. Luego llegaron los Jomeini, los talibanes, los rígidos observadores de la fe para cubrir con sus hiyab, niqab, chador y burkas a las mujeres. 






¿Y cuál es la reacción del feminismo y la progresía? Defender a ultranza el uso del velo como símbolo de libertad de la mujer para “elegir”, animando incluso a las mujeres occidentales –como hizo ElDiario.es- a bañarse en “burkini” para luchar contra las “reacciones islamófobas” del etnocentrismo europeo. Mujeres españolas conversas, como Laure Quiroga o Amanda Figueras, se ponen el velo y proclaman un “feminismo islamista” o “femislamismo”. Y ese mismo feminismo que asegura que el uso del velo es por completo voluntario dice que el uso de tacones y minifaldas son imposiciones de esa terrible cultura europea. 

Una de las reacciones del neofeminismo imperante ante la cuestión de la prohibición del velo es que obligar a la mujer a mostrar su cuerpo es tan malo y liberticida como obligar a ocultarlo. Una falacia del hombre de paja de manual, pues prohibir el velo no tiene nada que ver con obligar a una mujer a llevar faldas cortas, escotes o vestidos ceñidos. En Occidente, la moda es amplia y toda mujer tiene a su disposición un amplio abanico de posibilidades. Hay mujeres que tapan su cuerpo con camisas de mangas largas de corte masculino que esconden sus formas, o pantalones de tejidos vaporosos que no se ciñen a sus caderas, y nadie cree que sean prendas “opresoras”. La cuestión no es que una mujer decida tapar su cuerpo, sino la razón por la que lo hace. 







¿Cuál es el significado del hiyab? Según la Wikipedia; 

El hiyab (pronunciado usualmente “jiyab”, en árabe: حجاب) es un velo que cubre la cabeza y el pecho, que suelen usarlo las mujeres musulmanas desde la edad de la pubertad, en presencia de varones adultos que no sean de su familia inmediata, como forma de atuendo modesto. […] El Corán advierte a las mujeres musulmanas a vestir modestamente y cubrir sus pechos y genitales. La mayoría de los sistemas jurídicos islámicos definen este tipo de vestimenta modesta como que cubra todo, excepto la cara y las manos en público. […]




El hiyab es visto por ciertos sectores feministas y progres como una prenda escogida voluntariamente por quienes la llevan, sin ningún tipo de presión social de sus respectivas comunidades, sin significación religiosa o ideológica alguna. Algo así como una simple moda o complemento. Ignoran (o quieren ignorar) el significado profundo (y misógino) de esta prenda, que sirve como prueba de modestia y decencia. Es decir, para las comunidades que la usan, el valor de una mujer depende de un trapo de lino o seda. 

Cuando la izquierda y la progresía defienden el uso del velo –o la cuestionable libertad de elección de quienes lo usan- el neofeminismo, en lugar de alienarse con la mujer, se volvió a aliar con los otros. No es la primera traición del neofeminismo hacia la mujer. Tampoco será la última. Hoy, el neofeminismo es Bruto empuñando la daga, Europa es el teatro de Pompeyo, y la mujer vuelve a encarnar el papel de un Julio César apuñalado por la espalda que se gira y dice, con voz quebrada; ¿tú también, hija mía?






lunes, 15 de agosto de 2016

El liberalismo construyó el feminismo y el socialismo lo destruyó





Emma Goldman



Reconozco que es difícil imaginar un feminismo separado de la izquierda o, más aún, opuesto a ella, pero la realidad es que así fue en sus orígenes. El feminismo nació, fundamentalmente, para la consecución de ciertos derechos que les eran negados a la mujer, siendo el principal el derecho a voto. El sufragismo –considerado como la Primera Ola del Feminismo- nace formalmente en la Convención de Seneca Falls, si bien antes ya existían ciertas reivindicaciones con respecto al sufragio femenino. Dicha convención tuvo lugar en Estados Unidos, así como el nacimiento y explosión del movimiento sufragista. Es decir, el feminismo nació en uno de los pocos países del mundo donde nunca ha existido una verdadera izquierda

Emma Goldman, pionera en la lucha por la emancipación femenina y, sin duda, una de las primeras y más importantes sufragistas, militaba en el partido libertario. Entre 1920 y 1922 vivió en la Unión Soviética e, incluso, apoyó a los bolcheviques en la Revolución de Octubre, pero pronto emigró a Canadá y escribió vehementes artículos donde criticaba la represión política, la burocracia leninista y los trabajos forzosos. El título de su escrito fue elocuente; Mi desilusión con Rusia

En España, Clara Campoamor, la mujer que consiguió el voto femenino, era una reconocida liberal, que decía estar alejada del socialismo como lo estaba del fascismo. La posición de los socialistas de entonces con respecto al sufragio femenino no era amigable, precisamente. Victoria Kent votó en contra del derecho al voto de la mujer –y el desmemoriado feminismo actual ha puesto su nombre a más de tres asociaciones de mujeres-. También se opusieron importantes líderes como Margarita Nelken, Roberto Novoa o Indalecio Prieto. Resulta, cuanto menos significativo, que en las primeras elecciones con sufragio universal en este país –celebradas en 1933- dieron la victoria a la derecha. Entre los socialistas de entonces se tenía la noción de que el feminismo era un movimiento burgués que buscaba la división del proletariado para beneficio de los poderosos. 

No es hasta la tardía fecha de 1967 cuando nace el feminismo radical –de la mano de Kate Millet, Shulamith Firestone, Andrea Dworkin y otras- cuando el feminismo da el giro hacia la izquierda. La teoría marxista de clases es adaptada al feminismo, naciendo la perspectiva de género que criminalizará a todo el género masculino alienándolo a una clase de opresores. El enemigo ya no son las instituciones estatales –ahora el feminismo forma parte de ellas- sino todos los hombres, a los que se consideran soldados del patriarcado. 

Y Kate Millet acuña una de las frases más terribles asociada a este nuevo femi-marxismo; lo personal es político. Con esta frase nos querían decir que lo privado no existía, y ya no sólo en el aspecto material (propiedad privada) sino que la misma intimidad familiar y conyugal era una esfera política, lo cual legitimaba al feminismo (y al Estado) a entrar en la vida de cada ciudadano, hasta invadir nuestra propia alcoba.







lunes, 8 de agosto de 2016

10 Razones para desechar la idea de la perspectiva de género




Niños soldados



¿Existen problemas que afectan mayoritariamente a mujeres? Indudablemente sí. ¿Muchos de esos problemas que perjudican mayoritariamente a mujeres les suceden por el hecho de ser mujer? Incuestionablemente sí. ¿Justifica eso la idea de que vivimos en una sociedad en la que un sexo (el masculino) ejerce un dominio sobre el otro sexo (el femenino), como sostiene la perspectiva de género? No. Para ello sería imprescindible que no existieran graves problemas que afectan exclusivamente (o mayormente) a hombres, como los que veremos a continuación (con sus respectivas fuentes).




01 Aprobación de leyes sexistas 

Entre 2003 y 2014 hubo alrededor de 25.000 desapariciones en Guatemala. Se reparten más o menos de manera equitativa por sexos (12.036 hombres y 13.156 mujeres). El Congreso de Guatemala aprobó una ley para buscar sólo las víctimas de sexo femenino. 

Fuente: Artículo de Prensa Libre del 8 de agosto, 2016. Aprobación de Ley causa disputa sexista. 



02 Discriminación institucional 

En Francia está gravemente castigado solicitar una prueba de paternidad (15.000 euros de multa y hasta un año de cárcel).

Fuente: Artículo de International Biosciences; Paternity Testing Ban Upheld in France



03 Desechabilidad masculina 

En Colombia, el varón tiene un compromiso militar con la nación por razón de sexo de la que la mujer está exenta por la misma causa. Hay batidas para obligar al hombre a combatir. 

Fuente: Artículo de elCOLOMBIANO del 11 de marzo, 2014. Ejército continuará con las batidas y dice que son legales

He puesto el ejemplo de Colombia, pero las batidas y los reclutamientos forzosos (y de menores) es común en muchas naciones, como el Congo. 




04 Discriminación penal 

En Rusia, Bielorrusia, Albania y Azerbaiyán sólo al varón se le puede condenar legalmente a cadena perpetua. 

Fuente: Código criminal ruso, Artículo 57. Código criminal bielorruso, Artículo 58. Código criminal albanés, Artículo 31. Código criminal azerbaiyano, Artículo 57,2. 




05 Discriminación penal II 

En Guatemala, Rusia, Bielorrusia y Tajikistán sólo se pueden condenar a muerte a varones. 

Fuente: Código Penal de Guatemala, Artículo 43. Artículo de Cornell Law School, Death Penalty Worldwide




06 Discriminación laboral 

En casi 40 países, la edad de jubilación masculina es superior a la femenina, a pesar de que nuestra esperanza de vida es menor.

Fuente: Retirement age, Wikipedia. 




07 Obligaciones sólo aplicables a los hombres 

En más de 30 países existe prestación de servicio militar obligatorio sólo para varones. En Corea del Sur son arrestados más de 650 hombres por negarse a ir a la “mili”. 

Fuente: Artículo de The Big Story, del 17 de junio, 2014. SKorea jails hundreds for refusing military stints




08 Desde organismos internacionales 

La ONU recomienda penas alternativas a la prisión solo para mujeres. 

Fuente: Resolución 65/229 de Naciones Unidas. UNODC Handbook of Women of Imprisonment, 2nd Edition (p. 103-105).




09 Invisibilización del dolor masculino 

Alrededor del 70% de los civiles muertos en la Guerra de Afganistán fueron hombres. ONU no los menciona en ningún momento. 

Fuente: Naciones Unidas, The UNAMA Protection of Civilians in Armed Conflict Midyear Report 2015




10 No combaten problemas si afectan mayoritariamente a hombres

En España, alrededor del 75% de los suicidios son masculinos. La OMS le recomendó un plan nacional para estudiar el problema que el gobierno ignoró. 

Fuente: Datos de Suicidios del INE. Artículo de ElDiario.es del 8 de agosto, 2015.






miércoles, 3 de agosto de 2016

Custodia monoparental: ¿privilegio u opresión?







La retórica del feminismo actual está basada en la idea de que vivimos en una sociedad estructuralmente machista (el patriarcado) que oprime a la mujer en todos los niveles sociales. Para ajustar la realidad a esa idea se recurre a una estrategia empleada comúnmente por el neofeminismo. 

Cuando la sociedad presenta una ventaja que beneficia a la mujer por razón de su sexo –lo cual entra en conflicto con la idea quintaensencial del patriarcado, según la cual, nada puede favorecer a la mujer por ser mujer- lo que hace el neofeminismo es retorcer la realidad y darle la vuelta. Aquello que beneficia a la mujer pasa a ser, en realidad, el efecto secundario de un privilegio masculino.

Por ejemplo, ante el sistemático reclutamiento forzoso del hombre en la guerra a lo largo de los siglos y la exclusión de la mujer de la prestación de servicio militar –lo que, a todas luces se puede interpretar como una discriminación al varón y un privilegio femenino-, el neofeminismo le da la vuelta y dice que eso es consecuencia del propio machismo. La mujer es excluida de la guerra porque no se la considera válida para tomar las armas y los hombres son llevados al frente a matar y morir por la razón contraria, ergo, eso también es machismo. 

Con la custodia de los menores tras el divorcio sucede más de lo mismo. En la mayor parte del territorio español, la custodia es concedida por defecto a la madre (si ella lo decide). En los casos en los que el divorcio acaba en litigio, las probabilidades de que el padre obtenga la custodia compartida –y no hablemos ya de la custodia paterna- es prácticamente imposible. Si tenemos en cuenta que el uso de la casa conyugal es otorgado al custodio del menor, vemos que existe además una poderosa razón económica detrás. 

Lo que parece a todas luces un privilegio es tratado por el neofeminismo como otra consecuencia del machismo, empleando la misma estrategia que con el ejemplo del reclutamiento forzoso para la guerra. Según la retórica neofeminista, se les concede la custodia porque son vistas como criadoras naturales de la progenie por parte de esta sociedad machista. Resulta curioso que, si de verdad la mujer es sistemáticamente discriminada cuando los jueces le conceden la custodia de los menores tras el divorcio, ¿por qué no se oponen a esa “discriminación”? Es más, ¿por qué algunas asociaciones “feministas” como la Federación de Mujeres Progresistas defienden abiertamente esa forma de “discriminación” institucional hacia la mujer? 

Es decir, las feministas recogen firmas, organizan encuentros, se movilizan y manifiestan contra todas las discriminaciones excepto contra ésta. De hecho, las asociaciones que sí defienden la custodia compartida suelen ser, por lo general, atacadas y vilificadas por éstas. Curioso, ¿verdad?





viernes, 29 de julio de 2016

La responsabilidad de la mujer




Niño Soldado en el Congo





Capítulo 7: La responsabilidad de la mujer






Como hemos visto en el anterior capítulo, existe una voluntad mediática –dirigida por instituciones públicas- para presentar a los homicidas varones como asesinos siempre lúcidos y a las homicidas mujeres como enfermas mentales incapaces de responder por sus actos –y eso cuando se informa, que no siempre es el caso-. Pero esta tendenciosa política de mostrar la información no sólo se da en la violencia en el ámbito doméstico, sino en la violencia en general. El hombre es presentado siempre como el sujeto activo de la violencia, el emisor. La mujer, por el contrario, siempre representa -para los medios- un papel pasivo, receptor de la violencia. 

Un vergonzoso y sexista artículo de José Ignacio Torreblanca en El País seguía y apuntalaba esta maniquea tendencia de criminalizar al varón y excluir a la mujer de toda violencia. Su título era elocuente; El varón, arma de destrucción masiva. En este artículo lanza una implacable andanada de afirmaciones misándricas tales como podemos prohibir las bombas, pero detrás siempre hay un hombre o los varones son el mayor arma de destrucción masiva que ha visto la historia de la humanidad, y hay unos 3.500 millones de ellos por ahí sueltos. El grado de deshumanización del lamentable texto es inadmisible. Para José Ignacio Torreblanca, el varón ni siquiera merece la consideración de ser humano, sino de arma, y además están “por ahí sueltos”

Para probar que lo que dice es cierto, pone el ejemplo clásico de la guerra. La guerra es históricamente masculina. Casi todos los combatientes son varones –también lo son las víctimas, tanto militares como civiles, de la inmensa mayoría de los conflictos, pero ese detalle consideró obviarlo en su sexista artículo-. También parece obviar que la mayoría de quienes han luchado, muerto y matado, en todas las guerras lo ha hecho sin haber tenido elección alguna sobre su fatal destino. Ya sea mediante levas forzosas o presiones sociales, al hombre se le ha empujado sistemáticamente a la guerra, lo que hace que el dedo acusador de Torreblanca –y de todos los que acuden a este manido argumento- sea aún más reprobable, pues acusan de violentos a quienes han sido obligados a ejercer violencia. 

No creo necesario detenerme en el reclutamiento forzoso de hombres para la guerra, hecho bien conocido por todos. Podríamos mencionar, por poner un ejemplo, que durante el Imperio Romano el servicio militar afectaba a todos los varones de entre 17 y 60 años -lo cual, teniendo en cuenta la esperanza de vida de entonces, era como decir que tu compromiso con el ejército era de por vida-. Podríamos mencionar también los reclutamientos forzosos de hombres y niños varones en Colombia o el Congo, en la actualidad, o el servicio militar obligatorio que sigue vigente en más de treinta países, incluyendo naciones prósperas del Primer Mundo como Alemania, Dinamarca o Corea del Sur –donde existen severas penas de cárcel para los desertores-. Aunque hay otras formas más sutiles de asegurar que el hombre vaya a la guerra, y que involucra directamente a la mujer. 

Señalar la responsabilidad de la mujer en la guerra no debería ser considerado machista. De hecho, lo verdaderamente machista sería seguir negando la influencia femenina en la guerra, y continuar presentándola como un sujeto pasivo “a la que le pasan cosas” sin tener ellas ninguna responsabilidad. De hecho, el papel de la mujer como instigadora es un hecho ampliamente estudiado por el profesor Goldstein en su libro War and gender. En él recoge algunas de las estrategias sociales usadas por mujeres de todo el mundo, de todas las culturas y de todas las épocas, para azuzar a los hombres a la guerra. 

En la tribu amerindia de los apaches, las mujeres recibían a los guerreros triunfantes con canciones y agasajos, pero cuando éstos guerreros venían con la cabeza gacha después de una derrota, sufrían los insultos y la mofa de sus mujeres, y éstas se alejaban de ellos fingiendo indiferencia. Al otro lado del océano, en Sudáfrica, las mujeres zulúes de quienes se negaban a ir a la guerra se desnudaban en público como acto de humillación a sus esposos. En Kenia, las mujeres kikuyu gritaban a quienes no habían participado en la Rebelión Mau Mau diciendo “¡tomen mis vestidos y denme sus pantalones!”. Antes de que podamos pensar que este tipo de actitudes son propias de culturas primitivas y no se dan en países occidentales veremos que también se dan en lugares como Chile, Estados Unidos o nuestro propio país. 

En España, durante la Guerra Civil –o quizás en su preludio- hubo movilizaciones femeninas que eran verdaderas medidas de presión para forzar la participación de los hombres en la guerra que comenzaba. Mujeres que portaban grandes carteles que rezaban “preferimos ser viudas de héroes que esposa de cobardes”. Por supuesto, no ir a la guerra suponía ganarte la consideración de cobarde por las mujeres de tu entorno, pero quienes azuzaban a sus hombres, claro está, no iban al frente a matar y morir. La inclinación a pensar que esa instigación de los hombres a luchar por ellas se deba a que no se les permitía a las mismas mujeres ir al frente puede ser muy tentadora, pero se desmorona cuando conocemos las manifestaciones en las que pedían ¡los hombres al frente, las mujeres en las fábricas! No parecía que la idea de ir a la guerra fuese muy seductora para la mujer, precisamente, así que podemos dudar que consideraran su exclusión de ella como un trato discriminatorio. No debemos culparlas, no obstante, pues ir a la guerra tampoco era el sueño de la inmensa mayoría de hombres que eran forzados a empuñar las armas. 









En el golpe militar de Chile de 1973, las mujeres arrojaban maíz sobre los hombres que no querían ir al frente, llamándolos gallinas. En Estados Unidos hubo un caso particularmente oportuno para ser mencionado, pues no involucra a la mujer en general sino a colectivos feministas en particular. Cuando en 2010 se abrió el debate en Estados Unidos sobre la conveniencia de replegar las tropas que ocupaban Afganistán, la revista Time publicó una impactante foto en portada de una joven afgana a la que los talibanes le habían cercenado la nariz. La revista lanzaba la pregunta what happens if we leave Afghanistan? (¿qué ocurre si dejamos Afganistán?). Es decir, trataban de convencernos de que si los soldados estadounidenses (inmensa mayoría varones) abandonaban el país oriental, las mujeres volverían a ser brutalmente atacadas como la chica de la portada. 






La organización feminista estadounidense Feminist Majority Foundation coincidió con la idea del artículo del Times. Hay que salvar a las mujeres afganas… sacrificando para ello a hombres. El 97,6% de los soldados estadounidenses muertos en las guerras en Oriente Medio fueron varones, por lo que podemos decir que diversas asociaciones feministas apoyaron el envío de centenares de hombres a la muerte para proteger a la mujer, al tiempo que los llaman violentos por hacer la guerra y sostienen que las oprimen… Todo correcto, claro. 

Resulta además muy curioso que, artículos como el ya mencionado de El País, en el que criminaliza al varón no sufra la censura del sexo presuntamente dominante. Torreblanca, y muchos otros, no sufren ninguna consecuencia adversa por publicar cosas como las arriba expuestas. No son expulsados de las universidades donde trabajan, ni enviados a prisión, ni tienen que salir a la calle con escolta por temor a ser agredidos. Para oprimir durante milenios, parece que seguimos muy verdes en el oficio.



  • Artículo de El País del 25 de enero, 2014. El varón, arma de destrucción masiva.
  • War and gender, de Goldstein.
  • Artículo del Times del 9 de agosto, 2010. Afgan women and the return of the Taliban.
  • Artículo de Sonali Kolhatkar y Mariam Rawi del 7 de julio, 2009. Why is a leading feminist organization lending its name to support escalation in Afghanistan?
  • Datos de ProCon.Org sobre bajas estadounidenses en la guerra. 





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lunes, 25 de julio de 2016

Carta a feminista radical




Pintada feminista 




Me dices que tengo que deconstruirme. Que si quiero limpiarme del pecado del machismo (porque lo tengo, por el mero hecho de nacer) tengo que aceptar el feminismo, callar y escuchar en respetuoso silencio a la feminista que tengo delante de mí. Pues tengo una mala noticia que darte. Escucho a quien me da la gana escuchar (tal vez en unos años no pueda decir lo mismo, pero hoy todavía soy libre). Esa libertad que tanto parece molestarte me otorga el derecho de no escucharte si no me apetece hacerlo. Así que si decido escucharte (o leerte) será porque me sale de las gónadas hacerlo, no porque tú me lo pidas (y mucho menos, me lo exijas). Así que nunca pierdas de vista esto. 

Sin embargo, me gusta debatir, enfrentar mis ideas con las de otros y ponderarlas, de manera que es muy probable que no tenga inconveniente en escucharte. Sin embargo no esperes que mi atención sea incondicional. Te escucharía respetando tu turno de palabra pero luego tú tendrías que escuchar mi réplica con el mismo respeto. Si no te gusta esta condición que impongo (y que no es negociable), ni te molestes en darme tu opinión sobre ningún asunto. No me interesa. 

Si por el contrario aceptas esta condición e iniciamos un debate no utilices la expresión mansplaining cuando yo esté argumentando. Sólo es otra palabra censora con la que queréis evitar que os refuten vuestros argumentos. ¿Recuerdas lo que dije antes de que soy un hombre libre? Pues eso, que yo explico lo que a mí me salga de la campana y su badajo, y si no te gusta eres libre de interrumpir el debate y marcharte en cualquier momento. Esgrimir el mansplaining dice mucho de quien lo emplea. Es una manera sucia de coartar los argumentos del oponente, reconociendo ser inferior a él. 

Tampoco me vale que digas que no puedo darte lecciones de feminismo porque soy un hombre y tú una mujer. Como si los cromosomas de cada uno influyeran en la capacidad para entender un determinado tema, ¿no erais vosotras las que decíais que las diferencias entre nosotros son únicamente socioculturales? Decir que no puedo saber tanto de feminismo por ser hombre es tan sexista como decir que una mujer no puede saber tanto de mecánica por ser mujer. No, conocer un tema es el resultado de leer sobre él y de la capacidad de cada cuál para entender sobre lo que lee. Punto.

Y si se trata de un debate serio, es importante que cuando hagas una afirmación, y yo te pida que me la demuestres, lo hagas. No porque yo tenga autoridad sobre ti o nada parecido. Sencillamente porque es lo lógico. El que hace una afirmación es el que está obligado a demostrarla. De lo contrario estarías cayendo en una falacia conocida como elusión de la carga. No, yo no estoy obligado a demostrar que lo que dices es falso, sino tú la que estás obligada a probar que lo que sostienes es cierto. Así que cuando te pida pruebas no me digas búscalo tú o yo no soy maestra de nadie.

Eso es todo lo que tengo que decirte, por ahora. Si no te gusta lo que has leído tú también eres libre de ignorar esta carta o aceptar lo que digo y debatir como personas civilizadas.









viernes, 22 de julio de 2016

Argumentos falaces II



Aristóteles, padre de la lógica.


Continuamos exponiendo y analizando argumentos habitualmente esgrimidos por el neofeminismo, y que son objetivamente falaces, según las leyes de la lógica. 



Existe el patriarcado porque a mi amiga la acosaron por la calle, a mi vecina le siguieron una noche y a mí me dijeron cosas en el metro. 
Este argumento falaz es conocido como evidencia anecdótica (o prueba anecdótica). Consiste en enumerar una serie de anécdotas personales y extraer una conclusión generalizada de ella. Podemos ver otra variante del mismo argumento. 




En las guerras la mujer son las principales víctimas, pues a menudo son violadas, como relató esta chica ugandesa en un artículo. 
Poner ejemplos concretos, por muy numerosos que sean, no pueden aceptarse para extraer generalidades. En el primer ejemplo, además, nos encontramos con el problema de que son anécdota de incontrastable naturaleza. ¿Cómo puedo saber si es verdad lo que le pasó a tu amiga o a tu vecina? Las anécdotas personales no pueden tenerse en cuenta en un debate porque, además de no poderse demostrar, no indican un patrón o generalidad. 

Con respecto al segundo ejemplo; el relato de la chica ugandesa puede ser terrible, pero esgrimirlo como argumento en apelar a las emociones, no a la razón. Si quieres demostrar algo en un debate serio debes recurrir a estadísticas. Pero claro, a veces las estadísticas no nos respaldan. 



¿Dices que hay denuncias falsas? ¿Insinúas que las mujeres mienten y no sufren maltrato? 

Esta común argumentación corresponde a una de las falacias más usadas; el hombre de paja. Consiste en deformar la argumentación del oponente mediante la burla o la exageración. En este caso es evidente que decir que hay denuncias falsas no implica, en ningún caso, que no haya muchas mujeres que sufren violencia doméstica y que denuncian justamente. 



Si decimos que hay muchas denuncias falsas, las mujeres tendrán miedo de denunciar porque no las creerán. 

Esta falacia es conocida como ad Consequentiam; consiste en decir que algo conducirá a una consecuencia que no está demostrada, y aunque lo estuviera, no quita que lo que se ha dicho no sea cierto.








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